24 Horas Contigo

#53 Los colores de las personas

Hana se recuperó pronto y pudo enfocarse en cuidar a Allen. Los días que estuvo en cuidados intensivos así como su respuesta cerebral fueron de gran ayuda para saber que él se recuperaría, según los médicos, estaba fuera de peligro. Aún no despertaba completamente pero, saber que podía responder a estímulos era suficiente por el momento.

Miranda, su suegra, no había podido verlo. Hana recibió avisos por parte del equipo legal de Andrew y Frank por haberles golpeado, bueno, no podía evitarlo así que aceptaría las consecuencias. El encuentro que tuvo con ellos estaba borroso pero los videos de seguridad no mentían al igual que los testigos por lo que no tenía modo de deslindarse.

Mirei iba a recogerla para comer y cambiarse de ropa. En esos momentos, Franco se quedaba con Allen y le platicaba las maravillas de viajar a la playa solo para ver bikinis aunque llevó a su novia en turno Lori. Reía y le contaba chistes. No podía dejar que él solo se abrumara en su mente.

En casa, Hana se encontró con Kanade y Yuji quienes le deseaban toda la suerte del mundo para su próximo examen de entrada a la universidad. Lo tomaría después de todo aunque en su cabeza era la última de sus preocupaciones.

Obviamente las malas noticias aparecían por montones; la que aconteció en ese mes fue su historia corta sobre amantes destinados, la cual no tenía ni pies ni cabeza mucho menos un final apropiado así que fue lo peor en ventas, menos de 100 unidades. No sentía que debía desanimarse aunque no le ofrecieran el contrato le permitieron publicar en la revista cómo era usual.

Podía ver qué alrededor de ella había personas interesantes. Mientras cenaba con Mirei, recordó una escena en una serie que vio. El contexto de la historia era valorar a una persona el día de su partida y derramar lágrimas sinceras, sin embargo, para el ángel de la muerte era evidente el color de cada persona.

Si hubiera lágrimas sinceras serían de un color blanco puro, las lágrimas de los envidiosos podrían ser verdes o rojas, las que desean la muerte son lágrimas negras...si un humano viera algo como eso, ¿enloquecería?

Bueno, Hana, no considero como se portaban alrededor de ella. Mirei siempre era una amiga que estaría siempre para ella y viceversa, su color sería blanco, ella podía verlo. Los chicos que se acercaron a ella con malas intenciones serían de color negro pero, ahora eran aliados así que su aura se vería amarilla, supuso.

— Hana, no le des tantas vueltas a las cosas.

— Mirei...

— La respuesta es no. Todos buscamos algún beneficio pero, no con todas las personas. No te sientas mal, solo es el egoísmo del ser humano.

Hana no dijo nada. Era lo que no quería preguntar. Ahora mismo solo quería atesorar esos breves momentos.

Su padre que siempre era intimidante era de color negro, su madre que era ambiciosa sería rojo porque tenía una parte seductora. Nadie estaba exento y no era dominado por un solo color aun así nada les impedía cambiar aunque llegaran tarde para hacerlo.

De vuelta al hospital, Mirei le comento que atraparon a un hombre, quien se dijo fue el causante del atropello de Allen. Hana no lo entendía en ese momento pero, sí fue en el auto de Nikki usado en ese siniestro, entonces la pregunta era, ¿Dónde está Nikki ahora?

Franco las recibió diciéndoles que Allen despertó. Ahora mismo estaba en sus exámenes. Los médicos no lo dejarían ir en varias semanas. Hana no debía agobiarse. No había estudiado en ese tiempo y en días sería el examen. Afrontaría cada dilema.

Fue a la habitación donde escuchó claramente decir a la enfermera que, una niña no debería estar allí sin la supervisión de un adulto. Hana no reprochó nada, aún la veían como niña, que se le iba a hacer si su imagen social no subiría de nivel hasta convertirse en madre.

Su familia en ley no visitó a Allen en ningún momento. Justo el día en que saldría a la universidad, intentaron cambiarlo de hospital. El mismo señor Frédéric Til-Shiroyama se presentó. Hana no se movería de allí.

— Muévete mocosa

— ¡No! ¿A dónde lleva a Allen?

— De vuelta a Alemania. Mi hijo debe estar con su verdadera familia. No tienes el poder ni la autoridad de detenerme.

Sin miedo Hana le dio una bofetada

La mayor falta de respeto cometida fue esa…hasta ahora.

— ¿Su familia? No me venga con eso. ¡No son su familia! ¿Tu familia te encierra si escribiste algo mal? ¿Te pega si olvidaste un lápiz? ¿Te pega porque no memorizaste algo? No me venga a enseñar nada de eso porque claramente no lo trato como un hijo — reclamo

El señor Til-Shiroyama la empujó con fuerza para hacerla caer al suelo. Hana se levantó. No iba a permitir que un extraño la intimidara. El hombre la miró. No entendía cómo ella se cerraba a algo pasajero. Obligó a seguridad que la sacará.

— Recuerda muchacha que esté hijo mío está destinado a cosas mejores que solo casarse con una mujer simple hija de traidores.

Hana apenas escucho lo que le dijeron. Los enfermeros sacaron la cama de Allen. Ordenaron su traslado a un hospital prestigioso antes de que estuviera en condiciones de volar.

Ella los siguió. Estaba tan atenta a lo sucedido que olvidó llamar a Mirei. Allen ni siquiera debería moverse. Ese hombre era ambicioso y no le importaba usar su propia sangre para su beneficio.




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