24 Horas Contigo

#95.- Mon amour, mon ami

Muy temprano, Helian condujo hacia la casa de Jin. Se enteró por medio de Coco que Jin se estaba tomando un descanso para atender a Hana, pero aún trabajaba un poco en su estudio.

Helian no sabía qué clase de noticia debía decirle para alterarla. Tampoco quería hacerlo, pero el señor Shinichi aún tenía el poder de regresarlo a prisión y no quería volver a perder su libertad. Ser perro rastrero tampoco estaba mal, pues al menos tenía comida y techo que podía llamar propio, además de que se enteraba de la información de primera mano. Eso era lo más importante.

Al llegar a la casa, recibió una llamada de uno de los guardias que custodian a Allen, pocas palabras… Desapareció de sus radares. Helian colgó. Esa era la noticia que esperaba.

Bajo del auto junto con una bolsa de papel en la que llevaba los dulces favoritos de Hana y, después de una revisión, lo dejaron entrar. Bambi no dio muestras de reconocerlo, pero Coco lo saludó como si nada.

—Ah, ¿mi compañero de celda? —le dijo al verlo—. ¿Estás sano? ¿Te reuniste con tu amante?

—Hola, Hajime —dijo Helian fríamente—. Sí, me reuní con ella, ¿y tú? ¿La encontraste?

—Sí… Te platicaré todo con detalles más tarde... ¿Trajiste chocolates para mí?

—¡Ni en tus sueños! —y entró a la habitación de Hana.

Bambi miró a Coco sorprendida; no creyó que tendría amigos o alguien que lo reconociera. Ella, por supuesto, lo único que tenía eran compañeros de trabajo.

Hana recibió a Helian en su habitación. Estaba un poco mejor y le sonrió. Apenas lo había visto estos meses; además de que sabía que la vigilaba de manera constante, sabía que tuvo la oportunidad de atacar, pero no lo hizo.

—¿Qué te trae por aquí?

—¿No me ofrecerás una taza de café?

—Lo siento, pero no… Sospecho que la visita será breve. —contestó.

Helian sonrió y le entregó la bolsa con frascos de mermelada de varias frutas. A Hana le gustaba cuando era pequeña y no entendía por qué recordaba ese pequeño detalle.

—Tienes razón, en realidad tengo una noticia de Allen.

—¿Ah?

—Está desaparecido.

—¿Ah? ¿Qué?

—Él peleó con su gorila y justo después desapareció. No pueden rastrear su ubicación y creen que puede haber muerto... Ya sabes, esos chicos… No se tientan el corazón para atacar.

Hana le dio una bofetada.

—¡No lo digas! —recitó mientras intentaba no llorar—. ¡Me prometió que estaríamos juntos! Él lo prometió…

—Hana… Ten en cuenta quiénes los atacan… Desaparecer a una persona no es difícil.

Reitero para romper su esperanza en él.

Hana tomó uno de los frascos y golpeó con fuerza la cabeza de Helian, dejándolo aturdido. Salió corriendo, empujando con gran energía la puerta, tirando a Bambi en el proceso. Bajó las escaleras de casi tres saltos y se dirigió al despacho de Jin, quien estaba al teléfono.

—¿Es cierto?

—¿De qué hablas, Hana?

—¿Es cierto que Allen está desaparecido? —preguntó, pero Jin mostró una cara impasible. No tenía ni idea de qué hablaba.

—¿Quién te lo dijo? Papá no me ha comunicado nada. —respondió intentando calmarla.

—¡Confié en ti, Jin! Quería creer que podrías ser nuestro aliado, pero eres igual que ellos… —Comenzó a decir llorando—. Me dijiste que nos ayudarías a reunirnos y estar juntos...

Se acercó con intención de golpearlo.

—Hana, estoy diciendo la verdad… Papá no me ha dicho nada, tampoco esa mujer de la casa rentada… —alegó poniendo distancia entre ambos.

—¡Mientes! —respondió casi gritando. Hana estaba furiosa, preocupada, asustada... La persona más importante de su vida no estaba donde se suponía y no podía confiar en nadie para ayudarla a buscarlo.

¿Quién dijo que Hana es débil?

Ella jamás fue débil. Se lanzó contra Jin, a quien le dio golpes que podrían lastimar a cualquiera y que él apenas pudo esquivar. Al despacho, entraron Bambi y Coco, quienes trataron de alejar a Hana. Coco intentó noquearla, pero ella lo golpeó en la cara, haciendo que se alejara. Bambi tomó su lugar, le mandó patadas difíciles de esquivar, pero Hana respondió de igual manera.

¿Por qué creían que estaba calmada? ¿Por qué creían que era débil? Hana no lo era, tampoco quería sufrir, pero no podía ver a otros lastimados por su causa. Allen volvería por ella, lo sabía. Bambi terminó en el suelo; la actuación de damisela en apuros fue solo eso, una actuación. Hana le dio algunos golpes en el pecho hasta que vio que ya no se movía.

Debía ir a buscarlo ella misma, debía moverse rápido sin importar quién se interpusiera. Camino hacia la puerta; no había nadie que la detuviera... Allen... está solo en un lugar extraño y ella está rodeada de personas que conoce, pero no puede irse. Tenía que ayudarlo; también era su culpa que sucediera algo como eso.

Jin intentó detenerla sujetándola en sus brazos.

—¡Suéltame! —exigió—. ¡Suéltame! —repetía ella moviéndose bruscamente; parecía un animal herido que solo quería huir por su propia seguridad.




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