Una vez hace tiempo...yo pertenecía a una familia común.
Asistía a una escuela mixta. Mi padre era un asalariado, mi madre una profesora universitaria. Soy la mayor de dos hermanos.
Mi vida diaria se dividía entre ir a la secundaria y ayudar en la panadería de mi abuela. Mi sueño era heredar esa panadería pues mis tíos trabajaban en el exterior y mamá ni cocinar sabía. Los clientes amaban el pan que vendían allí y me encantaba recibirlos con una sonrisa.
Un día, conocí a Rihito. Él asistía a una escuela para varones. Solo teníamos 14 años. Ese día nuestras manos se rozaron un poco y sentí electricidad corriendo por mi cuerpo. Después de ese momento, nos veíamos en el parque cuando terminaba de ayudarle a la abuela y antes de regresar a casa.
Rihito es muy serio así que sin ser novios, algunas veces nos tomábamos de la mano mientras escuchábamos música. Nadie decía nada. El tiempo pasaba y no podía dejar de pensar en quedarme a su lado.
Con todo eso, no significa que baje mis calificaciones ni nada. De hecho, estaba dentro del top 10 de la secundaria. Rihito me recogía cada día hasta que pudimos llamarnos formalmente novios.
Mi hermano menor nos vio tomados de la mano y fue a decirle a mis padres de inmediato. Dijeron muchas veces que terminara con él pero, no quería hacerlo. Tenía un confidente a mi lado y era feliz. La soledad de estar al frente de mi hogar se vio mermada por su compañía.
Sin embargo, aún con lo metódica y estudiosa que era, no pudo creer que sucediera. Yo no entendía porque el conteo lo hice mal o buscaba una excusa para enmendar el error. No lo sé y aún no puedo hallar una respuesta.
Rihito era muy considerado conmigo y entendía cuando mi horario cambiaba. Solo éramos una pareja común que quería conocer que más había dentro de nuestra relación. El pertenece a una familia influyente donde se dedican a todo lo relacionado con leyes. Era lo más común y todos aspiraban a eso. Otra parte de su familia tenía una larga cadena de cafeterías pero, no se podía comparar.
Lo hicimos una vez. Solo queríamos saber qué se sentía.
Según mi investigación, no pasaría nada, era poco probable que desatará algo. Había muchas personas que decían que no pasaría nada, que no había peligro. Nos sentíamos más unidos y sentía que, de verdad, me gustaba estar a su lado.
Una noche, mamá nos sirvió la cena que yo preparé. Papá también llegó temprano. Sentí dolor de estómago. Creí que era de estómago pero, al ver qué no mejoraba mamá decidió llevarme al médico.
Esa fue la primera vez que mamá me golpeó. Lloré tanto porque no entendía la razón. Papá lloraba en silencio. Admitía que se equivocó al no cuidarnos bien y dejarnos solos. Mamá se culpaba a sí misma por no hablarnos de las precauciones.
Quería mantenerlo en secreto pero, sería imposible. Mis padres querían conocer al susodicho novio.
Nuestras familias se reunieron. La madre de Rihito no dejaba de hablar de dinero y mi mamá no dejaba de discutir con ella. La mujer dejó una cantidad alta para que abortara. En este país, se permite si es menor de edad y el embarazo pone en peligro tu salud o fue víctima de violación. Además es gratuito. Esa mujer nos pedía que no reveláramos quién es el padre para no afectar su futuro.
Rihito aseguro que se haría cargo. Todos se burlaron de él. Sin nuestro conocimiento acordaron que no nos volviéramos a ver y darlo en adopción. Mamá se sentía decepcionada y papá dejó su trabajo para cuidarnos. Debía cuidar que sus hijos no cometieron el mismo error que la hija mayor.
Estaba dispuesta a asumir la carga de mis consecuencias, sin embargo, Rihito se mudó. No lo entendía. Él solo se fue. Mamá se alegraba. Recalcaba que yo jamás estaría lista para criar otra vida a una edad tan temprana.
Los odiaba. Fue mi culpa, estaba consciente de lo que hice además de que no sabía hacer gran cosa. Mis padres borraron lentamente cada una de las muestras de vida que daba y corrieron el rumor de que me fui a estudiar al extranjero.
Yo era su deshonra.
Una noche decidí irme de casa. No sabía si mi bebé estaba en buen estado o no. No sabía si estaba saludable o no pero, me ponía triste vivir allí. Cuando ellos se fueron a dormir, tomé todo el dinero que le dejó esa mujer y me fui de casa. Llegué a casa de la abuela. Ella me regañó horriblemente pero, dijo que debía tomar responsabilidad de mis actos.
Cuando nació Kanade, mis padres cedieron la custodia a mi abuela y ellos se mudaron lejos de allí. Fue el máximo apoyo que conseguí de ellos en ese momento. Cada semana, la abuela me entregaba un sobre con dinero para el bebé. No quería que se presione y empecé a trabajar. Ella lo descubrió y me obligó a dejarlo pues debía estudiar. Le prometí que después de terminar la preparatoria trabajaría.
En ese tiempo no pensaba en Rihito. Tenía suficiente de las miradas de las personas que me veían caminar por la calle con Kanade. Culpaban a la madre, culpaban a la hermana mayor, culpaban a la madre soltera...culpaban a la sociedad, la televisión, la radio, la educación... ¿acaso los bebés se hacían solos? ¿Por qué solo la madre es la responsable?
La abuela viendo la situación, decidió que nos mudáramos. Le dijo al cliente que llevaba los sobres con dinero a nuestra nueva dirección y desde ese momento el dinero llegaba allí.
Editado: 19.02.2026