24 Horas Contigo

#98.- Reencuentro

En algún lugar de Europa

—Hijo, tus subordinados han sacado a ese amigo tuyo de ese hotel, ¿estás seguro de convertirte en su enemigo?

—Claro que no, papá —respondió Franco—. Toda mi vida he aprendido que no se debe lastimar a la familia. Ellos no son familia.

—Bueno, ese chico fue llevado al hospital. Ya le quitaron el chip rastreador y su salud está estable... ¿Avisaste a su familia?

—Sí, probablemente lleguen en la noche; lamento pedirte tantos favores si fui yo quien se fue y renegó de la familia.

—Está bien, ¿qué clase de padre sería si no te recibiera? Eres bienvenido cuando sea necesario.

Franco se despidió de su padre. Su prohibición de salir del país fue levantada, así que tomaría un vuelo a Zúrich. Después de que fue deportado, no podía comunicarse con nadie y se negó totalmente a pedirle ayuda a su padre; sentía miedo de que se negara, además de que él fue quien estaba dejando su familia y el negocio.

Afortunadamente, no fue así. Su relación era la misma que antes.

❀❀❁❀❀

—Hana, ¿estás bien? —preguntó Jin.

—No, me siento mal…

El mundo le daba vueltas. Jin la cargó en sus brazos y subieron al auto. Bambi y Coco iban detrás; Hana parecía un poco enferma en el vuelo, pero lo aguantó varias horas.

Sus síntomas aún eran derivados de su exceso de vitaminas; no han pasado muchos días desde que dejaron de inyectarla y se sentía como una eternidad. Jin estaba preocupado de que en su ausencia hubiera consumido algo distinto. Hace unos días, Jin recibió una llamada de su padre, quien le comunicaba que Allen fue localizado en un hospital y desde allí pasaría a su custodia.

Jin organizó todo para que ellos se reunieran; los días en que él no estaba cerca, hizo que ella también enloqueciera. Sin embargo, no podía dejar que sufrieran más.

—Bambi, revisa la habitación del hotel; Coco, sube el equipaje —pidió Jin—. Ahora una orden. Quiero que estén al menos tres metros lejos de mi puerta. ¿Entendido?

—Entendido —respondieron ambos.

Dejaron sola a la pareja recién casada después de dejar las maletas.

—Bambi, ¿vamos por un café?

—¿Eh? Nuestra relación no es muy estrecha para salir a algún lado —comentó y fue al restaurante del hotel.

Coco salió y buscó una librería. Necesitaba pasar el tiempo mientras estudiaba finanzas; ahora que el señor Koban estaba libre, debía continuar con su trabajo de contabilidad y hacer crecer su efectivo.

Pasó por una repostería y compró pasteles en miniatura. Pensó que quizás Hana se alegraría de probarlos. El día iba transcurriendo tranquilamente, casi perfectamente, que empezó a asustarse al no tener ninguna perturbación en su horario habitual.

Regresó al hotel y se encontró con Bambi en el elevador. Ella se veía algo molesta.

—Enoko, ¿sucede algo?

—La señorita Hana irá al hospital. Voy a llevarla yo.

—Las acompaño.

—No, quédate… Quién sabe si vamos o no al hospital; además, no te quiero cerca.

—Qué directa —respondió Coco.

Al llegar a la habitación, Hana ya está lista. Jin salió junto a ella. Debían ir a una revisión; no quería personas enfermas en casa. Aunque sabía que no era su culpa, se sentía terrible de tenerla confinada allí. Ahora que estaba en un país distinto, esperaba que ella se sintiera libre, que su salud mejorara y dejara de considerarse una carga.

El recorrido fue rápido. Jin debía ir a una reunión de trabajo, así que solo la dejó enfrente de la habitación. Bambi está detrás de ellos, a tres metros, como se le ordenó.

—Tu hombre está allí —le dijo antes de irse.

—Jin, ¿cómo podré pagarte esto?

—En el futuro, si heredas algo de tu loca familia, quiero el 2% de su valor, además un libro autografiado... Reed, amo tu historia corta... Ya sabes… Esa… 520… —pidió como si nada.

—De acuerdo… —respondió confundida al escuchar esa petición.

Hana se despidió de Jin y lo vio irse. Estaba inesperadamente nerviosa. Puso su mano en la manija, pero no la movió. ¿Qué debería hacer o decir en ese momento?

Para Bambi y Coco, que la miraban de lejos, solo era una mujer que dudaba de entrar. Jin le dijo a Coco que no había ninguna revisión programada ni nada parecido, así que nadie podía entrar más que las tres personas que vio en la información.

—¿Qué diablos hace? ¿Por qué no entra?

—Enoko, creo que te falta romanticismo y un pasatiempo. Déjalos tomarse su tiempo.

—O sea, si fuera yo, quizás habría derribado la puerta y me lanzaría a sus brazos —comentó quejándose de nuevo.

—Pero no eres ella. Solo deja de criticarla; lo dices porque eres espectador, pero si fueras protagonista, quizás ni habrías llegado tan lejos.

Mientras ellos conversaban, Hana abrió la puerta. Había una cama al fondo donde estaba un hombre leyendo un libro. Dio algunos pasos sintiéndose muy torpe y sin hacer ruido.




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