Hana estaba desayunando en su habitación.
Hace unas noches, Jin le avisó que saldría a un viaje de negocios y estaría fuera al menos tres días; se aseguró de decirlo lo más alto posible para que Bambi levante la oreja. Incluso se llevaría a Prince para que lo protegiera.
Hana, por más que intentaba averiguar los patrones de Bambi, no lo lograba; pues notaba que de manera sutil los cambiaba de vez en cuando sin recibir aviso alguno de su jefe o mostrar algún patrón que pudiera diferenciarlo.
Llegó abril y lo único que pensaba era que Allen se sentía solo en ese lugar.
Coco no le quitaba ni un ojo de encima. Él también estaba bajo la mirada de Bambi, quien aún no se fiaba de su presencia en esa casa.
—Coco, vamos a la universidad. Tengo exámenes.
—Enseguida, señorita.
A diferencia de Hana, Coco se dio cuenta de que Bambi llevaba una pequeña jeringa que guardaba en su saco. En una ocasión, al revisarlo, se dio cuenta de que era un compartimiento oculto entre el forro y la tela. Específicamente, era una abertura del tamaño de un ojal que pasaba desapercibida. No hizo ningún comentario, pues tampoco podía fiarse de las personas alrededor.
Coco conducía con tranquilidad dado que tenía algo de tiempo extra. Hana miró a Bambi, que no dejaba de ver a Coco; sintió enormes deseos de molestarla.
—Bambi... ¿Qué tal llevas el celibato?
—¿Eh? —hizo un pequeño ruido y giró la cabeza al frente.
—Bambi... —preguntó Hana—. ¿Hiciste un voto de castidad?
Apenas logró ver cómo cambió el color de su cara, ocultó su rostro entre sus manos y respondió.
—No tengo tiempo para eso. Sabes bien que debo vigilarte.
—Pero el trabajo no interviene con una relación romántica, por ejemplo… Coco tiene novia —respondió—. Coco, ¿verdad que sí?
—Así es, señorita —respondió siguiendo la corriente—. Es mi novia de instituto.
Bambi giró su cabeza tan rápido que parecía que se rompería el cuello; sus ojos escupían fuego y le dio un golpe tan fuerte en la cara que pareció romper algo.
—Llegamos —y bajó.
—Lo siento, Coco, no sabía que te golpearían —se disculpó Hana.
—No se preocupe, haré cualquier cosa para hacerla pasar un mal rato. —contestó. Hana se bajó y Coco fue a estacionar el auto. Mientras Hana estaba en clases, Bambi estuvo distraída un momento... Mejor dicho, fue toda la jornada escolar.
En varios días, semanas, meses... En el tiempo que ha pasado, jamás se sintió tan libre. Su mente estaba lo suficientemente despejada y sus músculos se sentían relajados por respirar y moverse a voluntad. Hana pasó frente a Bambi, le hizo señas con las manos y salió corriendo.
Cuando Bambi volvió en sí, el aula estaba vacía. Se preocupó; si su jefa sabía que le quitó un ojo de encima, la castigarían y salió a toda velocidad a buscarla. No tenía constancia de que seguía en el campus y no tenía forma de localizarla, pues ella confiscó el teléfono de Hana.
Mientras tanto, Hana estaba en el auto con Coco haciendo una llamada desde su teléfono. Esperaba que pudiera contestar.
—Diga… —dijo una voz de hombre adormilado.
—Quiero hablar con el inquilino de la habitación 3.
—Espere…
Escuchaba el ruido de caerse de la cama, abrir y cerrar la puerta... unas escaleras crujiendo, tocar una puerta con golpes fuertes.
—¡Oye! Toma tu porno telefónico...
Hana escuchó cómo el teléfono cayó.
—¿Hola?
¿Cómo no reconocería la voz de Allen?
—¿Esposo? —Hablo apenas conteniendo las lágrimas—. Soy Hana…
—¿Cómo estás? ¿Te sientes bien? ¿La abuela te lastimó? ¿Con quién vives? ¿Qué te dijo ese chico? Explícame lo de la foto… Cielos… No sé qué decirte... Quiero hablarte de todo, pero solo digo mensadas.
—Estoy bien… Apenas despisté a mi gorila. Quiero verte...
—No quería decirlo, pero es imposible... Al menos pronto... Te extraño mucho.
—Lo sé… Es difícil ese sueño… Pronto nos reuniremos... ¿Verdad?
—Sí... Pronto… —contestó Allen—. Hana... ¿Miraste la luna? La luna es hermosa.
—Sí, es hermosa.
Hana colgó de manera abrupta cuando vio a Bambi bajando las escaleras del estacionamiento. Estaba bastante agitada. Le regreso el teléfono a Coco.
—Bambi, nos íbamos a ir sin ti… —dijo actuando como si nada. Al menos ganó 10 minutos para escuchar su voz.
—Coco… Dame tu teléfono… —Pidió Bambi como si fuera una orden. Coco se lo entregó sin negarse. Al encenderlo, había una foto de una mujer muy masculina o un hombre con rasgos femeninos; lo desbloqueo y su última llamada era hacia algún lugar cerca de la ciudad. Regresó el celular a su dueño—. Señorita Hana, me veré en la necesidad de informar que intentó escapar.
—Genial, también informa que estabas medio dormida en tus horas de trabajo. No sé si por falta de sexo o sexo en exceso —miro a Coco—. Vámonos, quiero comprar ropa interior.
Editado: 13.05.2026