La familia.
Hablando en términos, es una pequeña sociedad consanguínea; hablando con personas, es una sociedad formada por un padre, una madre y su descendencia “directa”, aunque no necesariamente pueden compartir lazos de sangre.
La familia Kanronji se distinguió de otras personas de su generación por participar activamente en la guerra. El hijo menor, Kensuke, fue un reconocido militar que alcanzó altos rangos a una edad temprana. Nadie estaba seguro de si era talento o supervivencia, pero lo festejaban con orgullo. Su padre le arregló un matrimonio con una joven de nombre Asahi, quien también fue un militar activo dedicado a la medicina.
Se contaba desde generaciones atrás que al menos un hijo de su familia se unía en matrimonio con un hijo de la familia Midorikawa; el motivo que conocían era que mantenían una buena relación de negocios que, según sus registros, había durado cientos de años hasta la actualidad.
Esta pareja en particular no mostraba su amor en público; sin embargo, podría decirse que eran muy íntimos. De ellos, nacieron cuatro hijos varones. Asahi Kanronji los crió con mano de hierro, quedándose a cargo de su educación y desarrollo temprano, mientras que Kensuke se dedicaba a reobtener todo lo que sus padres habían perdido debido a malas ventas.
En fin, la historia del pasado se enfoca en el hijo menor de estos militares: Shinichi.
Opacado por sus hermanos mayores, Shinichi no lograba sobresalir en ningún aspecto además de romper las reglas. Su hermano mayor, Ittetsu, estudiaba diligentemente y era una persona de confianza; su segundo hermano, Taro, demostró una inteligencia matemática que dejaba atrás a cualquier profesor que enseñara esa materia y comenzó un amor anormal por la tecnología creciente; y su tercer hermano, Izumi, creció mostrando su curiosidad por saber todo lo que existía en el mundo.
Su diferencia en edad era mínima; sin embargo, sus conocimientos estaban separados por un enorme abismo, como lo dejaba claro su padre.
Shinichi ni siquiera podía soñar con competir sin perder antes de elegir un oponente. Su madre dejaba claro que le faltaba ambición; de lo contrario, no se conformaría solo con obtener un cien y aspirar a un mil.
En su escuela, tenía buenas calificaciones y referencias, pero su padre le recordaba que eso no era suficiente, pues debía, tenía que esforzarse para sobrepasar a sus hermanos; los humanos afuera no importaba si quería obtener el reconocimiento de sus padres.
Harto de todas las reglas absurdas que le imponían, como respetar el toque de queda, seguir un cronograma de actividades, su ropa que parecía uniforme militar y lo odiaba, pero nadie se quejaba. Solo él, un día, decidió irse.
Salió de la escuela, caminó por calles que jamás había visitado y esperó que se diera la hora para volver a casa. Solo quería despejar su mente; quizás si huía, alguien lo buscaría pronto.
Claro que no sucedió de esa manera.
Su madre ni se dio cuenta de su ausencia hasta que revisó si habían asistido a sus clases extra; en ese momento se dio cuenta de que algo no estaba bien con su comportamiento y, considerando quién se saltó sus tutorías, pensó que lo mejor era enviarlo lejos a una escuela de su nivel.
Shinichi fue enviado a Alemania.
En su nuevo instituto conoció a Frederick Til-Shiroyama. Hicieron buenas migas, ambos marginados por sus propios parientes solo por no tener lo necesario para dirigir empresas con mayor nivel histórico y cultural que cualquier otra del país.
Su panorama comenzó a ampliarse. Shinichi vivía rodeado de lo correcto y aceptable según su madre. Estando lejos de casa, pensó que quizás tal vez ellos lo extrañarían y llamarían, pero ninguno lo hizo; sus hermanos estaban ocupados superando sus límites, sus amigos no tenían esa consideración hacia él al no quererlo como uno de ellos... Estaba solo.
Sus días comenzaron a mejorar. La amiga de Frederick, Miranda Henderson, los llevó a una tienda muy vieja de antigüedades. Shinichi no había visitado nunca una y solo conocía los artículos por medio de fotos. Cada cosa que veía allí contaba una historia distinta y fascinante al mismo tiempo; solo habría que interesarse y escucharla con atención.
—¿Quieres ver esa bailarina? —preguntó la voz más dulce que había escuchado en su vida.
Shinichi miró hacia el origen de la voz; había una mujer muy joven que llevaba una coleta alta, una blusa amarilla y una falda muy larga. Sus ojos eran cristalinos en contraste con sus labios rojos.
—¿Cómo te llamas?
—Aurora Jahre —contestó por inercia con una voz muy clara. Su voz parecía un coro de ángeles.
Por timidez y no considerarse interesante, no hablo mucho. Los días continuaron monótonos y solo pasaba por la tienda para poder ver a la dependienta. Miranda lo encontraba fastidioso, pues podrían atacarlo por acosar a una joven, y le dijo que el dueño de esa tienda era un cazador experimentado.
Shinichi no se daría por vencido, encontraría una forma de conquistarla.
Su felicidad no duró mucho; su padre llegó de visita. Tenía algunos asuntos en esa ciudad y se quedaría algunas semanas. La libertad con la que soñó solo fue eso, un sueño. Su padre lo llevaba con él a todos lados para establecer buenas relaciones de negocios.
Editado: 17.05.2026