Hmmm me moví un poco pero, me duele el cuello...
Franco entreabrió los ojos y solo vio oscuridad. No tenía ni idea de en qué parte de la casa estaba dormitando. Se levantó y se quedó sentado un rato antes de asimilar que estaba en el pequeño sofá de la sala.
La pregunta era, ¿en qué momento se quedó dormido?
No escuchaba ningún ruido, era una particularidad extraña en ese edificio. Todas las habitaciones eran insonoras. Se preguntó si ellos ya estaban dormidos o si él podía irse a esa hora.
Un pensamiento lo invadió de repente, quizás estaba haciendo eso. No, no serían tan descuidados. Ella podría gemir todo lo que quisiera mientras no estuviera cerca, quizás Allen sería algo brusco dada su inexperiencia pero, no había problema porque eran pareja, podía follar como conejos si quisieran y no darle explicación a nadie... ¿por qué diablos estaba pensando en ello?
Se quedó despierto hasta que el sol se asomó por la ventana. En una silla cercana había ropa recién doblada, se volvió a quedar dormido, ¿sentado?
— Ah, despertaste Franco — dijo Allen — buen día, ven a desayunar
— Creo que primero me daré un baño...— dijo. Hana le dio una toalla. Franco la miró con atención y su piel parecía más reluciente. Se sintió aún más molesto y entró al baño sin esperar que el agua estuviera caliente.
Allen y Hana hablaron un poco sobre el trabajo de fin de año, querían una navidad en pareja pero, como sus planes no salían, este año no planearían nada y solo dejarían que sucediera.
Desayunaron los tres y después despidieron a Allen que iba a trabajar.
— Tengo que ir a mi curso de escritura, ¿nos vamos? Seguro una chica te extrañará — comentó Hana
Al momento de mencionarlo, no lo miro directamente a los ojos, solo sonreía de manera tranquila.
Hace un momento cuando despidió a Allen le mostró una sonrisa de oreja a oreja, sus ojos formaban unos adorables arcos, el llamado "eyesmile".
— Te dejaré cerca...— contestó al final — vamos...
Durante el trayecto, Hana cuidaba de su distancia. Ese día, usaba unas sandalias que resaltan sus pequeños pies. Cada paso que daba era hacia el frente, había exactamente 30 centímetros separándolos. Su voz no era muy fuerte y hablaba de la posibilidad de escribir un libro y publicarlo, sus manos se movían poco.
La veía pero, no podía entenderla.
— Hana, según tu gusto, ¿sería buena pareja para ti?
— No
¿Qué? Ni siquiera lo pensó, solo lo dijo como si estuviera esperando esa pregunta. Sentía que su corazón que corría en su pecho se detuvo como si lo hubieran golpeado. La miro y ella tenía los ojos fijos en él.
— Bueno, yo quiero exclusividad y si te hubiera conocido antes, habríamos rotos cuando me diera cuenta de tu primera amante…s
— ¿Cómo sabes que tú no serías la amante? — ¡Ay! ¿En serio lo tenía que decir?
— Eso también...Franco, no te preocupes... llegará alguien para ti — dijo alejándose un poco. Sus ojos no participaban en su sonrisa nerviosa. Cambio rápido a una cara sería.
— Lo siento, no preguntaré nada extraño.
— No importa, me voy, gracias por la ayuda — lo dijo de manera apresurada y camino como si la persiguieran.
Franco la vio irse y sintió un impulso de seguirla. Se detuvo antes de comenzar, ya había dado una mala imagen y no quería empeorar; pensó que esa chica era curiosa pero, no había manera de tener una relación física con ella o caería a sus pies.
Se sentía frustrado.
Fue a un café donde solía trabajar una de las chicas con las que salió la primera vez que fue a Japón.
— ¿Viniste? ¿Tu? ¡Creo que se va a acabar el mundo!
— Me alegro de verte Erika, ¿Qué tal Armando?
— ¡Sabe metiche! — le sirvió agua y después envió a otra mesera a tomar su orden.
Franco pidió café. Tenía algo de sueño y pensaba en cómo disculparse con Hana después de las preguntas extrañas que le hizo. Seguramente la hizo sentir incómoda o vulnerable ya que si quería mantener una buena relación con ella debía hacer cosas que nunca se había planteado.
— Erika, ¿alguna vez te has enamorado de una chica? — le preguntó cuando volvió a acercarse. Todos voltearon a verlo.
— No, jamás...— respondió
— Pero, sabes cómo piensa una chica, ¿no?
— Te lo diré por tu bien — comenzó a decir Erika con cuidado — deja las drogas, no te hacen bien.
— Hablo en serio — y tomo su bebida
— Yo también, Franco, ¿hablando de amor? ¿Qué mosco te pico?
— Creo que me enamoré de la esposa de mi amigo — confesó en voz baja — no lo sé porque nunca lo había sentido de todos modos, solo quiero ver sus expresiones, movimientos, que esté cerca de mi provoca que sienta mariposas en el estómago, a veces me corta la respiración ver sus expresiones y sé que no son para mí.
Erika no podía creer lo que escuchaba y le dio una buena cachetada.
Editado: 29.01.2026