24 Horas Contigo

#97.- Mi manera de proteger

—Esposa, alístate, iremos a un viaje de negocios en el extranjero —anunció Jin una mañana después de desayunar.

—Estaré lista en 30 minutos —contestó sonriendo.

Hana subió a preparar el equipaje para los dos; si necesitaba algo adicional, fácilmente podrían comprarlo.

Bambi no se había acercado a Hana aunque accedió a trabajar para Jin; sin embargo, no reveló la información que le enviaron por correo. Coco la encontraba muy extraña, pero tampoco quiso indagar más dado que Prince no le quitaba los ojos de encima bajo ninguna circunstancia y sus acciones podrían resultar contraproducentes.

—No la entiendo, tan estúpida, ¿cómo no puede defenderse sola? Qué ama tan mensa, tonta, imbécil, de cerebro corto —decía Bambi entre dientes.

Coco entró a la habitación de Hana; ella estaba inusualmente tranquila, como si todo estuviera controlado.

—¿Necesitas algo, Coco?

—Parece estar mejor, ¿ocurrió algo?

—Me acaban de informar que el señor Koban fue absuelto de todos los cargos. Mirei por fin será liberado de su encierro y los guardias se retiraron de las casas de mis amigos.

—¿Es motivo para estar feliz? —quiso saber.

—Para mí, lo es. —respondió y continuó guardando su ropa.

Coco ayudó a bajar las maletas y las subió al auto. Hana era una buena actriz y Jin no se quedaba atrás. La única que tenía cara de pocos amigos era Bambi; ella no estaba muy contenta de verla así, con su cara toda mensa, dejando que el mundo la esté pisoteando.

—Te harás arrugada más pronto.

—Es que me desespera Hana. ¿Cómo puede ser tan estúpida para quedarse cerca de la boca del lobo y no querer hacer algo para salvarse?

—Estás tomando un papel que no te corresponde. Déjalos vivir, no sabes si tienen un plan.

—Es molesto, ¿no dicen que el amor atraviesa todos los obstáculos?

—Son tus fantasías. En el mundo real, gana el egoísmo. Yo, yo y yo. Nada más que eso. Es posible que ellos sean el uno para el otro, pero lo primero es su seguridad; muchas veces vivir es más doloroso que perder o morir… No asumas que no hacen nada solo porque no te cuentan sus planes.

Hana y Jin abordaron un avión junto a sus escoltas. Ella ni siquiera sabía a dónde iba; aun así, era algo bueno alejarse de ese lugar.

❀❀❁❀❀

—Helian, ¿cómo van las cosas?

—Parece que dejará a Hana en paz un tiempo. El anciano ha desaparecido del ojo público y se encuentra en su mansión.

—Ya veo… Continúa como ordene.

—Sí, señor —respondió y Helian salió.

Había recibido un mensaje de Coco informando que saldría al extranjero unos días, además de que le pedía llevar flores a una tumba. Condujo hasta el cementerio a las afueras de la ciudad. Compró un ramo enorme de flores y solo quedaba buscar la tumba que nunca había visitado. Camino algunos minutos hasta llegar al lugar indicado; se sorprendió de ver a una mujer haciendo oraciones por los que ya descansan. Helian inclinó la cabeza a modo de saludo.

—¿Helian? ¿Pequeño Helian? —exclamó la mujer apenas lo vio.

—¿Me conoce? —preguntó a la mujer.

—Sí, trabajé en la mansión Kanronji durante años. ¿Qué te trae por aquí? ¿Tus padres?

—No, ellos siguen vivos. —Contestó con rapidez—. Un amigo me pidió que trajera flores a su novia —decía mientras dejaba las flores frente a la tumba.

—¿Su novia? —y miró la lápida. Esa era la tumba de su nieta—. ¿Mi niña tenía novio? ¿Cómo se llama? ¿Cómo es? ¿Es amigo de Sean?

—¿Señora? ¿Ocurre algo? —preguntó al verla tan sorprendida.

Helian vagamente recordaba el rostro de la mujer, pues no iba a la casa principal hasta que comenzó a salir con Nikki y después fue a prisión, por lo que su conocimiento sobre otros empleados era muy poco. La acompañó al auto y decidió llevarla a su casa.

La mujer vivía en un área de apariencia marginada. La casa era de tamaño común; por dentro tenía muebles y no faltaba ningún servicio.

—Siéntate —ofreció mientras buscaba qué ofrecerle.

—Gracias, pero no quiero abusar de su hospitalidad.

—Tonterías. —respondió sirviendo té y galletas. —¿Cómo es el novio de mi Marla?

—Hmmm… —Quería mostrarle una foto, pero ¿Y si se asustaba? De igual manera, sacó el teléfono y le mostró la foto que guardaba con su información. —Él es K. Hajime.

La mujer lo miró y sonrió.

—Es tal y como lo recuerdo —contestó sonriendo.

Marla tenía gustos peculiares.

—Eh, sí… —Claro que peculiares. Coco tenía un tatuaje llamativo, la cabeza tapada de un lado y algunas cicatrices en el cuerpo, además de una cara de pocos amigos que ni podía imaginarse sonriendo, mucho menos enamorado.

—¿Sabes cómo se conocieron?

—No, pero me imagino que me contará… —Y si pudiera mencionar algo de Kanronji, hasta me haría un favor—. Una perfecta historia de amor.




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