23 Historias Cortas de Terror

La familia es lo primero

El teléfono sonó rompiendo abruptamente el silencio de la madrugada, abrí los ojos aún somnolienta y tomé el celular respondiendo a esa llamada, aunque en retrospectiva no fue la mejor decisión.

— Samantha la abuela acaba de morir—. Fue lo que pude escuchar antes de romper en llanto, me levanté de la cama rápidamente sin siquiera darme cuenta de que dejé el celular en la cama, abrí closet, me puse el primer pantalón y blusa que encontré para poder salir de casa.

Tardé cuarenta minutos en llegar a casa de la abuela, fui la última en llegar y todos me miraban con cierta decepción, supongo que nunca fui la favorita de la abuela, pero vaya que la quería.

Pasados cuatro días y habiendo hecho ya enterrado a la abuela nos llamaron al despacho del abogado para la lectura del testamento, llegue y como de costumbre me miraban con desprecio, tan pronto el abogado entró al despacho un silencio cubrió el salón, se sentó frente a su escritorio y sacó un papel el cual comenzó a leer.

—Mi amada familia sé que les duele mi partida, pero supongo que lo inevitable siempre llega, a mi hijo Wally le dejo mi Cadillac, a mi hermosa Camila mis pendientes de diamantes…— así pasaron un par de minutos y al llegar al final de la lectura el abogado hizo una pausa, respiró profundo y dejó escapar un leve suspiro para luego leer la nota al pie de la hoja— Finalmente la casa será heredada por Samantha…

Al terminar de pronunciar mi nombre las luces se apagaron las luces por un segundo y al encenderse nuevamente el abogado yacía en su escritorio con un abrecartas atravesando su ojo izquierdo, un grito desgarrador se hizo audible y todos se alteraron, comenzaron a señalarse y el primo Carlos empujó a mi madre y todos se empujaban entre sí, en eso mi cara fue salpicada con sangre, alguien me había herido, al ver mi blusa manchada de rojo carmesí algo en mí cambió, hice tronar mi cuello y tomé la mano de Marvin, mi hermano menor, acercándolo a mí y torciendo su cuello.

Me miraban horrorizados y mis tíos se abalanzaron para sujetarme, pero pude esquivarlos, alcancé a retirar el abrecartas del ojo del abogado y con un movimiento rápido cortar el cuello de uno de mis tíos, volví la mirada al grupo ladeando la cabeza dejándoles ver mi gran sonrisa de satisfacción.

Mi madre lloraba desesperada y se acercó intentando calmarme, pero al estar suficientemente cerca torcí su brazo y amenacé con romperlo si alguien intentaba hacerse el héroe, lamí lentamente su mejilla sazonada con el jugo de sus lágrimas y rompí su brazo, el grito de dolor fue tan excitante, que hizo que me humedeciera un poco, luego solo enterré en su columna el abrecartas girándolo dentro de ella, lleve mis dedos empapados de sangre directo a mi boca y los relamí con gran gusto.

Tras acabar con todos redacté un nuevo testamento y lo imprimí, tomé el sello del despacho, unté con tinta el pulgar del abogado y estampé su huella al pie de página y salí tranquila al baño, al llegar me lavé las manos y enjuagué la cara, en ese instante me vi en el espejo y mi reflejo comenzó a deformarse, dejándome ver la realidad, la imagen de mi abuelita se hacía presente a un costado y me susurraba al oído — bien hecho cariño, ahora solo debes salir de aquí y disfrutar todo lo que esos malnacidos hipócritas pretendían arrebatarte —.

Al principio dije que fue un error responder a la llamada, ciertamente lo fue, pensándolo mejor sentada aquí en la sala de estar de mi nueva casa, debí seguir durmiendo tranquila, después de todo estaba consiente que el veneno que le di a la maldita vieja esa haría efecto como a esa hora.
JAJAJAJAJA.




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