Hana estaba saliendo del campus cuando sintió una mirada sobre su hombro. Ese día precisamente había decidido instalar un equipo de seguridad en su nueva casa; sabía que Allen y Franco habían contratado seguridad, pero poner algo ella misma le hacía sentir más tranquilidad y control sobre la situación.
En sus últimas clases, se abordaban muchas cosas sobre negocios actuales y mantenerse a la vanguardia en todo. Sus profesores le recalcaban, en medio de la clase, que su estilo literario era malo y no tendría futuro en el ámbito, así que deseaban que escogiera otra carrera y dejara el lugar para alguien talentoso.
Mientras caminaba, la mirada penetrante que sentía en su nuca la hizo voltear hacia atrás muchas veces hasta que distinguió a Helian en el estacionamiento. Sabía que en ese momento no podía huir; peor aún, no podría esconderse, pues él conocía todo el lugar.
Helian caminó aprisa para acercarse a ella y la saludó como de costumbre.
—Señorita Hana, el señor Kanronji espera que lo visite hoy para una charla breve.
—No quiero.
—Señorita, le recuerdo que es mejor que yo venga y lo pida por las buenas en lugar del asistente, que quizás la lleve a rastras. —dijo en un tono preocupado.
Hana no tuvo más remedio que aceptar, principalmente porque el asistente de su abuelo los estaba observando. Subió al auto y discretamente marcó el número de Allen para que se entere de toda la situación. Al menos en casa de su padre, no le quitarían el teléfono. Cuando entró, el mayordomo dio una leve muestra de alegría al verla sana. Ella quería preguntarle el paradero de Yuu, pero ni siquiera pudo acercarse.
Hacía mucho tiempo que no había estado en esa casa y todo parecía haber cambiado, incluido el color de las paredes. No le tenía miedo a ir, solo que no había razón para llegar a tal extremo.
—¡Hana! —Escucho una voz con eco. Giró hacia el origen y miró a Renato cómo abría los brazos para recibirla. —¡Mi hermanita consentida!
—Soy tu única hermanita… —Le dijo—. Renato —lo abrazo también.
El chico se acercó lo suficiente para esconder sus labios entre el cabello de Hana y comenzó a hablarle.
—El abuelo hará esa cena sí o sí… Ahora está de viaje por Macedonia, pero no sé la razón. Papá va a proponerte un trato; sea lo que sea, deberías rechazarlo; quizás sea algo donde solo gane él, no lo olvides. —Susurró muy rápido.
—De acuerdo... ¿Harás galletas?
—Por supuesto, ahora cambié la receta... —Confirmó.
Cuando llegó a la casa, solo eran las 3 p. m.; sin embargo, su padre la recibió hasta cerca de las 5 p. m. La excusa era que tenía mucho trabajo que atender y debió avisar que lo visitaría. Hana no dijo nada; no valía la pena defenderse de una mísera provocación.
Entrar al despacho le causaba náuseas. Su padre hacía todo el trabajo desde casa y solo asistía a reuniones de vez en cuando. El orden que había allí la hacía querer tirar todas y cada una de las cosas por la ventana solo para llamar su atención. El señor Shinichi la miró… Se parecía demasiado a Dalia.
—Bien sabes, Hana… Que las familias Kanronji y Midorikawa siempre se han unido en matrimonio y han fundado negocios fructíferos a lo largo de los años, durante generaciones. También recordarás que esa tradición comenzó desde los años 1700 o quizás antes… —Hablo como cualquier discurso memorizado—. Estos años donde has jugado a la hija rebelde o la hija pródiga deben terminar.
—No estoy jugando.
—Tu compromiso con la familia Midorikawa debe cumplir cada una de las tradiciones establecidas por ambas familias.
—Puedes pedírselo a alguien más. No estoy disponible… Incluso tú puedes casarte con algún Midorikawa… —contestó.
—Tu vago humor y respuestas son iguales a los de esa mujerzuela. —Comentó entre dientes y continuó—: ¿No te parece que ya estás grandecita para comportarte de esa manera? Me he cansado de decirlo, pero llegará el día en que vuelvas arrastrándote a esta casa.
—¿Me amenazas? ¿Algo me vas a hacer? ¿Qué puede ser peor de lo que me ha pasado todos estos años?
—¿Cómo? ¿Te rindes solo con eso? Hana, eso fue el calentamiento. Te estoy dando ventaja para que recapacites.
La chica no sabía si era cierto o no. El objetivo de su padre siempre fue tener el poder absoluto de ese comercio marítimo que tanto mencionaba, pero no sabía en qué estado se encontraba actualmente.
—Desde el momento en que te fugaste con ese hombre, no había retorno en tus acciones. Te crees muy grande solo porque ya puedes concebir hijos, pero no puedes hacer nada sin el respaldo de esa amiga tuya o ese escuincle baboso al que llamas esposo.
—Entonces, ¿me pediste que viniera solo para escuchar cómo me insultas? ¿No es mejor solo casarme con uno que pedir tres matrimonios solo para no morir solo? ¡Fuiste tú quien hizo que mi madre se fuera a quién sabe dónde y también, fuiste tú quien mató a su primera esposa!
El señor Kanronji se acercó a ella de manera amenazante, pero Hana no se dejaría intimidar por alguien como él; no dejaría que un extraño le dijera cosas sin sentido solo porque sí.
—Lo sé todo, mataste a esa mujer de soledad. Le tejiste un hermoso sueño lleno de amor, pero cuando te aburrió… ¡La dejaste como un juguete viejo! ¿Tú? ¿Hablarme de amor y negocios? Primero, aprende sus significados antes de enseñarlos... Ahora entiendo por qué Nikki lloraba tanto cuando la ponías a estudiar o por qué Renato siempre escapaba de ti; ¡porque solo te importa tu maldito dinero!
Editado: 13.05.2026