Al día siguiente de la extraña visita de Nikki, Allen se levantó muy temprano para terminar sus tareas. Hana se levantó después de él y le preparo un desayuno ligero.
Su joven marido no mencionó nada acerca de tener hijos pronto y ella se sintió peor por omitir una plática importante. No sabía cómo abordar el tema, tenía las palabras pero, no querían ser escuchadas.
— Hana, ¿Estás enferma? Te veo algo pálida. — dijo mirándola mientras le servía café
— No, quizás es el estudio. Es mucho para alguien que no pudo cursar la preparatoria de manera normal. — contestó como si nada poniendo peso innecesario en su respuesta
— Si, pero, eres Hana y eres inteligente, puedes entrar a cualquier escuela que te propongas.
— Gracias por recordármelo, necesitaba escucharlo — su otro tema podría ser discutido después con más calma.
Terminó de desayunar, hizo alguna limpieza y continúo su estudio antes de ir a trabajar.
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— ¿Quería verme profesor?
— Ah sí, chico Shiroyama, ¿tienes planes este fin de semana?
— Nada en particular, ¿por qué pregunta? — quería saber Allen. Ese profesor era muy especial con los alumnos y tenía a sus alumnos preferidos en un pedestal. Allen no era de sus favoritos así que rara vez le hablaba.
— ¿Conoces al arquitecto Takuto Midoriyama? ¿La firma Midoriyama? — preguntó mostrándole una invitación
— Si, es una firma prestigiosa, nadie puede hacer sus prácticas alli como solicitante, ellos te buscan.
— Correcto — contestó el nombre. — Y aquí tengo una invitación para ti. Puedes empezar a formar tu futuro, no sé cómo le hiciste para ponerte en su mira porque el talento nunca es suficiente, sin embargo, va dirigida especialmente a ti.
— Gracias...— ¿invitación para qué?
— Recuerda que es una cena de gala, los detalles están en la invitación. No hace falta que lleves ningún acompañante, halágalos, convencemos de que vales la pena y así una puerta se abrirá para ti, puedes irte.
Allen salió. La invitación decía:
"Honorable Allen Til-Shiroyama, es un placer invitarle a la cena de cumpleaños en honor de mi hijo mayor Jin Midorikawa que se llevará a cabo este sábado a las xx..."
Quizás asistirá.
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— Yuu, ¿por qué me trajiste flores?
— Porque son tan hermosas como tú — y le entregó un ramo. Hana no sabía qué más decir y lo aceptó como si nada. Su actitud es rara en este punto.
— ¿Te parece si salimos el sábado al zoológico?
— Hmmm, que raro... ¿estás bien?
— Quiero salir contigo a algún lado. ¿No es posible?
— No, iré con Mirei de compras. Lo siento.
— De acuerdo, espero, que vayas otro día...te veo después — y se fue a su casa.
Hana lo vio irse y le pareció muy extraño, Jamás se había comportado de una manera tan torpe.
Ella volvió a entrar a la casa y había una tarjeta con un bonito poema.
"Si las estrellas pudieron hablar
Te dirán cuanto te quiero.
Te pedirán,
Que me quieras"
Hana se sonrojo. Intentaba buscar algún significado oculto pero, no encontró nada. Dejó las flores en la mesa y fue a trabajar. La pequeña acción la hizo sentir incómoda. Le mando una foto del ramo a Allen diciéndole que Yuu se estaba comportando extraño. No quería ocultarle nada.
Cada que daba un paso sentía que alguien la perseguía pero, al girar intencionalmente, no había nadie. Eso la asustaba. Hoy más que en otros momentos no debía ocultarle nada a su esposo.
Mientras, Allen en la cafetería soportaba la tediosa voz de Kendra. No escucho mucho pero, parecía decir que se inscribió en concursos de belleza.
— Allen ♥ vamos el sábado al cine.
— No, ya tengo planes. Kendra ya no te diré lo mismo que cada día, sólo déjame trabajar — y salió de la sala de descanso.
Ambos trabajaron algunas horas extra. Allen salió antes y fue a recoger a Hana. Kendra no dejaba de seguirlo a todos lados. La chica estaba segura que siendo insistente podría conquistarlo.
— ¡Allen! — Exclamó Hana al verlo llegar con una persona que no quería ver — ¿qué haces aquí?
— Persigo a Allen. No daría por hecho que él te amará para siempre, no sabes lo que ocurrirá mañana...adiós — y se despidió Kendra.
Hana sintió escalofríos. Allen la tomó de la mano y caminaron lentamente. Ella quería hablar de algo pero, no se le ocurría que. Había cosas que no podían decirse en la calle.
Allen guió sus pasos hasta una zona en construcción. Hana miró alrededor y no había nada extraordinario.
— ¿Recuerdas la casa de tus sueños?
Hana asintió. Volvió a mirar al joven que la acompañaba.
Editado: 29.01.2026