24 Horas Contigo

#70.- Soy Julián, tu nuevo mejor amigo

Una mañana luminosa, después de una larga noche de descanso, Hana por fin había cedido al cansancio y durmió hasta después del medio día mientras que Allen vio salir el sol. Ese día, en una tierra desconocida tendría que buscar la casa donde se hospedaría.

Unos días atrás, rechazó gentilmente la oferta de conseguir una casa para su estadía, la duración sería 3 años, así que optó por una casa compartida entre los mismos estudiantes. De repente se sentía acorralado pero, también buscaba una salida.

— ¿Hana? ¿Despertaste? — pregunto

— No…no...— contestó frotando sus ojos. Al ver el sol tan alto se dio cuenta de lo tarde que era...— ¿por qué no me despertaste?

— Dormías bien, no quise molestarte. Vamos a comer fuera así que prepárate.

— Ok...

En el hotel estarían dos noches o eso esperaba. La casa compartida que encontró estaba a 15 minutos de su nueva universidad. Hasta ese momento se dio cuenta que no había perdido su dominio de alemán de lo contrario no habría podido comunicarse.

Hana salió con un vestido de verano. Era la primera vez que lo usaba y estaba satisfecha de que le quedará bien. Caminaban buscando donde comer hasta llegar a un restaurante pequeño con mesas al aire libre. Hana estaba encantada de comer algo local pero, le parecía tan extraño que no podía evitar pensar que era un sueño.

Al terminar, recorrieron un poco las calles y terminaron llegando al frente de la universidad. Parecía un edificio muy antiguo y prestigioso para ser una universidad pública.

Allen tocó el timbre.

La puerta se abrió y se asomó una señora.

— Bienvenidos, ¿usted es Allen Til-Shiroyama?

— Si, buenas tardes, ¿usted es?

— La casera, adelante, vamos a mi oficina...— le dijo. — La universidad se puso en contacto conmigo, usted asistirá al tercer año, ¿verdad?

— Si, elegí la casa compartida por la cercanía...— contesto siguiéndola hasta el fondo del pasillo, había una pequeña habitación con un escritorio y archivero.

— Ya veo, supongo que leyó el reglamento, ¿verdad? — Allen asintió — de todos modos le recordaré lo más importante: Cada semana se compran víveres, vegetales, legumbres y carne, se cocinan tres comidas si no necesitas la porción avisar en la mañana, las cosas como galletas y frituras las compran ustedes los estudiantes y pueden tenerlas en su habitación...la limpieza de áreas comunes, el rol está en el tablón, escribe tu nombre en el espacio en blanco. Los muebles, puedes traer lo que quieras y pueda entrar en la habitación, solo hay una cama, escritorio y lámpara.

Hana entendió que solo les daban lo básico y cuando lo decía de esa manera estaba bien y de acuerdo. Allen lleno algunos papeles y platico un momento con la mujer. Escucho que como afiliados a la universidad debían cuidar de los estudiantes. Si fuera en otra parte del mundo solo les darían un cuarto sin nada.

Poco después le entregó un juego de llaves y le pidió que la siguiera a conocer la habitación diciendo que era muy hermosa.

— Si tienes algún problema o algo que no conoces, mi hijo Julián estará aquí, cursa su último año de ingeniería. Todos los días lo puedes encontrar en su habitación, abajo, desde las 6pm.

— Bien, lo recordaré...— dijo mientras ayudaba a Hana a subir las escaleras.

La mujer no tardó en mirarlos con desaprobación. No hizo ningún comentario. La habitación era de tamaño regular. Había cuatro dormitorios arriba además de que cada una tenía un baño. Al abrir la ventana, podía disfrutar de una vista al río.

— ¿Cuándo traerás tus cosas?

— Probablemente mañana al medio día.

— Bien, ya tienes la llave. Al fondo está un baño. En el piso de abajo está la sala de estar, la cocina y lavandería...— movió la boca extraño y miró a Hana...— a mí nadie me dijo que una señorita se quedaría aquí.

— No me voy a quedar...solo vine de visita...— respondió. De alguna manera se acostumbró a qué vieran su matrimonio de mala manera.

— Es mi esposa, ¿hay algún problema?

— Ninguno. Nos vemos después. — y salió.

Hana comenzó a revisar la habitación. Había un pequeño baño, un armario, un escritorio, lámpara y cama. Tendrían que comprar cortinas, ropa de cama y productos de limpieza.

— Bajaré a preguntar...— sugirió Allen. Hana asintió y se sentó en la cama. El tiempo podría pasar rápido si ella viviera allí o lento si continuaban separados. Sus pensamientos eran tan profundos que no escuchó la llamada. Al revisar su teléfono, alguien abrió la puerta de manera brusca.

— ¡POR ESO ODIO A LOS NUEVOS INQUILINOS! ¡NO SABEN GUARDAR SILENCIO! ¿QUE SE CREEN? ¡ESTA NO ES SU CASA! — apareció gritando un joven con cabello largo negro que llevan pijama y la sombra de una barba.

— ¿Quién eres?

— Debo preguntarlo yo, está habitación está designada a un hombre o es una mujer con nombre de hombre — señaló mientras la miraba.

— ¿Qué? — Hana no sabía cómo responderle pero, si ya tenía mal genio no quería molestarlo más. Tras él se abrió la puerta nuevamente y entró Allen que miró al extraño y a Hana.




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