Nikki ha vuelto al país.
— ¿Qué quieres aquí? — preguntó el señor Kanronji quién estaba trabajando en su despacho
— Papá, ¿Contactaste con él? ¿Te ayudará?
— Eso no te concierne Nikki. Deberías volver a tu casa con tu familia. No necesito tu ayuda. Los abuelos me dejaron a cargo de unos negocios marítimos muy importantes.
— Papá...pronto será el cumpleaños de Jin... ¿Crees que nos envíe una invitación?
— ¿Y por qué la enviaría? Tú no estás disponible. Mejor dicho, ¿qué quieres? Nunca preguntas por Jin, no llamas ni vienes de visita sin ningún propósito — le dijo el señor Kanronji
— El contacto de él. Por favor. — pidió
— Suplícame más... ¿Qué voy a ganar Nikki? Recuerdo que eras buena negociando — dijo su padre y dejó de escribir.
Nikki se mordió el labio. ¿Qué le podía ofrecer? ¿Qué le debía ofrecer? Necesitaba contactar con esa persona.
— Convenceré y llevaré a Hana, haré que él coopere contigo. Quieres establecer una empresa competidora solo tuya, ¿no? haré que invierta… sabes que tengo el don de la palabra y puedo convencerlo.
— Hazlo, y hasta que no tenga en mis manos las inversiones, no te daré nada. Vete. — le ordeno y siguió trabajando.
En días anteriores, Nikki recibió una llamada del reclusorio para recoger a una persona. Al creer que se habían equivocado, lo ignoró, sin embargo, al poco tiempo llamó para concretar una cita de visitante pero, le dijeron que el recluso ya había terminado su condena.
Perturbada por ese hecho, viajó desde Estados Unidos a visitar a su padre, si alguien lo liberó, era él.
❀❀❁❀❀
— Buenos días Hana, ¿qué te trae por aquí? — Saludo la señora Momosawa, la madre de Kanade — ¿Viniste a ver a mi hijo? ¿Lo asesoramos con su estudio?
— No... En realidad, quería un consejo.
— ¿Qué tal si comemos algo? — sugirió la mujer al darse cuenta que sería una conversación larga — adelante.
Se sirvieron un poco de café con una rebanada de tarta casera. Hana empezó diciéndole que hace unos días Allen le dijo cómo si nada que tuvieran un hijo. Ella se sorprendió tanto que se quedó callada. No sabía qué responder. Tenía miedo de herirlo.
La mujer, por cierto, apenas se veía unos 10 años mayor que ella y desconocía la causa. No quería ser metiche pero, está mujer no parecía ser la madre de Kanade.
— Hana, en este momento y en esta situación, ¿estás lista para tener hijos?
— No, para nada. Me parece imposible.
— ¿Y tú silencio? ¿Qué dijo Allen?
— Nada, me daba a entender que no me apresuraba aun así me sentí mal por no decir claramente que no me siento lista. Hay cosas que aún quiero hacer.
— Esa es tu repuesta...— dijo la mujer joven. — Hana, creo que la gran ventaja que tienes es que pueden hablar libremente entre ustedes. Tú y Allen no se ajustan a ningún modelo de matrimonio, por favor, que no te de pena; también tienes una voz y es importante.
— Gracias, creo que de verdad necesitaba oírlo. — y tomó de su café.
La mujer le dijo que se llevará algunos platillos de acompañamiento, que quedaron del desayuno además que esperara un poco para llevarse algo de comida recién hecha. La habría rechazado pero, simplemente no podía.
Hana le ayudó a cocinar. Sentía que la casa estaba demasiado silenciosa.
— ¿Kanade está en casa? ¿Le importaría si voy a verlo?
— No, adelante. Su habitación está hasta el fondo. Ya debería haber despertado.
— Ok, lo saludaré y regreso.
Hana caminaba pensando en que sus dificultades eran pocas comparadas con las personas a su alrededor. La euforia que sintió al escribir y comercializar su primer libro quedó en el olvido. Tenía que enfocarse en su examen universitario. Un mes más. Solo un mes más y después solo esperaría los resultados.
Toco la puerta
Nadie abrió.
— ¿Kanade? Soy Hana...voy a entrar.
Abrió la puerta. No sabía qué cara poner, reconoció fácilmente la espalda desnuda de un hombre encima de una mujer besándole lo que supuso eran sus pechos. No sabía si fue pena o no pero, cerró la puerta. Era la manera más simple de decirlo. Pudo haber pensado en la situación pero, entró como si fuera su casa. ¿Ahora qué cara pondría?
Pasaron unos minutos. De la habitación salió Kanade. Hana inclinó su cabeza a modo de disculpa pero, no sé atrevía a mirarlo de frente. Fue grosera y era lo mínimo que podía hacer. Sintió que se tardó milenios en reaccionar y vio más de lo que necesitaba conocer.
— Levántate Hana...
— Lo siento por interrumpir. Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento — recitaba muchas veces más. Esa no era su casa. No era su casa y aun así, caminaba como si nada.
— Hana, ya entendí, de verdad, levanta la cabeza.
— ¿Escuchas eso? Allen me llama...debo irme...— y bajó rápido las escaleras.
La señora Momosawa ya tenía la comida lista y empaquetada. Hana agradeció y le dijo que volvería a visitarla pronto. Salió con rapidez esperando alejarse lo más pronto posible.
Editado: 29.01.2026