24 Horas Contigo

#86.- Cena de compromiso

Firma de arquitectura Midorikawa

—¿Papá? ¿Estás aquí?

—¿Qué ocurre, Jin? —hablo desde atrás del escritorio. Su hijo entró como si nada.

—Escuché que vendiste todos los derechos de tierra que has comprado el último año... ¿A quién se los vendiste?

—No te preocupes. Firmamos el contrato ayer. No hay pérdidas. —Afirmó—. En unos días tendrás tu cena de compromiso.

—¿Qué? ¿Te olvidas de que ya tengo una novia a la que amo? Papá, ¿qué tienen en la cabeza en lugar de cerebro...? —empezó a decir. El hombre escribió en un pequeño papel: "Coopera". —Bueno, pero necesitaré una explicación más tarde.

Tras ser la burla de su círculo de amigos, Jin creyó que se podría convertir en el salvador del señor Kanronji con sus inversiones, pero no tomó en cuenta que su padre negociaría directamente con el anciano de esa familia. No sabía los términos, pero él también se veía afectado por sus decisiones unilaterales.

❀❀❁❀❀

—Ven, Hana, saldremos a caminar.

Hana sentía cómo varias manos la ayudaban a levantarse. Atravesó la puerta que no recordaba haber visto antes. No podía enfocar lo que tenía enfrente y sintió como la obligaban a sujetarse del brazo de algo. Los pasos que daba eran pequeños, pero cada vez que trataba de ver, parecía que todo daba vueltas.

—Eso es Hana, ¿hace cuánto que no estiras las piernas? —preguntó una mujer que no reconoció.

Había mucha luz que no la dejaba ver. ¿Qué había sucedido en los últimos días? ¿Por qué estaba allí?

—Tranquila. Has estado enferma y debemos administrarte sedantes y somníferos para que duermas bien. —Comentó—. Si cooperas, te prometo que bajaré la dosis, ¿estás de acuerdo?

¿Cómo chingados iba a responder si no podía hablar claramente?

—Excelente. —Exclamó al ver su reacción.

La mujer la llevó al jardín. Sintió la presencia de más personas, pero no sabía si eran reales o no. Quería tocarlas y extendió sus manos, aunque no las alcanzaba. Se quedó quieta; sentía como una tira larga y fría recorría su cuerpo. Intentó moverse, intentó gritar, pero nada servía.

—Quiero el vestido listo para el 27. El vestido de compromiso es para el 20, la fiesta es el 21, así que lo necesito para esa fecha.

—Sí, señora. —dijo la asistente de la modista.

—Entonces, retírate. Debo platicar con mi nieta.

—Sí… —Y se retiró del jardín.

La asistente pasó por un episodio semitraumático donde la seguridad del lugar le revisó hasta los riñones. Nunca había sucedido y eso la asustó mucho. Las medidas apenas las pudo escribir en una fina hoja amarillenta.

—Mi Hana… —Empezó a decir dulcemente—. Actualmente, Allen está confinado en un lugar muy especial para él. A partir de este momento, tú ya no eres su esposa. Te casarás en un mes con ese chico Midorikawa y ese tal Allen será liberado.

—N... o… no… —respondió.

—En tu posición, no puedes negociar. ¿Te gustó jugar a los rebeldes? Si intentas escapar, bueno… No es como si pudieras; Allen morirá. Todo el mundo cree que se fugaron, así que no lo echarán en falta.

—Sal… SA… salv… salvar… sal… —balbuceaba.

—Al fin nos entendemos. En cuanto te vayas con él, asignaré a Bambi como tu asistente. Ella solo me obedece a mí… Te deseo un buen matrimonio con Jin. Después de tu boda, lo liberaré.

—N… o… n... no. —Y empezó a derramar lágrimas.

❀❀❁❀❀

Llegó el día tan esperado.

El anciano recibió a sus invitados en su casa. La seguridad aumentó de manera drástica. No era suficiente pasar por los protocolos normales; añadió una inspección inusual donde los guardias obligaban a los recién llegados a cambiar de ropa en lugares especiales para revisar hasta las costuras de cada prenda.

El señor Kanronji llegó acompañado de Eileen y Rebeka. Detrás de él, llegaron Renato, Nikki y Charles. Unos minutos más tarde aparecieron Jin, Takuto y Jeanne Midorikawa, quienes le saludaron cortésmente. Pronto serían familia política, por lo que trataban de llevarse amablemente.

La exquisita cena fue probada por catadores frente a ellos y el anciano les dio la bienvenida. Parecía más feliz de lo usual.

Quien se robó todas las miradas fue Hana; vestía en un tono serenity de una sola pieza. Jin se acercó a ella para ofrecerle la mano y escoltarla hasta la mesa.

Hana estaba bastante tranquila; la dosis que le administraban fue reducida para que se muestre con movimientos más naturales. Jin se pudo dar cuenta de que algo andaba mal allí y a nadie le parecía importarle.

—Hana, por favor, prueba esto… —dijo al darle un bocado de su plato.

Eileen estaba encantada con eso. Rebeka por fin conoció a su hermana y no podía creer que fuera tan afortunada como para tener a un hombre así a los pies; también pareció recordar que ella tenía una foto con otro sujeto, pero no había manera de que este estuviera a la altura de este hombre.

Al terminar la comida, los sirvientes les indicaron el camino hasta el jardín interior donde Jin pediría su mano oficialmente. Cuando tomó a Hana, se pudo dar cuenta de que temblaba, pero no sabía la razón. Eileen iba del brazo de Shinichi, quien no parecía nada contento.




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