24 Horas Contigo

#87.- Boda secreta en boca de todos

—Hana, te ves hermosa con ese vestido; como tu madre, me alegra que por fin tomes los asuntos de tu familia en tus manos —dijo Eileen mientras le ayudaba a acomodar el velo—. Aunque ya no eres virgen, no importa, nadie llega virgen al matrimonio. Es parte de conocer el mundo y divertirse en la travesía —sonrió.

Eileen y la abuela se aseguraban de que Hana estuviera lista. Bambi también se unió a ellas; tenía la tarea de suministrar sedantes a Hana para que no hiciera ningún movimiento incorrecto.

—Hana… Vamos, deben tomarte fotos con tu marido. No olvides sonreír.

La boda programada en un mes se adelantó por orden de la abuela. Hana caminaba con su vestido color hueso por el largo pasillo donde Jin la esperaba vistiendo un frac.

Bambi iba sosteniendo la cola del vestido y Eileen le daba los últimos toques de maquillaje. Se asombraban de sus habilidades; Hana parecía más saludable que los últimos días.

Jin la tomó de la mano y siguieron cada una de las órdenes del fotógrafo, quien también tenía la orden oficial de revelar algunas fotos y llevarlas a ciertos destinatarios.

La ceremonia fue oficiada y terminada con un romántico beso inmortalizado en una fotografía. La cena fue más una plática entre adultos y sus negocios crecientes o a punto de fallar. Hana quería decir muchas cosas, pero se sentía atrapada en su mente. Llevaba mucho tiempo sin hablar y las palabras no salían; se limitaba a sonreír, tratando de mostrarse cooperativa y sin segundas intenciones.

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—Kanade, llegó correo para ti… —dijo Sandra entrando a la casa.

—¿Hay personas que aún usan correo escrito? —preguntó extrañado mientras cargaba a su hijo—. ¡Abre el sobre!

Sandra obedeció. Contenía unas fotos y una nota que decía "Gracias y Adiós". Las fotos eran de una pareja recién casada. Las miro con atención y no podía creer lo que veía.

—¿Hana?, pero ese no es Allen… ¿Qué ocurrió? —preguntó asustado—. ¿Qué ocurrió?

Marcó su número, pero estaba fuera de servicio. Hace tiempo que no la veía e imaginaba que estaba ocupada, no casándose con alguien más. Siempre le pareció que junto a Allen era un matrimonio estable. No sabía qué más pensar.

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—Señorita Mirei, llegó correo.

—Mady, ¿sabes dónde está papá?

—En un interrogatorio. Fue arrestado por tráfico…

—¿Qué? ¿Y por qué no sabía?

Mady no respondió y se retiró tras cerrar de nuevo la puerta. Mirei abrió el sobre bruscamente y cayeron fotos. Allí estaba su amiga en el altar con ese Jin. Vaya, el abuelo por fin se salió con la suya... Solo así podría estar contento. Rompió las fotos en miles de pedazos y las arrojó por una pequeña rendija de su ventana. A ese hombre no se le escapa nada... Con razón su padre fue arrestado.

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—Tenga, le mandan esto.

En una habitación sin ventanas y poca luz, Allen había estado sin poder pensar en ninguna posibilidad de escapar. Le recordaba a una habitación extraña que su padre construyó en su antigua casa.

Encendió la lámpara y en sus manos había varias fotos.

—Hana... ¿Qué hiciste? ¿Por qué lo hiciste?

Se lamentaba, esperando que alguien le dijera qué había ocurrido. Poco después, entraron en la habitación y lo dejaron inconsciente. Lo cargaron hasta una ambulancia que prepararon antes. En su mente, solo estaba la última imagen de su amada esposa que decía que lo amaba y lo protegería. Las fotos seguramente eran falsas; no debía creer que ella hizo algo así solo porque sí o quizás fue obligada. Había un sinfín de razones para no creer en ese engaño.

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La noticia de un enlace tan importante no pasó desapercibida. Aunque no tenían fotos oficiales, tenían muchos testigos, quienes decían que jamás habían visto una pareja tan amorosa como ellos.

También desmintieron el rumor que decía que Hana se casó con anterioridad, aclarando que ella actuó en lugar de su amiga, quien no podría estar presente en su propia ceremonia. Aunque se viera demasiado sospechoso, no podían añadir más información de la proporcionada o, de lo contrario, despertarían en un lago de desechos químicos.

Anton dispuso todo lo necesario para la luna de miel. El anciano asignó a otro de sus asistentes a estar al lado de Jin además de Bambi. Solo para la luna de miel, su medicación sería una vez al día; tendría suficiente lucidez como para tener relaciones, pero no demasiada como para intentar huir.

Llegaron a la isla que administraba la familia Gerson; Jin la llevó a la mejor habitación, que tenía una cama con dosel de terciopelo. De inmediato, cumplieron sus órdenes tras asegurarse de que Bambi estuviera algo lejos.

—Hana, ve a darte una ducha.

Obediente, fue al baño. No podía nombrar el lugar. Se quedó allí hasta que Jin entró y le puso una bata. La sacó y él fue a bañarse.

De la mano, la llevó a la cama donde secó su cabello. Le puso un pijama y aprovechó para ponerle crema mientras miraba alrededor. Sus hombres habían revisado la cama y la habitación donde encontraron un micrófono en una decoración falsa.




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