2:13 ~ Ya Me Has Dejado Entrar

Capítulo 1 – El golpe en la puerta

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Maya no era el tipo de persona por la que la gente se preocupaba.

Tenía una vida que avanzaba. No perfecta, pero llena. Las mañanas siempre eran apresuradas, el cabello a medio hacer, café en una mano y el teléfono en la otra mientras intentaba no perder su transporte. Las noches eran más ruidosas. Música sonando mientras cocinaba. Llamadas interminables con su mejor amiga que se estiraban durante horas. A veces se reía tanto que tenía que sentarse en el suelo solo para poder respirar.

Sus vecinos la conocían como “la chica alegre del 3B”. Siempre saludando. Siempre sonriendo. De esas que saludan incluso cuando están cansadas.

Y casi siempre estaba cansada. El trabajo la drenaba, la vida la presionaba un poco, pero aun así seguía. Seguía apareciendo. Seguía manteniendo la luz encendida.

Eso fue antes de que comenzaran los golpes.

La primera noche no le dio importancia.

Llegaron suaves. Casi educados.

Toc. Toc. Toc.

Maya estaba en la cama, mirando su teléfono, medio dormida. Frunció ella ceño y miró la hora.

2:13 a. m.

“¿Quién está tocando a esta hora…?” murmuró, incorporándose con pereza.

Abrió la puerta.

Nada.

Ella pasillo estaba vacío. Silencioso. Solo aquella luz parpadeante al fondo haciendo lo de siempre.

Se quedó allí unos segundos, con los brazos cruzados.

“Tal vez se equivocaron de puerta”, se dijo a sí misma y volvió a entrar.

La segunda noche, lo mismo.

Toc. Toc. Toc.

2:13 a. m.

Esta vez no se apresuró. Solo se sentó lentamente, escuchando.

“En serio…” susurró, ahora molesta.

Abrió la puerta otra vez.

Nada.

Pero esta vez… ella aire era distinto.

Más frío.

Como si alguien hubiera estado parado justo ahí.

Se frotó los brazos y cerró la puerta rápido.

“Ok… no es gracioso”, dijo, aunque no había nadie para escucharla.

Para la tercera noche, ya le estaba molestando de verdad.

Se mantuvo despierta a propósito. Luces encendidas. La televisión en bajo volumen solo para que el silencio no la tragara.

Seguía mirando la hora.

2:11… 2:12…

Entonces—

Toc. Toc. Toc.

Su cuerpo se quedó quieto.

No se movió de inmediato. Solo miró la puerta como si pudiera moverse sola.

“¿Quién es?” preguntó, con una voz menos firme de lo que quería.

No hubo respuesta.

Esta vez caminó más lento. Pasos cuidadosos.

La mano sobre la manija.

Abrió la puerta.

Nada otra vez.

Pero ya lo sabía… ya sabía que algo estaba mal.

Porque esta vez lo escuchó.

Una respiración.

No desde afuera.

Sino justo detrás de ella.

Maya se giró tan rápido que el corazón casi se le detuvo.

Nada.

La habitación estaba vacía. Igual que siempre.

Pero su pecho subía demasiado rápido ahora. Sus manos temblaban un poco.

Cerró la puerta y le puso seguro.

La cuarta noche no la abrió.

No pudo.

Solo se quedó sentada en su cama, las rodillas recogidas, mirando la puerta como si la estuviera mirando a ella.

Esperando.

Llegó las 2:13 a. m.

Exacto, como siempre.

Toc. Toc. Toc.

La garganta se le secó.

Ella sonido ahora se sentía más cerca. No como alguien tocando desde afuera… sino como si estuviera dentro de la madera.

Tragó saliva con dificultad.

“Vete…” susurró.

Silencio.

Por un momento pensó que tal vez había terminado.

Entonces—

Una voz.

Suave. Dulce. Demasiado cerca.

“Déjame entrar…”

Maya se quedó congelada.

Sus ojos subieron lentamente hacia el espejo del otro lado del cuarto.

Y la sangre se le heló.

Porque los labios en el espejo… se habían movido.

Otra vez la voz.

Más clara ahora.

“Hace frío afuera…”

Maya no podía respirar.

Esa voz…

Era la suya.



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En el texto hay: horror, supernatural, possession

Editado: 22.04.2026

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