Hana recibió una llamada de Renato en la madrugada. Él le decía que su padre se volvería a casar y no con cualquier mujer, sino una con muchos talentos ocultos que se llama Eileen Diermissen, la mujer de los mil amantes.
Hana tardó varios minutos en entender de qué hablaba su hermano pero, fue Allen quien puso la llamada en altavoz, en pocas palabras decía que tener a Eileen como parte de la familia política era para usarla en la compra de acciones, activos o inversiones según le convenga a su padre.
Ambos decidieron que dejaba de ser relevante. Renato no los entendía pero, se dio cuenta que fue su padre quien los abandonó y desheredo así que lo que hiciera no era la mayor de sus preocupaciones.
Cuando se levantaron a desayunar vieron en su correo muchos sobres dirigidos a Allen y el remitente era el mismo, Midorikawa. Los invitaba a una comida en un restaurante exclusivo pues tenía negocios que hablar con ambos. Hana no tenía un buen presentimiento; estaba cansada de sospechar y creer que todo estaba mal alrededor de ellos.
Allen le recordó que quizás solo fuera ofrecer una disculpa monetaria por el accidente aunque ya habían pasado varios meses y el daño estaba hecho. Al escucharlo hablar de esa manera sentía que todo por lo que estaban trabajando se iría a la basura.
Hacia el mediodía salieron de su casa. Decidieron aceptar el ofrecimiento de Midorikawa. Pensaban que antes de que terminara el año podrían mudarse a su nueva casa por lo que querían zanjar este asunto rápido.
En el camino hacia el restaurante no decía ninguna palabra hasta el punto de ser incómodo y no disfrutar de la mutua compañía. Allen tomó la mano de su esposa solo para darse cuenta que estaba más caliente de lo habitual, si se descuidaba podía enfermarse. Hana no sabía qué decir. Temía volver a mencionar algo hiriente o se enojara con él pues no sabía cómo podría responder.
En la entrada del lugar, los esperaba el asistente personal de Midorikawa. Hana solo sabía que se dedicaban a la arquitectura y cualquier egresado se sentía afortunado de comenzar a trabajar allí además de que nadie podía solicitar, ellos te reclutan pues tenían una buena relación con universidades que imparten esa licenciatura.
Siguieron al secretario hasta el fondo del lugar, había muchos clientes que parecían habituales, no podía distinguir ningún olor a comida y al pasar, llamaban tanto la atención que sintió pena.
— Bienvenidos...— saludo el señor Takuto Midorikawa. — ¿Les gustó la fachada que diseñamos para este restaurante?
Ninguno respondió más allá del saludo.
— Vamos, no sean tímidos. —Los invito a sentarse — por favor traigamos la especialidad del chef — le pidió al mesero. Este asintió y se fue.
No había gran conversación, Hana estaba muy incómoda. Frente a un hombre de negocios ellos se veían como niños pidiendo dulces.
— Señor Til-Shiroyama, ¿ha pensado en la oferta que le propuse? ¿Me imagino que leyó alguno de los correos? — pregunto
— Si, los leí pero, no tengo interés en estudiar en el extranjero. No en este momento — contestó Allen firme.
— No desconfíe de mi ofrecimiento. Puede corroborar que es real de la manera que usted quiera, sin embargo, mi oferta sigue en pie. En todos los años que he trabajado jamás he visto a alguien talentoso como usted. Me gustaría reclutarlo para mí compañía tan pronto como termine su educación obligatoria. — dijo sin la más mínima pizca de engaño hasta parecía sincero. — ¿no me diga que ya le pusieron una buena "correa"?
De repente, sus ojos se posaron en las manos de Hana y levantó la mirada rápidamente. Si la lograba convencer a ella entonces podría dejarlo ir más rápido.
— No es ninguna correa. Quiero estudiar aquí.
— Por supuesto — contesto al momento en que servían la comida — Déjame preguntarte, ¿vas a estar pegado a ella como si fuera tuya?
— ¿Qué? — dijo ella por lo bajo. ¿A dónde quería llegar?
— Sabes Allen, cuando me di cuenta de que sobreviviste entendí que, no podía dejarte ir. Fue muy lamentable el accidente y me disculpo profundamente por invitar a psicópatas a las fiestas de mi hijo, sin embargo, está es una oportunidad única. — le platicó tranquilo.
— Lo entiendo pero, entonces si ofrece ir a estudiar como medio de disculpa entonces significa que quiere algo, ¿no? — interrumpió Hana
— Vaya, eres lista pero, no hablo contigo. — La regaño — algunas veces, me parece, que estoy envejeciendo. Estoy arraigado a las viejas costumbres de solo ver a los femeninos en casa y los masculinos trabajando fuera de ella, ¿me explico? No es un principio machista téngalo claro — añadió al ver la cara de Hana — pero, un femenino es el único que dará un hogar. Entenderé si no quieres viajar si no es con ella.
Hana vaciló. Estando fuera de su zona de confort era más fácil deshacerse de ellos u ocasionar otro accidente, si fuera su padre, planearía desaparecerlos en un lugar donde su estatus y sangre no valieran nada.
— Señor Midorikawa... ¿le debe favores a mi padre? — pregunto Hana
— Lo que yo le deba no es de tu incumbencia — contestó cortante — y déjame recordarte que tú amado padre se llevó a mi tía favorita. Lo sabías, ¿no? Los Kanronji y Midorikawa siempre han estado en una buena relación pero, no revuelta.
Editado: 08.03.2026