23 segundos

I

12:01am
Presente

Día 1375 del año 2053. Allí estaba ella, llevaba varios días sin comer o dormir bien. Se la pasaba día y noche intentando reparar la máquina, pero con el pasar del tiempo perdía toda esperanza. Cuando era más niña su padre solía decirle que esa era la que no debía faltar, aquella esperanza que en ella estaba flaqueando justo ahora. La frustración se asomaba con cada intento en el cual fallaba. Su ira, medio irritante, la hacía torpe o lenta, y más propensa a no conseguir un buen resultado. Pero debía arreglar la máquina, tenía que hacerlo. Era lo único que le quedaba de ella. 


7:50am
Antes del salto:

Ayla estaba obsesionada con la tecnología. Le apasionaba todo lo que fuera innovación y desde que descubrió que era buena en eso día a día creaba cosas pequeñas que le ayudaban en su vida. Ella misma creó a Frank su robot amigo, el cual fue el intento número 5, él que ya tenía todo lo que en los otros había fallado. Pero en lo que estaba trabajando ahora era mucho más ambicioso. 

  • ¿Qué tiene de bueno viajar en el tiempo? 
  • Lo tiene todo. Podríamos ir a donde quisiéramos, y conocer la historia con nuestros propios ojos. – Respondió Ayla. – Además, si te pones a pensar podrías ser luego tú la que cuentes esa historia. Solo que ya también seria nuestra historia. 
  • He visto muchas películas en las que algo sale mal, ¿no le temes a eso?  - Preguntó Dánae.
  • Las películas son eso, películas. En nuestra realidad, y con esta mujer tan perfecta que tienes al lado seguro nada malo sucederá. – Le dio un beso en la frente. – Debo ir a trabajar. ¿Me acercas? 
  • Claro, porque la señorita es buena con la tecnología, pero no conduce autos. 
  • Tú sabes, nena, prioridades. 

Recogieron sus cosas y salieron tomadas de la mano cada una directo a su trabajo. Ayla trabajaba para una empresa de seguridad, era la técnica encargada del circuito de cámaras, seguridad y energía del distrito 23. Su trabajo le daba mucho tiempo libre, ya qué era poner un par de comandos por aquí y otro par por allá. Casi todo en el distrito funcionaba con energía, las armas, los autos, edificios, cárceles, todo. Lo único que se movía sin electricidad eran los humanos. Excluyendo a los “superhumanos” como ella les llamaba, o por su verdadero nombre los ULTRA. 

Los “ultra” eran humanos, pero también eran robots. Se dice que el primer ultra que llegó al distrito fue un exmilitar que perdió un brazo y una pierna en combate por culpa de una bomba. Entre médicos y científicos intentaron reparar el daño y lo que consiguieron fue ponerle partes de robot. Con el pasar del tiempo ellos quisieron más y más, así que pagaban mucho dinero a personas de otros distritos para hacer parte del “avance” pero ninguno de ellos volvía a ser el mismo después del procedimiento.  

Por otro lado, Dánae era historiadora. Trabajaba pasando archivos de libros físicos que ya nadie usaba para dejarlos en archivos digitales. Le pagaban bien ya qué hacía el trabajo que nadie quería y el cuál ella disfrutaba. 

Ayla y Dánae se conocieron en una noche de copas. Ambas fueron con más amigas que terminaron en brazos y labios de desconocidos mientras ellas cuidaban los bolsos de las otras. Por alguna extraña razón de la vida se levantaron a buscar una bebida a la vez, y en la barra la conversación inició con un: “Esa bebida es muy gay de tu parte” eso fue cinco años antes. 

12:39am
Presente: 

  • ¿Tienes idea de cuánto llevas en esto? 
  • No sé, y no me importa. Debo arreglarlo. 
  • Sé que solo soy un robot, pero hay algo que no entiendo. ¿Por qué lo único que se fracturó fue la vida con ella? ¿Cuándo me dirás que sucedió allá?
  • En este momento no será, Frank. 

Hubo un momento de silencio mientras ella movía unas pequeñas piezas que no encajaban en ningún lugar. La maquina se veía muy diferente a su forma inicial ya que muchos de los repuestos habían explotado, desaparecido, e incluso perdido después del salto.

  • Pero si no sabes qué salió mal, ¿cómo sabes que si la recuperarás?
  • Eso no lo sé, pero es lo que más anhelo. Nunca debí encender la máquina. Hubiera sido más fácil quedarme y aceptar las consecuencias, como ella había dicho, y con ella. 
  • Seguro ambas estarían muertas. 
  • Gracias, Frank, ¡qué amable!
  • Es la verdad, solo digo las cosas como son. Los ULTRA vinieron por ustedes, ahí no había escapatoria. 
  • Frank, fácilmente puedo desconectarte, ¿lo sabes?
  • Tu vida sería más infeliz de lo que ya es. Solo me tienes a mí. ¡Y qué curioso!

8:10 am
Antes del salto: 

La mañana transcurría normal. Las personas iban y venían en sus coches eléctricos, conversaban a través de sus teléfonos, manillas, o audífonos. El trafico apestaba como siempre, pero se hacía lo que podía. En el distrito 23 todos tenían una función. Todos debían ser puntuales. Todos debían cumplir con su responsabilidad, no se podían equivocar, ya que, si no lo hacían, serían castigados terriblemente. 

En esa mañana Ayla cometió una equivocación. 

 

8:26am
Antes del salto: 

Una mañana llena de equivocaciones, así fue. Pero ¿Cómo lo iba a saber? Fue egoísta, sí, también llegó tarde, pero todo fue por quedarse dándole un beso y un abrazo a su chica. ¿Acaso eso era tan malo? Puede que no lo fuera en cualquier otro día, pero esa mañana, ese día, fue lo más grande que pudo cometer. 




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