24 Horas Contigo

#76.- Lo importante de la apariencia

Sucedió dos días antes de regresar al país.

Hana estaba en Zúrich junto a Allen cuando llegó esa época del mes. Después de ser consciente de ese padecimiento de alguna manera podría ser obvio que notaría más el dolor lo que le provocó preocupación a su esposo.

Julián solo escuchaba que la puerta se abría y cerraba durante el día. Exactamente esos días, él tampoco se dejaba ver mucho pues necesitaba empezar a buscar un trabajo de inmediato y no faltaba mucho para que los demás inquilinos regresen al lugar por lo que su tiempo era limitado.

Ayudaría un poco a su madre a poner todo en orden pero, le sacaba de quicio una pareja totalmente enamorada que lo presumía frente a él. Los tres inquilinos restantes avisaron con horas de diferencia que si les limpiaban la habitación. Julián de mala gana comenzó a limpiar.

Subía y bajaba las escaleras con regularidad, su ropa estaba sucia y rota, sus ojos tenían unas ojeras que lo convertían en panda y ahora tenía barba. No parecía nada el chico atractivo que los recibió.

— ¿Vas a comer? Pero, ¿no acabas de desayunar? — le pregunto a Allen cuando lo vio en la planta baja por enésima vez.

— No voy a comer...— y puso una infusión cuyo aroma no reconoció, además de un recipiente con agua caliente. — de casualidad, ¿tendrás una bolsa para agua caliente o sabes dónde podría comprar uno?

Julián no sabía qué responder ante la mirada de Allen que se preguntaba quién era ese vagabundo.

— Soy Julián, sabes.

— Lo sé, si no, no habría preguntado. — contestó. Allen también tenía un aspecto cansado.

Julián sacó uno de su habitación, él a veces lo terminaba usando después de ser molestado por ser un casanova. Se lo presto a Allen. Él subió rápidamente.

No lo entendía para nada. Mientras terminaba el aseo, una mujer llegó allí.

— ¡¿Que hay Julián?! ¿Me extrañaste?

— ¿Quién eres? — pregunto al verla sin maquillaje y cubriendo su rostro a más no poder con unos lentes enormes. — ¿vivías aquí?

— Soy Svetlana. — contestó molesta quitándose los lentes dejando ver unos enormes y cansados ojos verdes que contrastan con su rostro lleno de pecas.

— Ah sí, bienvenida. — respondió y continuó trabajando. Cuando lo vio creyó que era un vagabundo.

Allen volvió a salir para calentar más agua. Se encontró con Svetlana a quien saludo con una leve reverencia. No dijeron ninguna palabra.

— Oye vagabundo, ¿quién es el chico? — le pregunto al alcanzarlo en una habitación.

— Es el nuevo inquilino. Va en segundo o tercero de arquitectura. Oye...mi madre te ha dicho muchas veces que estás en una casa de estudiantes y que deberías buscar una nueva casa, te graduaste hace dos años...— le reclamó

— Lo siento señor vagabundo pero, que esté aquí o no, no te afecta. — y subió a su habitación.

Julián trabajó un poco más y Allen subió la comida para Hana. Nunca creyó que Hana sufriría tanto dolor en ese momento que ni los analgésicos servirían para calmarla. Le daba masajes y la incitaba a dormir un poco pero, el dolor era suficiente para mantenerla despierta. No se imaginaba lo que pasaría ahora que estaría sola en casa. Consideraba seriamente dejar todo y regresar con ella.

Los días de martirio pasaron rápido, él la noto decaída, los estragos en Hana fueran muy notorios que podrían confundirlo con alguna otra enfermedad. No quería volver a pasar por lo mismo. Por la mañana, cuando iban a salir rumbo al aeropuerto, bajaron todos a desayunar. En la mesa, estaba Julián con su aspecto joven y guapo renovado, además de que estrenaba ropa nada que ver con el vagabundo de hace unos días.

La mujer llamada Svetlana también estaba allí, ese día hacía gala de una moda casual veraniega que combinaba con un ligero maquillaje natural que solo la hacía parecer que tuvo una fantástica noche de sueño.

Allen estaba un poco mejor y Hana apenas había dormido así que estaba bastante pálida y adormilada. Ni siquiera tenía ganas de maquillarse, sospechaba que dormiría durante todo el vuelo.

— Hola, soy Svetlana, mucho gusto. — saludo extendiendo su mano.

— El gusto es mío, soy Hana Kanronji — saludo. — y este es mi esposo Allen Til-Shiroyama. — Allen asintió pero, no dijo nada.

— Vaya, qué combinación tan peculiar...— río discreta — ¿no me digan que se fugaron?

— No, nos casamos legalmente hace poco...— contestó.

— Entonces, ¿están en una disputa por la sucesión? No me imagino que sentirán sus familias porque ustedes están juntos — comentó como si nada.

— Tampoco. — Respondió Allen — imaginas cosas.

— ¿Será? — sospecho y tomo un poco de comida — me imagino que la situación es así: ustedes se enamoraron pero, sus padres se oponían a su relación así que los expulsaron de la casa y ahora les hacen la vida imposible. Uno de sus padres está enfermo y el otro está muerto...incluso sus hermanos tratan de hundirlos solo para tener mayor herencia...Quizás la sucesión que ahora es muy importante, se volvería un problema... ¿tienen dinero? Venir aquí no es barato como todos creen.

Hana, Allen y Julián la miraban boquiabiertos. Pues no era precisamente lo que ocurría pero, se acercaba solo en la parte de la vida imposible. Ella seguía comiendo convencida de que acertó en todo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.