24 Horas Contigo

#54 Miedo y presión

Conforme pasaban los días y después de presentar el examen de admisión, solo podía ver crecer su cuenta del hospital. Su tutor, el señor Koban, estaba pagándolo pero, aun así, sentía que la deuda estaba creciendo hacia todos lados. Decidió pausar su escritura y tomar un turno en el trabajo que realizaba Allen.

Todos los días, incluso se volvió rutina, se levantaba e iba al hotel donde trabajaba, al terminar iba a la cafetería donde Allen trabajaba y debía soportar a Kendra que no dejaba de fastidiarla con preguntas a cada momento.

Para finalizar el día, pasaba a ver a Allen, era reconfortante verlo en una habitación común aunque sus heridas aún eran serías y necesitaban tratamientos. Su vida está fuera de peligro. Así cada día, el cansancio se le olvidaba con solo estar cerca de él.

Mirei y Franco a veces le ayudaban cuando debía hacerse un examen y no llegaba a la hora. Allen presentaba fracturas y contusiones así que no era nada que comprometa su movilidad. Cuando bajara la hinchazón de la cabeza podrían proceder a buscar problemas neurológicos. Hana estaba convencida de que se pondría mejor pronto.

En casa, antes de dormir, recibió la visita de Yuu quien iba a llevarle algo de cenar. Además del dinero, Hana se sentía agobiada pues Yuu la ayudó y no podría pagar ese favor jamás. Mientras ella se ajustaba a su nueva vida, Yuu investigó el paradero de Nikki, al parecer, su adorada hermana mayor siempre estuvo en Estados Unidos y no había pruebas de que fuera invitada a la fiesta de la familia Midorikawa.

Jin, en alarde de buena voluntad, se ofreció a pagar todos los gastos médicos de Allen, pidiendo que no se hiciera público que el accidente fue dentro de su propiedad ni por mano de uno de sus distinguidos invitados. Mirei, en nombre de Hana, se negó. Si hacía esa petición era porque ocultaba algo más.

Hana no podía estar más agradecida. Pensó que sería buena idea visitar a su padre pero, terminó decidiendo que no. Le asustaba estar cerca de él, los recuerdos del padre amoroso que conocía parecían haberse borrado de sus memorias y ahora solo quedaba espacio para reconocer a un hombre ambicioso que no sabe cuándo detenerse.

Su suegra, no visitó a Allen cuando cambió de habitación, en realidad, no la vio de nuevo después de que ellos estaban heridos. Tampoco esperaba que visite a su hijo. Solo era una persona más de una familia en la cual la sangre era más importante si se mantenía cerca.

“Hana, descansa”

Esa se convirtió en la frase recurrente de Mirei. Le ayudaba en lo que podía pero, el orgullo de Hana estaba de por medio. Alardeaba que podía cuidar de su familia pero, ante la primera dificultad, debía recibir ayuda de sus amigos.

Cierta noche llegó al piso donde vive Yuji, no quería estar más en el elevador y salió apenas abrió la puerta. Estaba demasiado cansada. Sentía que además de Mirei, Franco y Yuu todos los demás estarían en su contra planeando cualquier cosa para sabotearla.

— ¿Hana? ¿Estás bien? — preguntó una voz conocida

— ¿Eh? — contestó. Apenas lo miro. Es más, ni quería ver a nadie.

— ¿Hana? Te llevaré a mi casa...descansa allí te ves bastante pálida.

— No, debo ir a preparar mi comida de mañana...

Hana no podía sentirse segura en ningún lado. Iba a casa pero, la sensación de ser espiada no había desaparecido; al igual que ir por la calle incluso en su trabajo sentía que las miradas le decían que mejor pidiera perdón por sus decisiones irracionales; en el café, Kendra la ponía de nervios por solo preguntarle dónde está Allen.

Yuji la llevó a fuerzas a su casa. Abrió la puerta y se arrepintió. Él no limpiaba y todo parecía una pocilga. La persona de limpieza iría en dos días. Yuji la obligó a ir a la cama. Mientras iba en busca de una bebida, regresó y la encontró durmiendo en el suelo.

Desde ese momento se prometió que aprendería a hacer la limpieza.

Hana estaba descansando, él llamó a Kanade pidiéndole comida casera. No imaginaba como esa chica había sobrevivido tanto por el cambio de estaciones. Aún no era invierno pero, el frío era más incómodo cuando llegaba repentinamente. Más si salía casi al amanecer y regresaba casi a media noche.

— Whoooa es la primera vez que veo el suelo de tu casa — exclamó Kanade. Le llevó unas bolsas con comida. Su madre encantada, preparo muchos platillos para llevárselo a Hana. Su joven amiga no la había visitado hace tiempo pero, no podía culparla si cuidaba de un ser querido.

Kanade estaba inusualmente feliz. No sabía porque pero, su cabeza solo podía con una curiosidad a la vez por lo que decidió enfocarse en Hana, su amigo entendería.

— Eres bastante grosero, a veces limpiaba.

— Si como no, viene una persona a limpiar. — Recalcó — Mamá dijo que solo debemos calentar esto.

— Entendido.

Sacó la comida y sirvió algunas porciones que puso a calentar. Después fue a ver a Hana creyó que seguiría dormida pero, la encontró al borde de la cama derramando algunas lágrimas.

— ¿Qué? ¿Qué pasó?

— Yo... me siento tan inútil — confeso y empezó a llorar a lágrima suelta.

Yuji no sabía cómo consolarla. Le pidió a Kanade que llamara a su mamá. Pensó que solo dándole una rica comida le haría recuperar ánimos pero, esto estaba más allá de lo que podía hacer.




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