24 Horas Contigo

#92.- Un torbellino de emociones

Un hermoso conejo de Angora hizo que la casa se sintiera más pacífica y menos una prisión. Tal como había dicho Jin, Bambi se mantenía a una distancia prudente. Su alergia parecía haberla atacado durante la noche, pues cuando se presentó a trabajar tenía cubierta hasta la mínima parte de piel que no fuera la cara, donde ahora usaba un cubrebocas.

—Señorita...

—¿Qué necesitas, Bambi?

—Hmmm… Olvídalo. —dijo. Claro que era más importante una misión que su vida.

Hana dejó que el par de conejos se paseara por la casa. Le pidió a Jin una pareja para su conejo porque no quería que estuviera solo; el tiempo que estuviera allí quería pasarlo alejado de Bambi a como diera lugar.

—Esposa... ¿Deberíamos intentar tener hijos? ¡No me importaría tener una copia mía!

—Jin, pero qué pícaro —contestó conteniendo la risa—. Podemos intentarlo esta noche… Me vestiré con algo especial para la ocasión.

—Te estaré esperando…

Accedió cuando se iba a trabajar.

Bambi se sentía muy mal y de verdad mal, pues olvidó dos días seguidos ponerle la inyección. Al tercer día, no se levantó de su habitación. Hana sabía que Prince estaba cerca, así que anunció que iría a visitar a su pobre guardia, que no sabía que era alérgica a los conejos de Angora y, pues, no rechazaría el regalo que le dio su marido solo por ella.

Según investigó Bambi, en granjas especiales de conejos se criaban para aprovechar su pelaje y convertirlo en tela, después en prendas de alta gama. Los conejos originalmente son de Turquía; era obvio que ella no tendría conocimiento de sus propias alergias.

—Coco, nunca he estado aquí —dijo mientras caminaba a la parte de atrás de la casa.

—Bueno, no debería —y rió un poco.

—¿Qué solías hacer antes de ser mi guardaespaldas?

—Era administrador. —contestó, pero no añadió más.

—Qué fascinante. El señor Koban es mi tutor; cuando mi padre me dio la espalda... sabía a qué se dedicaba, pero para mí no fue importante. El hecho de que me ayudó me hizo continuar.

—La entiendo… —Contestó. Ese día llevaba un traje de rayas. —También me beneficié con su ayuda.

Llegaron a una puerta. Decía "habitación de Reed"; Hana sabía que ningún hombre debía entrar, pero tampoco la podían dejar sola, así que Coco la acompañó. Prince tuvo que quedarse afuera.

—¿Hola? ¿Reed? —dijo tocando la puerta.

—Adelante —escucho desde adentro.

Hana entró. Reed estaba en su cama leyendo un libro sobre maternidad.

—Señora Hana, ¿qué hace aquí?

—Escuché que en unos días te irás con tus padres —comentó.

—Sí, así es.

—Te traje algo… —dijo extendiendo su mano hacia Coco, quien llevaba una bolsa pequeña. —¿Coco?

Coco la entregó. Reed recibió una pequeña manta enrollada.

—Gracias, pero ¿cómo lo sabías?

—Porque tú no eres una sirvienta, ¿no?

—¿Qué? ¿Te diste cuenta?

—Claro, eres bastante torpe —dijo Hana—. Eres la mujer de Jin, ¿no?

—Sí. Nos conocimos en esa fiesta de arquitectos… Supongo que fue amor a primera vista. Su padre nos dio la bendición, así que planeábamos casarnos, pero después ese anciano comenzó a ofrecer grandes cantidades de dinero por comprar ciertas tierras en posesión de la familia y llegamos a este resultado.

—Entiendo y te debo una disculpa… —Confesó Hana. ¿Cuántas personas sufrirían por la ambición de su familia?

—No te preocupes… Confío en Jin. Nuestro bebé… Crecerá a su lado, lo sé...

—Reed... ¿Puedo tocar? —preguntó avergonzada.

Reed asintió. Justo al momento sintió una patadita. Esperaba que pronto Reed fuera feliz con Jin. Si no fuera por su causa, entonces no tendrían que estar separados; al final, ella era el origen de todos los males.

—Señora Hana, no debería estar aquí... ¿A qué vino?

—Vine a ver a Bambi… —contestó—. No es ser buena persona, pero si le pasa algo, el abuelo podría enviar a alguien peor que Anton.

—Entiendo. Debería irse rápido.

—Sí... ¿Has decidido el nombre?

—Sí, se llamará Tonio —contestó.

Hana no pudo sostener la plática más. Muy en su interior sentía envidia de ver que ella tendría un bebé y posiblemente la misma Hana no lo haría. Acepto ese hecho, pero eso no quería decir que no dolía.

Salieron de la habitación tras despedirse. Coco iba detrás de ella; sabía que algo le estaba causando incomodidad, pero no hizo ningún comentario. Llegaron a la habitación de Bambi. Estaba sentada en la orilla de la cama con la puerta entreabierta.

—¿Qué?

—Vine por mi medicamento —pidió Hana.

—No te toca hoy…

Anunció y se acostó. Usaba un pijama.

—Vete.




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