24 Horas Contigo

#5.- Lo que resta del verano

Allen es muy gentil.

Me preguntaba cosas como si ya supiera la respuesta.

Su sonrisa también es bonita tanto que no quiero que otra mujer la mire.

Después de nuestra luna de miel, regresamos a nuestro nuevo hogar para darnos cuenta de que mis padres nos quitaron a nuestros sirvientes.

Creo que no me importo.

Estaba feliz de tener a mi marido a mi lado.

— Saludemos a tus padres, después debemos ir de compras...— sugirió.

Revisamos la casa y todo parecía funcionar Dado que no era muy grande podía limpiarla sola o con Allen. No había despensa así que tendríamos que salir de compras. Padre nos daría una mensualidad o eso dijo pero, Allen quería un trabajo en la compañía de su padre y mi escuela prohibía los trabajos así que solo un poco dependeríamos, financieramente, de los padres.

— Hola pequeña, ¿por qué no habías venido a saludar?— pregunto el señor Kanronji desde atrás de su escritorio.

Para llegar a la casa principal solo caminaban por el pasillo central. Allen le permitió tomar del brazo mientras platicaban que comprarían para completar su despensa.

— Nada padre, solo llegue a desempacar y tomaremos un taxi para ir al supermercado...

— Entiendo, salúdame muchacho que ya eres parte de esta familia — le pidió sonriendo aunque sus ojos no participaban con esa sonrisa.

— Hemos vuelto suegro, espero, que su salud este bien...— contesto. Se había esforzado mucho para mejorar su japonés aunque su entonación era extraña.

Se despidieron y salieron para pedir un taxi.

El señor Kanronji tenía la intención de mostrarle a su hija lo insensata que era al tener como esposo a alguien a quien no debería además de recalcarle lo que se estaba perdiendo por jugar a la casita; con su dinero mensual apenas y podrían sobrevivir pues ella siempre vivió con lujos.

Viajaron en taxi hasta el supermercado, además de la asignación mensual, Allen contaba con una tarjeta de crédito que se le deba a cada miembro de su familia desde pequeños.

No podían desperdiciarlo y aunque era la primera vez comprando víveres, Hana llevo una lista.

— Allen deberíamos poner un límite a lo que compremos para que no se pudra la comida y no gastemos de más — decía mientras veía la lista.

— Que te parece si...

Le explicó que pueden hacer desayunos y cenas sencillas mientras que la comida solo sea un plato y sus guarniciones. Eso les ayudaría a ahorrar.

Regresando a la escuela podrían dividirse las tareas antes de eso él la ayudaría tanto como pudiera.

De regreso a casa, Hana buscaría recetas sencillas para hacer la comida mientras Allen acomodaba todo lo que compraron. Allen tenía un horario estricto de estudio que empezaba a las 5 y terminaba a las 10 solo descansaba para cenar.

Hana también debía fingir hacer sus deberes ya que los libros de cuestionarios ya los había contestado.

Rápidamente hizo una pasta que acompaño con crema de pimientos y pan.

Si bien no le quedo bien se prometió a si misma que mejoraría en la cocina.

— No tienes que preocuparte siempre por cocinar también puedo hacer comida para nosotros...— dijo Allen al comer una pasta sobre cocida.

— Lo sé pero, me haría muy feliz si comes comida deliciosa hecha por mí, sé que no es mi obligación pero, quiero intentarlo — respondió tímida.

Esa misma tarde envío una solicitud para cambiar de materia optativa en su escuela. Mientras Allen estudiaba, ella averiguaría como usar los utensilios de la casa y donde estaban guardadas las cosas.

En la casa principal, el ama de llaves quería decirle al señor Kanronji que al menos la dejara ir a orientar a la joven en ama sobre las comidas y el mantenimiento de una casa. Si bien Hana no era caprichosa tampoco sabía nada sobre comidas o hacer limpieza.

— Ya le dije que no y no vuelva a mencionar el asunto...— le repitió molesto.

Tenía la esperanza que con el ambiente desconocido, cediera y se divorciara.

En la casa anexa

— Allen, Ya hice la cena ven...

— En un minuto...

Aspiraba a ingresar a una universidad donde estudiaría arquitectura y su objetivo era grande. Menos del 15% de los aspirantes quedaba inscrito. Confiaba en sus habilidades pero, también estaba peleando contra el idioma que nunca estudio.

— Esta rica... ¿ya habías preparado esto antes?

— No... Solo recuerdo que mamá la hizo una vez, no es la misma receta pero, me recordó a ella.

— Ya veo, quizás esta noche me saltare el estudio y me iré a la cama contigo temprano...

Hana se sonrojo.

— Hana... quiero que escuches bien... somos inexpertos y nuestros padres estaban en contra de nuestra unión. Sin importar que pase, siempre debes confiar en mí; si no podemos actuar como esposos quiero ser el novio que te enamora cada día.




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