24 Horas Contigo

#79.- Si no puedes con el enemigo

Hana durmió en el hotel sin saber qué rumbo tomaría su vida ahora. Pronto se quedaría sin dinero de emergencia y tenía miedo de volver a su casa. Allen le dijo que le pediría a Franco que le enviará guardaespaldas a la nueva casa y le pedía que se mudara de inmediato pues solo faltaban unos cuantos arreglos.

Su día se componía de ir a la universidad y después a trabajar. En el hotel donde trabajaba, Marion le llamó la atención en repetidas ocasiones por causar molestias a los clientes con sus descuidos. Al día siguiente, después de las clases iría a la cafetería donde tenía que aguantar a Kendra junto a sus repentinos cambios de humor a causa de la dieta.

El gerente informó que Allen está estudiando en el extranjero mientras Kendra lloró a moco tendido durante el resto de su turno quejándose porque no estaba al tanto de la transferencia. Hana no la entendía aun así la hacía sentirse bastante molesta por no decir furiosa.

Franco fue a recogerla. Le pidió una vez más que fuera a pedirle ayuda a Mirei o al padre de ella, Aren Koban, para encontrar una solución pero, simplemente no podía hacer eso. Estaba cansada de no poder resolver nada por su cuenta pero la mirada de su amigo era tan preocupante que se le habían terminado los argumentos para negarse.

“Qué más da. Estás sola ahora. No tiene nada de malo pedir ayuda”

Sus palabras persuasivas terminaron llevándola a la casa de Mirei pero, no encontró a nadie. Desanimada, decidió ir a la casa de su tutor y hablar con él. Bueno, decirle lo que pensaba hacer pues ya estaba al tanto del problema.

La casa seguía igual de solitaria que siempre. Una doncella la hizo pasar al despacho y el señor Koban estaba sentado leyendo un libro. Siempre lo vio como hombre de negocios así que olvidaba que también era humano con pasatiempos comunes.

— Ah ¡Hana! Bienvenida

— Hola, ¿vuelve a estar solo en casa?

— No, acabo de regresar de un viaje de negocios. Mirei se quedó allá en las Islas Canarias. ¿No te lo dijo?

— No me di cuenta...mi teléfono no servía mucho y compré otro apenas ayer. — contestó.

Sin dar más vueltas, comenzó a platicarle que de verdad quería publicar su libro y le parecía extraño todo lo que sucedía alrededor de ella. Aren Koban escuchó con atención. Sabía perfectamente que ese no era el estilo del señor Kanronji y mucho menos de la Familia Til-Shiroyama pues solo atacarían, a su parecer buscaban hacerla sufrir muy lentamente.

— Hana, ¿qué te parece si fundamos una editorial? Obviamente no puedo hacer eso por mi cuenta pues te enojaras aún más pero, puedo ayudarte con eso. No te preocupes por el dinero, simplemente es una inversión a largo plazo.

— Me gusta la idea pero, ¿cómo va a saber que no hay infiltrados entre el personal?

— Me gustaría una buena casa de vez en cuando... ¿a ti no?

Hana río. Al ver que ella estaba más relajada mandó llamar a sus empleados para asignarles esa tarea. Dos asistentes reunieron información sobre futuros empleados del lugar además de buscar un edificio que funcionará para esos fines. Tardaría a lo mucho una semana para que funcionará con normalidad.

Después de la charla regresó al hotel por sus cosas y se fue a su apartamento. Franco y ella se aseguraron de que no existiera ningún equipo de cámaras ni micrófonos escondidos y que todo lo que le pareciera extraño fuera directo a la basura.

Hacia mediados de septiembre, se inauguró la editorial Kiki y con ello le daban la bienvenida a promocionar autores novatos. Aren Koban eligió el equipo de trabajo adecuado y revisaban los manuscritos hasta casi la etimología de cada palabra. El trabajo inicial de Hana también fue revisado y el nombre de Amairani fue borrado del mapa.

El señor Koban no tardaría en encontrar sus rastros pero, era evidente que su trabajo rozaba entre lo legal y lo ilegal. Incluso el doctor Scherry admiraba esa parte de él: bueno pero, malo. Eso era caminar sin miedo.

❀❀❁❀❀

— Señora, acaba de llamar Miranda...

— No me digas nada, ella no puede hacer nada bien — contestó molesta antes de tomar su desayuno. — ¿qué pasó con esa chica?

— Trabaja en el campo. Su estatus como escritora cayó al correrse un rumor de que robaba obras a otros autores.

— ¿Y la chica Kanronji?

— Su libro será publicado por la editorial Kiki. Saldrá a la venta en un mes con impresiones mínimas. Está siendo respaldada por el señor Aren Koban.

— Otra persona intocable...diles que la sigan vigilando, es posible que su familia trate de meter las narices en nuestros asuntos. Diles...

— Sí señora. — y salió la joven asistente.

La abuela Til-Shiroyama bajó a desayunar. Aún se sentía joven y bella después de una mañana de ejercicio. Todo tenía que ver a la hora de envejecer, se notaba mucho en sus rutinas pues cuando joven, fue médico militar.

El desayuno lo tomaban en silencio, su marido siempre leía las noticias extranjeras. Tenía suerte de haberlo conquistado pero, ahora parecía que esa suerte llegaría a su fin.

— Mujer, escuché que visitaste a Allen.

— Si, estudia en Suiza. Verás...él quiere ser arquitecto como su familia materna...




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