Por sugerencia de la doctora, cuando despertó Hana le practicaron más exámenes. Su condición era temprana y aunque fuera el caso, debía vivir con ello por el resto de su vida dado que no existía un tratamiento que cure su condición.
El día en que fue dada de alta, Allen la esperaba en su silla de ruedas. Hana intentó corresponder su abrazo pero, simplemente se alejó un poco. La doctora Scherry le dijo que fuera de algunos golpes y las mordidas que tenía no llego a nada más.
Hana intentaba creerle pero, no dejaba de sentirse sucia. La persona que, aunque sabía que era espía, no creyó que la atacaría de esa manera. Se conocieron hace tanto tiempo, no entendía su comportamiento; fue un acto o de verdad quería lastimarla.
Cuando le curaban las heridas, ignoraba porque nadie lo había hecho, todo su torso tenía golpes, moratones, cortas pequeñas y marcas de dientes, una más profundas que otras. Hana comenzó a llorar sin detenerse ni siquiera con Mirei consolándola a un lado.
Mirei y Alexander los llevaron de vuelta a casa. Escucho de las vecinas que un inquilino se había mudado porque asaltaron su casa. Además otras mencionaron que el cadáver encontrado era del supuesto ladrón pero, no le daban mucha credibilidad.
Mirei intentaba no escuchar pero, Yuu, su Yuu era quien vivía a un lado. Alexander no estaba al tanto de todo lo acontecido así que se guardó sus opiniones, llegando a la casa, Alexander se ofreció a cocinar mientras Allen y Hana descansaban un poco. Mirei sugirió comprar comida pero, Hana se negó, se aterró de pensar que estaría envenenada.
En su lugar, le pidió a su amiga que le comprará algunos mamelucos para ella. Allen levantó la ceja, si ella no decía lo que tenía no podía ayudarla.
— Hana, mamá dijo que no llegó a penetración, ¿por qué estás en modo defensa y ataque?
— Consígueme lo que pedí, ¿habrá forma de retomar las clases de defensa personal? Con el profesor de siempre.
— Amiga, no puedes vivir aterrada toda tu vida. Si estarás en ese modo mejor vete al extranjero.
— No puedo, este es nuestro hogar. Aún con todo esto...sé que papá recapacitara, lo presiento...un día...creerás que soy tonta pero, lo sé.
Mirei suspiró. De cualquier manera ayudaría a su amiga todo lo que pudiera. Después de comer se despidieron. Alexander no alcanzó a decirle las buenas nuevas, que volvería a trabajar como modelo exclusivo para una marca extranjera.
El resto del día, dejo que Allen empezará a ponerse al corriente con sus asignaturas y trabajos. Sus compañeros de aula fueron muy amables al decirle todo lo que se perdió, prestarle los apuntes y recordarle la fecha de entrega de los últimos trabajos.
Hana entraba y salía de la habitación, sacó algunos cobertores. Decidió que dormiría en la sala un tiempo. Allen no la entendía y ni siquiera pudo persuadirla. Durante la cena alcanzo a ver qué Hana usaba blusas con cuello de tortuga aunque las odiaba. En realidad, la única piel que mostraba eran sus manos y cara.
— Cariño, ¿estás bien?
— Si...sabes, no empieces tu trabajo en este momento. Déjalo para la próxima semana.
— Hana, hablo en serio y no cambies el tema, ¿cómo te sientes?
— ¡No me mires!
— ¡Hana!
Ella sintió su mirada. Era fuerte. Solo la tomo del brazo pero, sentía su fuerza.
— Cariño, por favor dime, ¿qué sucede?
— ¡No me mires!... ¡NO INTENTES ENTENDER COMO ME SIENTO! TU YA NO PUEDES DISTINGUIR MIS EMOCIONES, ¡¿DE QUÉ SIRVE QUE PREGUNTES SI NO LO ENTIENDES?! NO LO ENTENDERÁS NUNCA, NO TIENES CURA AUNQUE ME HE ENGAÑADO DESDE QUE ME ENTERE. SOLO ERES UN CUERPO A LA MITAD QUE VIVE GRACIAS A SU CORAZÓN, ¡ERES UNA PERSONA INCOMPLETA!
Allen la soltó. Bajo la mirada
Hana comprendió el peso de sus palabras. Se arrepintió desde el momento en que salieron de su boca pero, era demasiado tarde, el daño estaba hecho. Allen no dijo nada y terminó de comer en silencio. Hana quería disculparse.
— Lo siento Hana, fue mi descuido que terminara de esta manera. Por favor, perdóname.
— Allen...yo...— pero no podía completar ninguna oración.
Él fue a la habitación a recostarse antes de comenzar a trabajar. Allen ya no tenía la cara golpeada pero, no podía distinguir su expresión. Su cabello rapado le hacía parecer más grave de lo que era aunque estaba creciendo poco a poco. Su pierna rota solo sería un impedimento momentáneo.
Hana durmió en el suelo. Solo tenía pequeños sillones que le regaló alguien cuya cara no recordaba. Empezó a llorar. No entendía por qué se convirtió en una mujer mala. No debía decirle esas cosas, no fue su culpa, no fue su culpa que resultará lastimado. Como podría cruzarse por la cabeza gritarle.
Varios días, cada vez que se bañaba, solo quería cerrar sus ojos y no ver las pequeñas cicatrices que se formaban. Se imaginaba una hermosa unión bendecida por todos, no varios intentos de asesinato.
Se sentía culpable. Dos veces el mismo incidente y lo único que le preocupaba era cómo se vería ante sus propios ojos. Él no la entendería. Ya no quería ni verse a sí misma. Su debilidad hizo que sufriera y dañara a alguien inocente.
Editado: 19.02.2026