24 horas antes de mi partida

24 horas antes de mi partida.

La mañana despertó envuelta en un cielo gris, de esos que él siempre amaba, donde cada gota de lluvia parecía un susurro del pasado. Antes de salir, se dirigió al baño, dejando que el agua caliente lo envolviera, como si cada gota borrara un poco de la carga que llevaba. Se miró en el espejo, notando su piel clara y su cabello oscuro y rizado, atractivo, pero siempre envuelto en una soledad casi invisible. Aquella mañana, después de vestirse con cuidado, salió al pasillo del edificio, y cada paso era un eco de las decisiones que lo habían traído hasta aquí. Pero en su muñeca, justo donde la camisa se rozaba con la piel, brillaba un tatuaje que siempre lo acompañaba: los números 2050. Era un detalle que le regaló la persona más importante de su vida, un símbolo de un futuro que ambos habían imaginado. Esa persona, que ahora vivía en sus recuerdos, era la razón por la que él buscaba cada amanecer, cada nota, cada trazo. Sentía que el amor que compartieron era un faro, uno que iba más allá de la pasión fugaz. Él pensaba que, en un mundo donde la gente olvida el amor verdadero, persiguen solo lo superficial: la fugacidad del sexo, el brillo del instante. Pero él sabía que, a nivel cerebral, la dopamina podía ser un espejismo, una rápida oleada de placer que no se sostenía. El amor, en cambio, era un puente químico, una sinfonía de oxitocina y serotonina, que creaba raíces. Y aunque muchas veces él se sintió solo, sabía que ese tatuaje era un recordatorio vivo de que, algún día, podría renacer. Y allí, en ese universo efímero, abrazaba la idea de que, con cada pincelada, con cada canción, podía volver a ella, al amor que fue, es, y será su brújula. Y, al despertar, aunque la realidad lo envolvía, sabía que ese número, 2050, era su horizonte, su razón, su amor eterno."




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