24 Horas Contigo

#63 Separados pero juntos

El chófer de Mirei se encargó de llevarlos. A la salida opuesta de la ciudad estaba la clínica que mencionó Allen. Realmente no había necesidad de internarse pero, los médicos encargados lo sugerían dado que al no poder leer las emociones ajenas hacía que se sintieran fuera de lugar lo cual también ocasionaba estrés, frustración y nulo progreso en el tratamiento.

El internado era tranquilo, tenía sólo cierto número de pacientes y pacientes externos. Hana lo veía como algo exagerado pero, si Allen creía que le podría ayudar entonces lo apoyaría con esa decisión.

Un médico les explicó que su tratamiento se basa en los mismos estímulos que reciben los bebés. En su explicación, se refiere a que todos los bebés cuando descubren el mundo, ven algo y experimentan sus "funciones" esa información se muestran a través de gestos y acciones de allí el reconocimiento de emociones primarias. Allen debía “aprender de nuevo” esas bases.

Se despidieron.

Las palabras eran secas y él le prometió llamarle cada día. Hana se despedía una y otra vez esperando que el tiempo pase rápido. Aún no salía de la habitación y ya lo extrañaba.

El viaje de regreso le pareció eterno y sin darse cuenta tenía una nueva idea para su libro. Busco rápido donde escribir, estaba segura de que esté libro la sacaría de todos sus apuros económicos ahora y el futuro.

Su idea central es una mujer joven, ella posee un loto que florece cada mil años y debe protegerlo. Por iniciativa de un familiar, a resolver quién, toca uno de los pétalos que se le han caído y ve el final de su vida. Devastada busca maneras de evitar ese final catastrófico...si, eso suena bien.

Escribía sin parar sus nuevas ideas. Ahora debía desarrollarlas. El chófer le avisó que llegaron al edificio donde vivía. Hana le pidió que le entregara algunas cosas a Mirei que tenía en casa así que subió junto a ella. No podía externar que tenía miedo de ver a ese hombre de nuevo pero, no podía apoyarse en muchas personas sin llegar a sentirse incómoda.

El chófer la acompañó y tampoco vio nada sospechoso. Hana le entregó algunas bolsas de papel y el chófer le recordó que su guardaespaldas regresa por la mañana. Ella lo agradeció y se despidieron.

Escribió sus notas hasta muy tarde y olvidó que debía asistir a su clase de escritura temprano. Llegó tarde por primera vez en su vida por haberse quedado dormida y se disculpó con todos.

Lo único que mejoraría su día era que Allen la llamaría.

Esperaba con ansias poder escuchar su voz.

❀❀❁❀❀

— ¡Kanade! ¿Cómo que no solicitaste el examen? ¿No se suponía que te saltarías un grado? ¿Qué diablos te sucede? — preguntó Sandra molesta.

El día en que Allen y Hana fueron a la ciudad vecina, Kanade confesó que no podía adelantar año por las faltas así que cursará su último grado escolar mientras trabajaba y ahorrar dinero para su hijo. Sandra estaba furiosa. Camil ni siquiera le puso atención pues estaba encargándose de que nadie externo escuchará.

No hay nada malo con que un estudiante no pueda criar solo a un bebé además de que física, mental y financieramente estaban atados a sus padres, no pueden asumir una responsabilidad que involucre otra vida y a veces solo quieren diversión, las escuelas eran flexibles pero, eso no significa que lo aceptaran. Después de todo Hana y Kanade tenían la misma edad.

— Prima, lo siento pero, pregúntale a uno de tus amigos. Trabajaré en lo que pueda y pediré ayuda a mis padres más allá de lo que es su obligación. — Expuso serio — no seré como mis padres...

Camil le dio un buen golpe.

— Su obligación acabó contigo cuando decidiste tener ese bebé...— decía molesta pero, fue ella quien llamó a un amigo suyo de la editorial Itum para pedirle un trabajo.

❀❀❁❀❀

— ¿Hana? — saludo Clara. Esa noche estaba pensando en preparar fideos. Hana estaba comprando harina. Intentaría hacer pan.

Si sabes cocinar algo elaborado es un salvavidas porque reduces gastos pero, si trabajas mucho se convierte en un desperdicio. Hana lo quería intentar porque Mirei lo sugirió.

— Clara, hola, ¿cómo estás?

— Bien, ¿y Allen? Hace mucho que no lo veo — pregunto. Detrás de Clara apareció un hombre. Se veía algo serio.

— Está en la ciudad vecina por un proyecto escolar — no quería mencionar sus andanzas, no sabía quién podía estar escuchando.

— Genial, vamos a cenar a la casa. Tengo unas nuevas recetas que te encantarán.

— Seguro, vamos.

Platicaron todo el camino mientras Rihito cargaba algunas bolsas. La primavera en abril apareció antes este año y pronto los universitarios regresarían a las aulas. Aún pensaba en que si su hijo tuvo la oportunidad de saltarse un grado porque no la tomó.

Al llegar a casa estaba vacía. Clara le informó que su nuera estaba en la casa contigua platicando con un médico sobre su futuro parto. Kanade está con sus primas y Anita en clases de refuerzo.

Rihito las dejó platicar a solas, aún faltaba mucho tiempo para la cena así que las envió a tomar café en la sala mientras él preparaba la cena.

— Clara, ¿quién es tu cuñada? ¿Estás feliz de que seas abuela tan joven?




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