24 Horas Contigo

#85.- Condena

—Señora, la comida está lista —anunció una criada.

—Muy bien, yo la llevaré, retírate.

—Sí —y salió apresurada.

La mujer tomó la bandeja y subió a una de las habitaciones que casi no se usaban. Sacó una llave de su bolsillo y abrió un candado que había frente a ella.

Al entrar, una habitación con poca luz de día dejaba ver a una joven adormilada. La mujer se acercó sonriéndole y diciendo algunas palabras al azar. Tomó el brazo de la joven y le puso una inyección. Después la sentó a su lado para darle la comida y asegurarse de que terminara toda.

La ayudó a cambiarse de ropa y volvió a salir.

❀❀❁❀❀

Más tarde, el anciano Kanronji estaba en su oficina firmando un documento que le devolvería las tierras que originalmente pertenecían a su familia. Una mala gestión y venta hicieron que cambiaran de dueño, pero eso estaba a punto de cambiar.

El contrato mencionaba dos condiciones:

La primera decía que en cada generación debía existir un enlace entre la familia Kanronji y la familia Midorikawa.

La segunda condición decía que tiene que existir un heredero para acceder a la segunda mitad del contrato.

Ambas familias valoraban las buenas relaciones de beneficio propio y, así como lo hicieron algunos reyes o gobernantes de la historia, era mejor un enlace matrimonial que diera como producto un humano que un simple papel. Los contratos se rompen, pero las líneas de sangre prevalecen.

—Anciano Kanronji, ¿qué le parece celebrar el matrimonio en enero? En diciembre puede haber una cena de ambas familias y después la boda.

—Estoy de acuerdo. Dejemos que mi asistente Anton se haga cargo de todo.

Señaló con una voz que nadie podía rechistar.

—Adelante, bueno, en ese caso me retiro. Nos veremos en la cena de Navidad.

—Lo espero con ansias.

Contesto al momento de despedirlo.

La casa volvió a quedar en silencio.

Anton apareció frente al anciano. Él es el tipo de asistente al que nada le puede salir mal y tiene planeada hasta la más mínima acción que podría poner en peligro su operación.

El anciano, como solían decirle en señal de respeto, aún conservaba la lucidez suficiente para hacer negocios. Se prometió desde el momento en que su padre le dijo que recuperaría toda la tierra, que originalmente era de ellos, y no dejaría que nadie se la arrebatara de nueva cuenta. ¿Qué era el comercio marítimo si podía tener un tercio del país? Fueron años de mucho trabajo y, por fin, tendría resultados.

—Anton, ve organizando una boda, sencilla y privada. Si es necesario, puedes vender la exclusiva. La lista de invitados debe ser mínima y triplica la seguridad.

—Sí, señor.

—Anton... ¿Te cuestionas la moralidad de mis actos?

—No, señor. La educación que recibió es correcta, así como la educación que recibí es correcta. Me retiro —y salió.

El anciano se levantó y salió a los jardines. Allí estaba Asahi hablándole a las plantas. Ella fue la única mujer que se mantuvo a su lado; sus hermanos le dieron la espalda, al igual que sus hijos. Como en su generación fue su hermano mayor quien se casó con alguien de la familia Midorikawa, no tenía necesidad de que él cumpliera esa condición.

Podría decirse que en la época que le tocó vivir, su unión fue su elección, no obligación, pues no había mucho de dónde escoger, y aunque hubiera sido diferente, no se imaginaba una vida con nadie más que ella.

—Asahi... ¿Quieres más flores? Puedo traerlas desde cualquier parte del mundo.

—No, cariño. Hace rato fui a alimentarla. Parece que ha perdido toda voluntad. Si no descuidamos sus medicamentos, podrá tener una ceremonia tranquila.

—Excelente —contestó—. Asahi, ¿qué ocurrió con ese chico?

—Lo tienen encerrado como Rapunzel. Lo dejarán salir solo con compañía que lo vigilará las 24 horas y, si es necesario, le pondrán un chip de rastreo.

—Parece que tienes todo controlado —sonrió—. Me alegro.

—Gracias, cariño.

—¿Enviaste personas a vigilar a los amigos de esa mocosa?

—Así es, pero ninguno ha intentado buscarla. También vigilan que Koban no haga ningún movimiento sospechoso que afecte nuestra seguridad y el señor Gerson ha decidido mantenerse al margen.

—Eres buena, excelente para eliminar enemigos sin luchar, te admiro —halago burlón.

❀❀❁❀❀

En Zúrich

—Julián, no has dormido en días. Deja de buscar a ese sujeto, quizás sí se fugó con la chica —le decía Svetlana.

—No se fugaron… —dijo una voz debajo de la mesa—. Ella fue raptada. Su familia la tiene cautiva en su casa y lo peor del caso es que cada vez que se presenta una denuncia, sale a la luz que ella está bien y no hacen nada, tomándolo como broma de mal gusto.

Pensativa, miró ligeramente hacia abajo y algo llamó su atención, alarmándola.




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