24 Horas Contigo

#75.- Cómo tejer una ilusión 

— Helian... ¿Hana ya volvió de Zúrich? — preguntó el señor Shinichi desde su escritorio.

— No, regresa este fin de semana. Hoy reservo su vuelo. — comentó tras verificar la información con una amiga cercana.

— Ya veo... ¿qué están haciendo ellas?

— La señorita Rebeka está cenando en su habitación y la señora Eileen está en su alcoba haciendo transacciones.

— De acuerdo. Consígueme los reglamentos y permisos para empacar comida.

— Sí señor.

Helian salió. Él solo podía obedecerlo para no perder de nuevo su libertad. Una vez cayó en las mentiras de esa familia y no podía permitir que volviera a ocurrir lo mismo. Caminaba por el pasillo principal cuando Eileen lo detuvo para pedirle que le consiguiera algunos libros de psicología y psiquiatría que trataran de síndromes y complejos. Él dijo que los mandaría con el mayordomo y se retiró. No resultaba extraño pues Eileen estudió psicología.

Rebeka en su habitación estaba leyendo cuentos maravillosos. Las revelaciones que tuvo en días anteriores no tuvieron más impresión que lo ocurrido en ese momento. A ella también dejó de importarle lo demás si podía conseguir su vida deseada sin hacer el mínimo esfuerzo.

Abrió la puerta y vio que su madre apenas iba a tocar para visitarla. Llevaba en sus manos un montón de carpetas.

— ¿Qué sucede madre?

— Traje la información de los candidatos para que elijas a tu príncipe, ¿quieres que las revisemos juntas?

— Si, pediré algo de té y galletas...— y tomó el teléfono.

Rebeka estaba experimentando algo parecido a una etapa de duelo. Negaba que su madre le hiciera algo malo pero, aceptaba que lo que sea que hiciera era por su bien. No quería pensarlo más pues muy dentro de ella no podía evitar creerle. Toda su vida fue su única compañía.

Una sirvienta les llevó té y aperitivos en unos pocos minutos. Eileen estaba midiendo perfectamente cada una de las palabras que diría. Las carpetas contenían información básica del hombre que investigó junto a una foto de frente. Eileen los escogió de manera muy sistemática pensando en los beneficios que obtendría de ellos a largo plazo.

— Oh el príncipe Rossi...— y empezó a leer — estaría bien pero, es algo mayor para mí...— comentó al ver los 5 años de diferencia.

— ¿Qué tal él cariño? — Y le mostró la foto del príncipe Ârud — parece salido de un cuento...aunque me parece que se ha comprometido hace poco...ni modo fuera de la lista.

Rebeka ni siquiera pudo ver la foto. En realidad, dudaba que fueran príncipes reales. Pero, también creía que un príncipe azul iría en su búsqueda.

— Mamá, ¿aún existen las monarquías?

— Algunas pero, ya no le toman mucha importancia a solo el primogénito e intentan vivir de manera más libre. Cómo la familia Til, desciende de la realeza pero, no puede heredar la corona pues hace tres generaciones, el heredero se casó con alguna sirvienta.

— Ya veo...— entonces parece que incluso si se casa con uno de la realeza no es posible que tenga un título noble. No le gustaba eso. Se imaginaba a sí misma cuando la llamarán princesa.

Los hombres de las fotos... tenían que elegir uno con mucho cuidado. Su imagen de príncipe azul siempre fue alguien seguro de sí mismo, visionario, equilibrado sin olvidar apuesto, bondadoso y valiente.

— Cielos...qué descuidada, esta foto no va aquí...— murmuró cuando la vio caer de entre las fotos desechadas e intentó moverlas lentamente antes de que Rebeka le echara un vistazo. Un hombre joven con una mirada sería. De cabello negro. — ¿Rebeka?

— Nada, ¿quién es él? — intentó tomar la foto.

— Oh, ¿Él? Allen Til-Shiroyama. Es de la familia que mencioné. Me parece que aún es soltero...— dijo mientras fingía pensarlo — pero, ¿qué te parece el príncipe Lüthi? Su rostro es tan amable y se ve tan guapo con uniforme militar.

Rebeka seguía inmersa en la foto de Allen. Si los comparaba superficialmente ese otro ganaba pero, Allen también tenía encantó.

— Mamá, ¿a los hombres les gustan las chicas fuertes e independientes?

Eileen contestó.

— Creo que las prefieren elegantes, hermosas y amables. Como si fueras a recordarles la manera en que crecieron junto a su familia para que se enamoren de ti apenas te vean... ¿es difícil?

— No...— contestó pensando que debería tomar algunas clases de etiqueta clásica para convertirse en una joven elegante.

— Rebeka, dejemos esto para mañana...Mamá también quiere ir a dormir.

— No...Seguiré viendo las fotos. Ve y descansa.

Eileen le dio un beso de buenas noches y salió. Dejó atrás la foto de Allen. Si logrará que solita se interese en él, mejor. Jamás le había parecido tan fácil hacer que alguien viviera en su mundo de fantasía, solo debía darle lo que estaba buscando aunque fuera una farsa.

Rebeka leía cada preferencia de mujer, según los príncipes que le parecieron más atractivos. Había algunos que tendrían ese título toda su vida y otros que podrían ascender a rey en algún momento, además de unos cuentos cuyas monarquías eran más emblemáticas que funcionales.




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