24 Horas Contigo

#90.- Brotes

—¿Cuánto quieres para trabajar para mí?

—Nada. No tengo precio.

—Tonterías, todos tienen un precio. —dijo el hombre.

—Bien… —contestó—. ¿Qué tal si resucita a Yuu Akabane y entonces hablamos de un precio? —Y salió sin que nadie le impidiera atravesar la puerta.

❀❀❁❀❀

—Reed, escuché que tendré un guardaespaldas además de Bambi, ¿es cierto?

—Sí, quieren que Bambi deje de vigilar las 24 h, así que Jin le sugirió que pondría más vigilancia cuando saliera.

—¿Y es uno de los hombres de Jin?

—No, es un hombre que solía ser un subordinado de Koban… Ya sabes… De ellos… —contestó Reed alejándose de Hana antes de que Bambi la recogiera para ir a la universidad.

Bambi le dio el medicamento como cada día y bajaron a desayunar. Jin estaba esperándola en el comedor.

—Esposa, tengo un regalo para ti.

—¿Un perro?

—Algo así… —Sonrió—. Coco, entra.

Un hombre alto, delgado. Tenía la mitad de la cabeza rapada y un tatuaje que nacía en el cuello donde se distinguían flores y una enredadera. Bambi lo examinó de pies a cabeza. Usaba un delineado muy marcado en sus ojos y tenía cara de pocos amigos.

—Él es K. Hajime. Estará a tu servicio desde hoy en lugar de Prince.

—¡Vaya! —rezongó Bambi—. ¡Un nombre falso sacado de una historieta!

Molesta y sospechando de él, comenzó a quitarle el saco y la camisa. Si era subordinado de Koban, como decían sus fuentes, debía tener un tatuaje en el pecho que indicaba su alto rango. El hombre no hizo ningún movimiento extraño ni intentó defenderse.

En efecto, Bambi encontró un tatuaje que decía tercer rango. Le lanzó la ropa.

—¿Quién te envía? Los seguidores de Koban están en prisión acompañándolo —señaló—. ¿Qué quiere aquí?

—No tengo obligación de responder eso —contestó mientras se vestía de nuevo.

Bambi, molesta, lanzó el primer golpe. La noche anterior recibió un mensaje de los ancianos avisando que iría un nuevo guardaespaldas al servicio de Hana. Solía ser un subordinado directo de Koban y el encargado de todas las finanzas de su división.

—¡Bambi! —Hana alzó la voz—. Contrólate.

Bambi la miró con odio. Su golpe fue detenido por el recién llegado. Se miraron un momento. No debía bajar la guardia.

Hana se despidió de Jin y fue a la universidad. Bambi no se despegaba de ella en ningún momento para no dejarlos solos. Hana fue a sus clases como cualquier otro día.

—Ejem, ¿Coco?

—¿Sí, señorita?

—Bambi no me dejará sola ni en el baño… —¿Cómo debía decirle si no podía hablar o hacer ningún movimiento extraño? —Más tarde, iremos a la editorial Kiki.

—De acuerdo, señorita… —contestó tras notar su duda.

Después de clases, Hana tenía una reunión con su nuevo editor. Empezaría una nueva trilogía, pues la última se vendía muy bien, principalmente entre jóvenes. Bambi no podía entrar a esas reuniones; los empleados tenían que mantener en secreto todos los materiales que allí se revisaban para evitar filtraciones incómodas.

—Coco, ¿cómo está Mirei? —pregunto. Él estaba detrás de ella.

—¿Y por qué debo contestar eso?

—Es mi amiga... ¿No puedo saber lo que le sucede?

—Pues eso no cambia las cosas, pero Mirei está en arresto domiciliario. No podrán verse en un tiempo hasta que Koban salga de prisión.

—Ya veo. Coco, ¿ese de verdad es tu nombre?

—Sí —respondió.

—No hablas mucho, ¿eh?

—Señorita… Solo estoy aquí por orden de Koban… No pretenda que somos amigos o que podemos serlo.

—Me recuerda a mi amigo Yuu; hace meses que falleció, pero no hay día en que no piense por qué se arriesgó tanto por mí si yo no lo valgo tanto como él cree.

—Claro que no vale —respondió—. El único pago en el que nadie recibe dinero es vida por vida, pero si ese Yuu la ayudó, no es por amistad ni órdenes. Simplemente fue la voluntad de un humano.

—Coco, eres bastante grosero.

—Establezcamos límites, señorita. Si una bala viene a usted, yo debo salvarla; ni más ni menos, ¿es suficiente?

—¿Y si quiero hablar contigo? Bambi no me deja hablar con nadie y me siento sola —confesó esperando una respuesta positiva.

—Ya veremos.

Terminó la reunión y salió.

Bambi no dejaba de vigilarlo.

No podía confiar en él.

❀❀❁❀❀

Zúrich

—Allen, ¿quién te quiere, compañero? —dijo Julián abrazándolo por la espalda en la universidad.

—Pues mi esposa —respondió alejándose del contacto—. ¿Necesitas algo?

—Svetlana le entregó el regalo a Hana —comunicó—. También se enteró de que un subordinado de Koban, no sé quién sea, estará al servicio de Hana... ¿Acaso no es bueno? Podrán hablar más seguido.




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