24 Horas Contigo

#61 Puntos suspensivos 

Esta no es la familia que soñé.

Comemos juntos.

Nos vemos cada día.

Pero, no hablamos.

No dormimos juntos.

Yo no sé porque no me puedo disculpar pero...

❀❀❁❀❀

— Señorita Hana, intenté defenderse de mis ataques — pidió el instructor.

Después de trabajar y antes de ir a casa tomaba clases de defensa personal en la casa de Mirei. A veces estaba asustada de levantar la mano que, aunque sirviera como un bloqueo, estaba haciendo que su progreso fuera en retroceso. Mirei la animaba. No era suficiente y a veces sentía que su amiga se guardaba mucho en su corazón. Su estado era similar a una batalla interna.

— Hana, ya casi es abril y aún no haces las paces con Allen, ¿están bien?

— Mirei por favor, ya es difícil para mí, ni lo menciones.

No siguió hablando. Después de su breve descanso retomó la clase. Al terminar, se dio una ducha y regresó a casa.

— ¡HANA! Esto no es un matrimonio. Si no pueden hablar por cada puto problema entonces divórciense. — le dijo Mirei desde la puerta de su casa.

Hana se regresó con ganas de decirle algo pero, se contuvo, tenía razón. Eso ya no era un matrimonio, solo eran conocidos en este momento… conocidos que compartían casa.

❀❀❁❀❀

— ¿Y está quién es? — preguntó Allen.

Le quitaron el yeso hace unos días y estaba buscando una profesional que le instruya en la inteligencia o aprendizaje emocional. Franco lo escuchó y dijo que tenía a la persona correcta. Seguramente alguna de sus conquistas recientes, pensó Allen. Lo único que recordaba era que se llama Linda.

— Se llama Evangelina Muro. Es...nada. — la presento. — ella estará aquí un tiempo por un trabajo universitario que aceptó, así que, puede enseñarte todo lo que necesites en el horario que estés disponible. — explico

Allen la miró de arriba a abajo y no parecía de ninguna manera una psicóloga.

— Hola, soy Evangelina Muro, psicóloga educativa, un placer.

— Hola, soy Allen Til-Shiroyama... ¿Qué relación tienes con Franco? No me interesa pero, parece demasiado.

— Salimos hace unos años, antes de que yo me graduará de la universidad.

Allen miró a su amigo quien estaba entretenido con una figura que compró Hana hace tiempo. Por alguna razón, eso ya no le sorprendía.

Ellos platicaron sobre su historial clínico y otros aspectos a evaluar antes de empezar. Franco se sorprendió de que Hana no estuviera allí.

— Amigo, ¿qué te parece si vamos a cenar? ¿Hana va a venir hoy?

— Si, vendrá...— contestó. — quiero esperarla...

Evangelina miraba a Allen de pies a cabeza, estaba lejos de su gusto pero, estaba segura de que se divertiría un poco en su estancia. Sólo debía obedecer.

Franco ordenó comida pero, no se quería quedar a cenar. Le dijo a Evangelina que saliera de la habitación mientras él se quedó atrás con Allen.

— Amigo, lamentó esto pero, arréglate con Hana, te ves al borde de la muerte. Tus circunstancias no son excusa. También — y le susurro — Evangelina es buena pero, no dejes que vea una apertura en su relación porque ella aprovechará eso

— ¿Qué clase de persona me presentas? Franco, ¿exactamente qué quieres hacer? No es lo que mencionaste antes.

— La envía tu padre, si no la aceptas… él enviará más. Debes tener cuidado. Solo porque hayas estado en calma no significa que ha terminado todo.

Allen lo entendía. Precisamente por eso no podía arreglar las cosas con su esposa. No podía ponerlo en palabras. Dijeron que sería una condición temporal pero, ahora no lo parece.

Franco recibió la comida e invitó a Evangelina. Sentía que debían ser corteses para que ella no sospeche que ya sabían que tenía otra razón para ir.

❀❀❁❀❀

— He sido demasiado amable. ¿Por qué Hana no ha vuelto a esta casa?

— La señorita Scherry le contrató un guardaespaldas experto en Muay Thai. En ningún momento está sola la señorita Hana.

— ¡No quiero más excusas! ¡Ese Midorikawa la aceptó mientras pueda darle un heredero! ¡Es tu última oportunidad! ¡Traerla aquí! — ordenó el señor Kanronji.

❀❀❁❀❀

Hana llegó a casa. Estaba cansada. Pronto iniciaría la universidad. Debía hablarlo con Allen lo más pronto posible para discutir algunos horarios. Se sentía tonta de pedirle una razón, o que sentía al estar con ella si claramente no podía decirlo, nadie más que él sufría por el abrupto cambio.

No, también buscaba una excusa que le permitiera enojarse con el mundo.

Escucho la ducha en cuanto entró a la habitación. Ah, ya se puede bañar solo. Estos días en que parecían extraños solo podía pensar en todas las cosas de las cuales debía disculparse.

— Allen, volví.

Nadie respondió.

Se acercó a su mesita donde ponía su maquillaje y todo estaba fuera de su lugar. En el piso había una ropa de mujer que no reconoció como propia además de un perfume que le picaba la nariz.




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