—Estás despedida, recoge tus cosas y vete de esta casa ahora.
La anciana Kanronji mandó llamar a Bambi después de su altercado con Hana. Al juzgarla como débil, no le quedó de otra más que despedirla; un guardia que no hace bien su trabajo no sirve para nada.
Anton fue a ver a Bambi. Ella estaba empacando sus cosas; en los años que trabajó allí, ganó muy bien y ese dinero lo ahorró, pero también no podía estar muchos días sin hacer nada sin que le pese vivir de sus ahorros.
Su superior le pidió que se mudara unos días con Aida mientras buscaba un apartamento, pero ella se negó; ya no tenía nada que ver con esa familia, así que no tenía que aceptar favores de ellos.
—Anton, responde esto… —pidió—. ¿Por qué la señora está terca en hacer que Hana sufra como si hubiera cometido algún pecado?
—Porque no es su nieta.
—¿Eh? —¿Ahora me estás tomando el pelo?
—Cuando recién llegaste, había mucho alboroto en la casa, pues la esposa de Shinichi dio a luz a otra niña. Shinichi decía cada vez que podía que esa niña no podría ser suya, pues no tocaba a Dalia. Había muchos rumores al respecto, así que decidieron hacer una prueba de ADN para demostrar que no era parte de la familia y, cuando el resultado salió, el anciano festejó. En efecto, no era su nieta.
Bambi lo miró con desdén. ¿Ahora debía creer en esa fantástica historia?
—Pero, ¿qué tiene que ver una cosa con la otra?
—Bueno… Hay una cláusula muy vieja propuesta por un miembro de la familia. Dice que solo el nieto menor puede heredar los bienes de la familia… Bueno, nieto o nieta… Sin Hana en el camino, no hay nadie que herede, pues Shinichi ya se encargó de obtener la empresa para sí mismo.
—¿Y Rebeka?
—Es una hija ilegítima, pero no entra en la herencia familiar. Los ancestros de esta familia hacían muy bien sus escritos para que nadie se atreviera a estafarlos o engañarlos. Claro que esto solo se comunica cuando está a punto de disputarse la herencia y solo a los involucrados.
—Pues qué ridículo —contestó sin pensar.
—Es lo que pasa cuando las familias que respetan al pie de la letra las tradiciones quieren honrar esa palabra. No deberías enojarte, hiciste bien tu trabajo; incluso Shinichi podría contratarte.
—No, gracias… Anton, ya me voy. —anunció levantando su maleta con dificultad.
Anton la vio subir al auto e irse. La anciana Kanronji siempre fue muy cuidadosa en dejar ir a sus guardias y, hasta donde sabía, ninguno se iba con información relevante o que pudiera dañarlos.
Subió al despacho de su maestro; el anciano estaba leyendo el periódico.
—Anton, ¿has localizado a Allen?
—Sí, al parecer unos hombres que trabajan para Franco lo llevaron fuera de la ciudad y consiguieron extraerle el chip rastreador. ¿Quiere que me comunique con la familia del chico?
—Sí, si no acceden, ve en busca de ese chico y confínalo unos meses.
—Entendido —respondió Anton y salió.
❀❀❁❀❀
—Hana, come un poco —pedía Jin—. Si no, cuando regrese tu marido, se enojará porque estás flaca.
—Jin, ¿seguro que no me envenenas? ¿Viviré?
—Claro que sí… —Repitió ofreciéndole caldo—. Come.
—¿Por qué me ayudas? ¡No ganas nada! Por estar aquí, ¡descuidas a Reed y Tonio!
—Pronto iré a verlos. No quiero dejarte sola con Coco.
—Jin, por favor, en lugar de estar aquí, busca a Allen.
—Ok...
Jin salió y le encomendó a una criada asegurarse de que Hana comiera todo. De verdad, quería decirle por qué le ayudaba, pero ni su padre le dijo una buena razón; lo único que sabía era que ambas familias siempre tenían matrimonios nominales que fueron rotos en la generación anterior.
Sus hombres buscaron casi por todo Zúrich y llegaron a la conclusión de que todo fue planeado por alguien; su sospechoso más cercano era Franco, quien estaba atrapado en su país, pero sus hombres no; la segunda persona sospechosa sería Mirei Scherry, pero ella aún no tenía contacto con el mundo exterior.
Más tarde, Bambi regresó a la casa de Jin a recoger sus cosas.
—¿Te vas?
—Fui despedida. No tengo otra razón para quedarme aquí; además, está Prince y esa billetera andante. —respondió.
—¿Ya no le dices Coco?
—No, ¿por qué debería?
—Eres bienvenida si quieres trabajar para mí; tus tareas serían las mismas, cuidar de Hana, pero no inyectarle sustancias extrañas.
—¿Estás seguro de que no miento? Quizás aún trabajo encubierta.
—Me arriesgaré… —Contestó—. Estaré en un viaje de negocios. Espero recibir tus informes diarios.
Bambi vio cómo Jin subía al auto y se alejaba de la casa. No lo entendía; si ella hacía mal, ¿por qué no la dejaban ir? Fue a su habitación sin saber qué hacer y pensaba que estaría bien quedarse donde tuviera un techo. Al revisar su email, encontró varios correos del mismo remitente. Al principio no lo reconoció hasta que vio la firma diminuta.
Editado: 13.05.2026