Hana, pon atención. Legalmente, sigues casada con ese sujeto; papá arregló el certificado de matrimonio para nosotros. Vivirás en la casa conmigo y memorizarás las horas en las que Bambi te inyecta y a la hora en que informa a su ama… Por favor, no te desesperes, hay muchas personas que te ayudarán, ¿sí?
Después de la luna de miel, regresaron a la casa de Jin. En la entrada, había muchas macetas con plantas; al entrar, solo había unas cuantas decoraciones. Lo recibió una joven mujer.
—Mira, Hana, ella es Reed; estará aquí para lo que necesites.
—Yo me encargo de todo lo referente a la señora Hana —señaló Bambi— y Prince es su guardia de seguridad.
—Sí, lo sé... pero Reed vive en mi casa y ella sabe cómo me gustan las cosas —respondió Jin, adiós amabilidad.
Reed los llevó a su habitación. En esa casa, acostumbraban a tener habitaciones separadas, pero un solo dormitorio; es decir, había una habitación para que Hana tuviera sus cosas como ropa y maquillaje, que además conecta a un dormitorio. Bambi lo examinó a fondo y después le permitió entrar. Hana no estaba ni maravillada ni asombrada. Quería ver y hablar con Allen.
—Jinpei… —dijo en voz muy baja— cuando regrese a la universidad... ¿Me permites continuar con la escritura? Quisiera seguir escribiendo libros.
—Seguro, lo que te haga feliz, me hará feliz.
Le dio un beso en la cabeza y salió.
Jin era un hombre muy ocupado; además de estar en la firma de su padre, también realizaba algunas labores sociales en las cuales Hana, por el momento, no se vería involucrada.
Reed le llevó un aperitivo y un mensaje de Jin, en el cual le decía que llegaría tarde para cenar y que se fuera a la cama antes. Hana asintió y le pidió a Reed una gran cantidad de papel y una pluma. Necesitaba escribir y Bambi no le dejaría usar ningún dispositivo para ese fin.
—Señora… También el señor Jinpei me dijo que le entregara este celular, así él la llamaría directamente.
—Oh, gracias… —Y extendió la mano. Bambi lo interceptó y movió algo durante un rato antes de entregarlo.
—Señora Hana —dijo Bambi—, déjeme recordarle que su medicamento se toma dos veces al día. Cambiaré las horas a partir de hoy.
—Sí… —contestó desganada. No podía hacer nada, no porque no quisiera, sino porque su cuerpo estaba adormecido la mayor parte del día.
Reed salió de la habitación avisando a su jefa que debía ir a llevarle algunos papeles a Jinpei a su oficina. Prince la siguió todo el camino hasta asegurarse de que no se desviara del camino o se reuniera con alguien potencialmente peligroso para los intereses de ese viejo loco.
Ella subió a la oficina, saludando a todos. Jinpei la dejó entrar y le ofreció un asiento.
—Reed, necesito que mañana vayas de compras con Hana. Además, contrata a un nutriólogo; está demasiado delgada.
—Sí… Jin… Te preocupas demasiado por ella... ¿No me digas que te interesa?
—No seas tonta —contestó sin mirarla—. Solo hago lo que padre me ordena. No hay nada más… Cuando esto acabe, tú, Tonio y yo viviremos bien.
—Ok, confío en ti… —contestó y regresó a la casa.
Mientras Reed está afuera y, después de asegurarse de que Hana durmió, Bambi bajó a investigar toda la casa. Debía velar por la seguridad de su ama provisional. No encontró nada fuera de lo particular. El personal siempre hacía oídos sordos a todos los asuntos de la familia y ellos se dedicaban a sus tareas diarias. Nada inusual. Aun así, no se confiaría.
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Esposa, ese celular está a nombre de Reed; puedes usarlo sin problema. Tiene un programa especial que no permite filtrar información. Sé buena.
Solo durante la noche era posible intercambiar algunos mensajes. Reed encontró algunos micrófonos en el dormitorio y la habitación privada de Jin. Reed trataba de no dejar a Hana sola con Bambi y, con el pretexto de enseñarle de todo, la acompañaba a todos lados.
Cuando los visitó el nutriólogo junto a otro médico, informó que la joven dama tenía bajas defensas, carencia de vitaminas y otro montón de cosas. Hana empezaría a llevar una dieta especial para recuperar el peso que perdió; de cualquier manera, todos los alimentos estaban medidos y pesados como a Bambi le fue ordenado.
Algunas veces iba de compras después de la universidad. Bambi también estaba en sus clases vigilando de cerca, al igual que en la editorial. Su segundo libro se vendió como pan caliente y se alegraba de que ese dinero se depositara en una cuenta compartida que tenía con Allen de titular.
Aún no se había animado a usar el teléfono; Bambi no le quitaba un ojo de encima ni cuando iba al baño; le entregaba las prendas que usaría después de ser inspeccionadas. No sabía qué hacer y se estaban agobiando. Reed le informó que cada vez que salía, se ponían en marcha alrededor de 20 hombres para seguirla.
Estaba asustada. Tenía mucho miedo de que, al intentar algo, Allen también resultara afectado y se sintió más inútil que nada. Su atención se desvió algunos días al enterarse de que Aren Koban recibiría acto de formal prisión sentenciado por tráfico y detalles no revelados.
Editado: 13.05.2026