23 Historias Cortas de Terror

Secreto de monjas

El sol comenzaba a ocultarse y esa tenue luz naranja entraba por la ventana llenando el aula de clase, un atardecer perfecto sin duda alguna hasta que el sonido de una de las sillas arrastrándose por el piso rompió el silencio, era Paula quien se levantó de su asiento para acercarse al mío.

— ¿Ya estás listo? – susurró Paula en un tono suave, pero firme colocando su mano sobre mi hombro, volteé a verla con un lento movimiento de mi cuello, ella sonreía tan hermosa como siempre me ha encantado.

— Vamos, Ian debe estar esperándonos al pie de las escaleras del segundo piso — agregué mientras me levantaba de la silla, salimos del aula sin romper el silencio que nos regalaba aquella institución que por la hora se encontraba vacía.

Atravesamos el pasillo y bajamos las escaleras, puesto que nos encontrábamos en el tercer piso, efectivamente al bajar las escaleras se encontraba Ian quien nos esperaba desde hacía veinte minutos o al menos eso fue lo que afirmó.

— ¿chicos, realmente haremos esto? — murmuró Paula entre dientes, se encontraba algo nerviosa y temblaba un poco, pues ella temía de los rumores que corrían por los pasillos, esos rumores de que las hermanas en realidad eran demonios y que se escondían bajo la escuela. Pero después de todo, fue la misma Paula quien nos convocó para investigar dicho rumor.

Ian alzó su mirada hacia Paula y se encogió de hombros, por otra parte, a mí ya me comenzaba a aburrir el hecho de estar allí parados sin hacer nada, si esto iba a hacerse mejor que se hiciese rápido, así que comencé a bajar las escaleras hacia el primer piso, el salón principal y posteriormente el sótano, ellos me siguieron sin dudar, puesto que, aunque no lo admitiese Ian también estaba asustado.

Al terminar la escalera que conduce al sótano una gran reja de hierro era lo único que nos separaba de nuestra aventura, por suerte Ian sabía forzar cerraduras, tomó su mochila y de ella extrajo una pequeña caja con herramientas de cerrajero, saco una pequeña pinza la cual utilizó para abrir la reja sin problema alguno, entramos y sorpresa, sorpresa, no había nada más que telarañas y humedad.

Estábamos a punto de volver e irnos a casa, pero escuché un leve murmullo, un murmullo tan débil que era casi inaudible. — ¡esperen chicos! — exclamé, creo que escuché algo por allá, señalé al pasillo que llevaba a un muro de concreto sólido. Quizás haya una pared falsa como en las películas, pensé, aunque aun así fuimos a investigar.

Llegué al final del pasillo y comencé a golpear el muro para comprobar si había o no una pared falsa, pero para mi decepción no era así.

Dimos vuelta para irnos, cuando de repente Paula tropezó con lo que parecía ser una pieza sobresaliente de tubería, ella se agachó para ver si su pie estaba bien y fue así como descubrimos que lo que parecía una pequeña tubería era en realidad la manilla de una escotilla, Ian y yo levantamos la tapa de la escotilla la cual nos reveló unas escaleras hacia lo que parecía ser un sub-sótano.

Ian fue el primero en bajar, luego fue Paula y por último yo, bajamos con cautela pues no sabíamos lo que allí encontraríamos.

Un largo pasillo alumbrado pobremente nos esperaba, lleno de telarañas, moho y un putrefacto olor, había dos caminos, pero decidimos ir hacia adelante, una vez atravesamos aquel pasillo nos encontramos con una puerta la cual poseía una pequeña ventana con cristal que dejaba ver el interior, decidí asomarme en aquella ventanilla y pude notar que esa habitación era distinta, estaba totalmente impecable, era como si la mantuviesen en constante cuidado, en ella pude divisar un escritorio de madera cubierto con un mantel blanco, era el blanco más puro que hubiese visto jamás y encima del mismo una computadora portátil y una biblia.

— Chicos mirad esto. — susurré en voz baja, Paula e Ian se acercaron y detallaron la habitación cuando de pronto el sonido de la escotilla abriéndose hizo que intentáramos abrir aquella puerta para ocultarnos, por el miedo a ser descubiertos y la falta de tiempo Ian no pudo abrir la puerta, así que decidimos correr hacia el lado contrario.

Nos encontramos con un muro no tan alto el cual decidimos saltar para observar quien había abierto la escotilla, unos pies se asomaron por el agujero de la escotilla, pies que le pertenecían a la hermana Concepción, la cual venía acompañada por la madre Esperanza, ellas entraron a la habitación sin mirar atrás.

Creímos estar a salvo, pero un quejido agonizante se hizo presente logrando que los bellos de nuestros cuerpos se erizaran, Paula no pudo evitar gritar, lo cual advirtió a las hermanas de nuestra ubicación.

Cinco hermanas aparecieron frente a nosotros y nos cubrieron los rostros, llevándonos a ciegas a un lugar desconocido dentro de aquel sub-sótano, al descubrirnos los ojos nos encontrábamos los tres en una especie de mazmorra, atados de manos y pies con grilletes, creímos estar solos, pero de nuevo escuchamos aquel quejido escalofriante y desesperado.

Volvimos la mirada al lugar de donde provenía el sonido y pudimos ver como una alumna que se creía desaparecida hacía meses atrás estaba siendo desollada viva por una de las monjas, Paula no soportó aquella escena y se vino en vómito para luego desmayarse.

Ian le abrazó, pero la felicidad de tener a Paula entre sus brazos no le duraría mucho, pues la hermana Concepción se llevaría a Ian para quemar sus manos con un crucifijo de hierro, el cual había sido calentado hasta quedar al rojo vivo, los gritos de Ian ahogaban los gemidos y sollozos de Laura (ese era el nombre de la chica que estaban desollando justo a un lado de nosotros).




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