El clima continúa bastante frío, lo que es molesto para mis pies.
Poco a poco he recobrado lucidez en mi mente y procesado la información del último mes. Jin, aunque sé que tiene buenas intenciones, la mayor parte del tiempo me ignora. No me quiero imaginar qué pasará si intento contactar con alguien. Escuché en las noticias que el señor Koban sigue en prisión, lo que me hizo estresarme bastante.
Bambi está frente a mí; fingí leer esta revista en la última hora y es tiempo de que me administre la medicina. No sé qué cantidad es ni dónde la guarda, mucho menos en qué momento da los informes a la abuela.
Me pregunté cómo estaba Allen y, al parecer, Reed lo entendió, pues el mismo día me dijo que estaba bien. Que confiara en ellos. También escuché que Franco está atrapado en su país y Mirei en su casa. ¿Debería intentar contactar con Akira? No, es demasiado arriesgado, pues siempre estoy vigilada por Bambi.
—Señora Hana —entró Reed—, el señor Jin le pide que responda su teléfono. De cualquier manera, llamó para avisarle que hoy saldrán a cenar.
—Gracias… Me cambiaré… —contestó. Miro a Reed con atención; no podría ocultarlo más tiempo. —Reed.
—¿Sí?
Hana hizo que se acercara lo más posible.
—No te preocupes... Jin y yo no hacemos nada...
—Lo sé… Confío en él… —respondió sonriendo y salió.
Más tarde, le llevó un vestido rojo. Hana se negó a usarlo, pero tampoco tenía otra opción. Se vistió y bajó al vestíbulo, donde Bambi, Prince y el chófer los estaban esperando.
Subieron al auto y llegaron a un restaurante; la reservación ya estaba hecha. Apenas entraron, Bambi revisó la habitación a fondo. El restaurante era bastante elegante como para tener habitaciones para los comensales. Terminó y apareció Jin.
—Esta es una cena solo para mí y mi mujer. ¿Qué haces aquí?
—Mi deber es proteger a la señora Hana —reiteró.
—Estaré con ella, sal ahora... Debes estar tres pasos lejos de la puerta, ¿entendido?
—Sí, señor. —contestó Bambi y salió.
Jin rebuscó en la habitación y encontró un micrófono. ¿Pues estas personas de dónde sacan tantos que ni privacidad pueden tener? Tan desconfiados eran que hacían de todo. Usó una grabación propia de una vieja conversación y la puso cerca del micrófono, lo que sea para ganar tiempo.
Sirvieron la cena. Jin y Hana comían en silencio. Antes del postre, le dio un celular con auriculares. Trato de decirle que se mantuviera en silencio. El celular se encendió y apareció un número desconocido. Hana contestó y apareció la imagen de Allen.
Es difícil decir cuánta emoción sintió después de no verlo por casi tres meses. Allen se veía cansado, su mirada cada vez más fría y sus labios secos; quizás lo estaban torturando. Él le dijo por medio de señas que estaba bien y duraron casi 20 minutos solo mirándose.
Jin le sirvió el postre, le dijo que ya no hiciera más ruido y movimientos extraños.
Se despidió de Allen mandando besos. Jin lo encontró desagradable. Al terminar, regresó el celular a Jin, quien tenía la mirada perdida. Cuando terminaron de cenar, fueron directo al auto. Bambi iba detrás de ellos.
—¿Reed es tu novia?
—¿Por qué tan interesada?
—Entonces, ¿no lo es?
—Sí… Poco después de que rompiste el compromiso, la conocí, pero ahora estoy casado contigo.
—¿Hay algo que pueda hacer?
—Háblame de Bambi.
—Su mirada siempre está en mis manos. Esta semana ha cambiado la hora del medicamento y nunca he escuchado que le llame a alguien.
—¿Has notado algo distinto?
—Hmmm, parece la misma dosis, pero pasó más tiempo adormilada…
—No estoy seguro, pero quizás deje de administrarlo en seis meses máximo. Debe pensar en los hijos que tendremos.
—¿Eh?
—No te asustes… No hagas nada que entierre nuestros planes porque, si algo le sucede a Reed, serás tú quien pague.
—Entendido —contestó. Por su tono de voz sabía que no estaba bromeando.
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Zúrich
Allen estaba en su habitación tras terminar con la llamada. Aprovechó que su gorila tenía que informar y fingió estar dormido para que ya no lo molestaran. Más tarde, Julián irrumpió en su habitación diciendo que tenía miedo a dormir solo y se metió en la cama de Allen.
—¿Qué? Yo no tengo esos gustos.
—Yo tampoco, eres tan delgado que el frío entra entre las sábanas —señaló—. ¿La llamaste?
—Sí, gracias. ¿Dónde está el gorila?
—Abajo cenando. —Le tocó la frente—: Creo que tienes algo de fiebre.
—Julián... ¿Crees que la vuelva a ver?
—Por supuesto, confía en nosotros. Sabemos que es horrible no hacer nada, pero es peor hacer algo imprudente… No te pediré paciencia, pero… —Y bajó aún más la voz—. Svetlana saldrá de viaje de negocios. ¿Quieres enviarle algo a Hana?
Editado: 13.05.2026