24 Horas Contigo

#74.- La promesa de mamá

"Recuerda Rebeka, siempre debes obedecer a mamá, Mamá es la persona más importante de tu vida si le haces caso entonces todo será más fácil para que encuentres a tu príncipe azul...mi niña no debe ensuciarse las manos, ni tener pensamientos impuros; mi niña está destinada a ser amada de la manera más pura...el camino está tapizado de oro solo para ti...solo debes sonreír y alegrar a todos con tu presencia, cada persona debe obedecerte ese es tu papel en este mundo"

Despertó. Las primeras horas en esa casa le parecieron eternas. Rebeka todos los días seguía un estricto orden inculcado por su madre evidentemente. Comenzaba lavándose la cara con agua fría hasta que ya no sintiera el frío y después, elegía algunos cosméticos lo más naturales posibles que le fueran a ofrecer. Todas las noches se daba un baño así que despertaba descansada y fresca.

El desayuno lo toman exactamente a las 7:45am. Contaba cada mordida que daba y hacía un cálculo de calorías. Siempre desayunaba sola pues su madre solía trabajar desde las 6am. Después la llevarían a la escuela. Faltaba un año para que fuera a la universidad. Ansiaba asistir a una escuela de gran prestigio pero, que nadie notará que proviene de una excelente familia.

Al terminar la jornada escolar, iba a tomar el té a la misma cafetería en el mismo lugar. Miraba a las parejas llegar e irse, discutir o besarse y ansiaba poder sentir lo mismo algún día. Creía ciegamente en las palabras de su madre, supuso que cuando se enamorara de verdad, el sujeto la amaría de igual manera y vivirían en un romántico cuento de hadas.

Al culminar ese tiempo de relajación iba a la librería. Su sueño es convertirse en una escritora de fantasía. Quería contar su propia versión de lo que alguna vez fueron Blancanieves o Cenicienta. Encontrar el amor verdadero a primera vista y después solo vivir enamorados, no podía ser de otra manera.

Al final del día regresaba a casa. Su madre continuaría trabajando y ella se dispondría a tomar su cena a las 6pm. Subiría a su habitación y elegiría los atuendos de acuerdo al clima, la siguiente semana lo haría por su tipo de humor, al terminar esa semana los volvería a hacer por colores sugeridos y lo repetiría consecutivamente.

Antes de ir a dormir, exactamente a las 8:30pm, escribiría románticamente en su diario, le confesaría sobre los sentimientos que aún no nacen en su corazón, demostraría que si hay amor, las parejas pueden sobrevivir y mejor aún, que todos tienen un final feliz.

Al cerrar los ojos, se daría cuenta de que su vida es demasiado sistemática por no decir aburrida. Cuando su madre se casó, ella le aseguró que ahora que su padre la reconocería podría tener el mismo estatus que una princesa. Entonces decidió cambiar y tener más iniciativa. No imaginaba que el lugar que tanto ansiaba estaba ocupado por una fulana.

❀❀❁❀❀

— ¿Ocurre algo Rebeka? — preguntó Eileen al verla que no comía nada.

— Mamá, ¿quién es la chica del retrato familiar? ¿Es verdad que es mi media hermana?

— Hija...— y bajo los cubiertos — por favor, recuerda que entre familias poderosas hay muchos secretos y no se diga mentiras pero, debes escuchar cada palabra que diga mamá, ella jamás mentiría. Es niña, no es hija de Shinichi.

— Entonces, solo nos une el apellido pero, no la sangre, ¿cierto? Madre, ¿cuándo me casaré con mi príncipe?

— Cuando quieras amor. Te traeré fotos de chicos verdaderamente atractivos que están unidos a la nobleza tanto nacional como extranjera, cuando te decidas por uno, dime, yo veré qué estén juntos. — le prometió.

— Gracias Madre — y comenzó a comer alegremente. Lo que debía hacer Eileen para que su hija no hiciera demasiadas preguntas.

Rebeka iba por todos lados pensando en la promesa que le hizo su madre, encontrarle a su príncipe azul, de repente comenzaba a imaginarse a sí misma bailando con un vestido pomposo, en un gran salón adornado de mármol y oro convirtiéndose en el centro de atención mientras tomaba delicadamente la mano de ese príncipe que ahora ni nunca la dejaría ir.

Entre sus fantasías llegó hasta la casa anexada. Entró y encontró todas las cosas que se suponía habían tirado. Recorrió cada cuarto que estaba abierto hasta encontrar una fotografía instantánea tirada debajo de una rendija. Quizás llegó allí por el mismo movimiento de los muebles. Al recogerla, la cubrió con rapidez.

Sus inocentes ojos acaban de ver a una pareja desnuda en la cama. Nunca había visto algo similar en su vida. Su visión de un romance rosa de repente se vino abajo. Camino de vuelta a casa y mandó llamar a Helian quién acababa de salir del despacho de su padre. Le enseño la foto. Helian los reconoció de inmediato y lo relaciono con el pequeño asunto que ocurrió cuando ellos solían vivir allí.

— Destrúyela — ordenó.

Helian encontraba extraña la orden pues pudo haberlo hecho ella misma. Rompió la fotografía en pedazos minúsculos hasta que Rebeka parecía sentirse mejor. Siempre había creído en una versión bonita de lo que era tener un príncipe cerca. Se tomarían de la mano, se darían un beso y él por siempre le juraría amor para servirle toda su vida. Ahora todo parecía destruido.

— Señorita, ¿necesita algo más?

— Si... ¿tuviste alguna novia? ¿Cómo fue? ¿Cómo se conocieron? ¿Tú te confesaste? ¿Se tomaban de las manos? ¿Se besaban? ¿Le diste regalos? ¿Ibas a su casa? ¿Veías flores? ¿Iban a bailes elegantes? ¿Vestían enormes vestidos con faldas de tul y bling bling? ¿Había música romántica? ¿Aparecía la hermana envidiosa?




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