24 Horas Contigo

#94.- Confusión

La noticia del nacimiento de un sucesor se regó como pólvora. Los empleados cuchicheaban entre ellos que su nueva señora estaba demasiado débil como para dar a luz un bebé; en contraparte, se alegraban por la noticia.

Bambi y Coco no tenían permitido entrar al dormitorio, así que apenas podían ver a Hana.

—Toma, Bambi —le dio un vasito con café—. No ganarás nada con quedarte en ese lugar y lo sabes —señaló Coco.

—Lo sé… Pero… Siento que es mi culpa… La señora Hana no puede dormir porque el dolor es constante... ¿Y si no está embarazada?

—No te debería importar, ¿no? Después de todo, tu jefa no quiere bisnietos de ella. —Contestó agresivo.

Sin embargo, la verdad era muy diferente. Según el médico personal de Jin, ella sufría de una toxicidad de vitaminas. Esa era la causa de que su estado de salud se desmoronara rápido; su tratamiento solo requería que dejara de consumir suplementos vitamínicos que no necesitaba, así que Bambi tenía prohibido entrar a verla. También, su estado empeoró cuando llegaron esos días, pues los calambres la dejaban en la cama. Jin estaba preocupado; los últimos días se dio cuenta de que Hana no es mala, solo quería escapar de las reglas impuestas por su familia. Incluso se enteró por causa de Reed de que Hana fue a visitarla, además de darle regalos para el bebé.

La fabulosa noticia salió de esa casa y los medios de comunicación comenzaron a indagar sobre un posible sucesor y lo que ocurriría con la firma Midorikawa. No tardó mucho en convertirse en tema de conversación y de burlas, pues había quienes señalaban que esa mujer se casó con anterioridad con otro hombre, por lo que podían sospechar que sus encuentros no habían terminado.

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—Mamá, ¿por qué tu cara está así? —preguntó.

—¿Me quieres explicar qué sucede? —le mostró el celular con la noticia candente de Hana y Jin convirtiéndose en padres.

—No lo sé… Hana no se ha comunicado y menos Allen. La escuchaste tú también, mamá, la familia de Hana es bastante metiche e influyente… No es una buena combinación.

—¿Me dices que una chica tan joven debe sufrir por ello? —preguntó la mujer. Se preocupaba de que algo le pasara y, peor aún, de que no pudiera sobrellevarlo sola.

—Mamá, no tiene caso que te preocupes. ¿Recuerdas a esos hombres que solían vigilarnos? Ya se fueron… Quizás ese fue el plan de su familia.

—Hija, hablas de ellos como si fueran los que están detrás de todos los males del mundo.

—Porque es cierto, no todos tienen padres amorosos… No debería sorprenderte que haya algún motivo oculto en todo esto… —contestó Kanade y subió a ver a su hijo. Su madre quedó aún más preocupada: ¿de verdad era posible que a una familia le importe más el dinero que sus hijos?

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—Helian, ¿has confirmado las noticias? —preguntó Shinichi Kanronji.

—Sí, señor, según nuestra fuente, la señorita Hana está en las primeras semanas de gestación y no ha asistido a la universidad por sus malestares —contestó sin titubear. No había más información que solo conjeturas de parte de ambas familias.

—Bien, entonces debemos resolver ese problema.

—¿Señor? —Viejo loco, ¿qué hará ahora?

—Haz una visita a Hana. Dile algo que la impresione de tal manera que sufra.

—¿Señor? ¿Está seguro?

—¡Por supuesto! Si ella tiene a ese bebé, todo lo que he conseguido lo tomarán; no solo estoy perdiendo, me están robando lo que he construido.

—Señor, ¿está interesado en el terreno que compró el anciano?

—No, ¿para qué quiero una tierra sin valor? Deja de preguntar y haz lo que se te ordenó.

Shinichi dio la orden y Helian debía cumplirla. Estaba totalmente en contra. Helian regresó brevemente a su casa. Hace un tiempo que Yuu se fue de allí y no se dio a la tarea de buscarlo. Tampoco le importaba qué sucediera con él; aun cuando lo salvó, no tenía ningún uso para ese tipo. Estaba confundido.

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—Señorita Hana, es hora de su medicamento —anunció Bambi detrás de la puerta.

—¡No lo quiero!

Hana se retorcía del dolor. Sus analgésicos apenas funcionaban sin que le causaran tanto sueño, pero no era lo mismo. Lo que le inyecta Bambi disminuye el dolor hasta desaparecer, aunque no podía depender de ellos todo el tiempo, pues prácticamente usaron su cuerpo como prueba.

Bambi agarró la manija con intención de entrar. Coco le dio un manazo.

—¡¿Qué?!

—No puedo dejar que sigas envenenando a esa señorita. Pasarás sobre mi cadáver, ¿entendiste?

—No me hagas reír, no somos amigos como para contarnos chistes —contestó.

Se vio interrumpido por la presencia de Jin. Regreso del trabajo y quería ver a Hana. Los obligó a bajar.

—Hana, ¿estás mejor?

—No… No pude comer nada… —Confesó decaída—. ¿Qué tal está todo?

—Bueno, los empleados me felicitan por el futuro bebé y los medios solicitan que se aclare el asunto. Hay muchos rumores alrededor.




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