25 Días - Robar Será Nuestro Menor Pecado

Capítulo 1 - Un día antes de la guerra

22 de mayo

Alyssa

Escucho música mientras camino, dirigiendome hacia la escuela. Hoy es el último día antes de que, la masacre y privación de libertad de los jóvenes, comience. Es un día nublado y con un ambiente amargo. En el aire se siente la desesperación, el miedo y los nervios. Nos queda poco tiempo antes de comenzar este retorcido juego que hizo el gobierno.

Tenemos todo preparado. El plan está hecho. La cabaña está lista para poder recibirnos; aunque todavía falten algunas cosas para reparar y preparar. Podremos pasar está noche sin ninguna molestia. Fue difícil ocultar mi ropa en la mochila, casi me descubren mis padres. Se comportaron demasiado amables en el desayuno, sonriendo todo el tiempo y ofreciendome más luego de terminar. Ellos nunca hacen esas cosas. Ni siquiera suelen preparar el desayuno. Yo como cualquier cosa que no requiera mucho tiempo.

Cuando estoy apunto de llegar a la escuela, me encuentro con la marcha sobre las personas desaparecidas. La calle está llena de personas caminando, gritando: "Queremos justicia". Por unos momentos, los observo. Observo sus carteles con fotos, nombres de sus hijos y fecha de desaparición. Algunos, incluso describen señas particulares de ellos.

Dejo de observar, regresando mi mirada a la banqueta y mi atención a la música en mis audífonos. Sin embargo, una mujer comienza a llamar a alguien. Al principio no le pongo atención, hasta que es imposible de ignorar por su insistencia. Me doy la vuelta y la veo justo detrás de mi, a menos de un metro de distancia.

— ¿Necesita algo, señora?— pregunto amablemente, quitándome uno de los audífonos.

— Note que estabas mirando— comenta.

— Ah... Si. Perdón si la moleste— la mujer se ve grande, cansada y con la mirada apagada. En sus manos lleva unas hojas, que no alcanzo a distinguir sobre lo que son.

— No, nada de eso— ella niega— ¿A dónde vas?— pregunta. Dudo en responderle, pero me doy cuenta de que no pierdo nada en hacerlo.

— Voy a la escuela.

— ¿Tienes amigos?

— Si. Los voy a ver en la escuela— contesto.

— Te ves joven. ¿Cuántos años tienes?— cuestiona.

— Diecisiete— ella me mira fijamente por unos segundos, no dice nada. Sus ojos comienzan a cristalizarse un poco.

— Buena suerte— dice, para luego darse la vuelta y alejarse, dejándome algo confundida. Trago saliva, suspiro y continúo caminando, reflexionando su comportamiento.

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Al entrar a la escuela, veo a muy pocos adolescentes. Y los que están aquí, tienen la mirada perdida, se muerden las uñas por los nervios, o lloran con la cabeza gacha. Camino con algo de rapidez, pasando a lado de algunos de ellos. Creo que necesito beber algo fuerte para sobrellevar esto. Aunque ni siquiera me guste el alcohol. Tal vez un cigarro para destruir mis pulmones.

No tardo mucho en llegar a el salón de artes, donde se encuentran todos. Cuando entro, ellos me miran al cerrar la puerta. Todos tienen sus mochila listas para irnos.

— ¿Estás lista?— me pregunta, Charles, acercándose.

— No realmente. Pero así son las cosas— suspiro.

— ¿Y si vamos por un helado antes de todo?— propone Lauren.

— Me parece una excelente idea— respondo— Necesito salir de aquí. Los veo afuera, en el auto de George— les informo, antes de abrir la puerta y salir del salón. Vuelvo a suspirar al ver el estado de esos compañeros. Me siento algo abrumada por todo, y apenas es el principio.

Evan

Salgo del salón de clases, suspirando de alivio. Ni siquiera hoy, mi último día libre en un mes, puedo dejar de venir a la escuela. Más de la mitad de la escuela no asistió, pero yo estoy aquí. Como siempre. Cuando veo a Harper a la mitad del pasillo, sólo sé que mi día está empeorado de poco a poco. Me doy la vuelta, tratando de que no me vea, pero es tarde para eso.

— ¡Evan!— escucho que me llama. Me detengo por obligación y me giro lentamente, encontrándome con ella de frente.

— Hola, Harper— saludo de la manera más amable, forzando una sonrisa.

— ¿Estás sólo? ¿Y tus amigos?— pregunta.

— Supongo que en casa, disfrutando su último día antes de casi un mes de encierro— respondo.

— ¿Ya te vas? Porque estaba pensando en que podrías ir a mi casa. Así pasaríamos la tarde juntos— se muerde el labio, tratando de coquetear.

— Me encantaría, pero mis padres me sentenciaron. Dijeron que tengo que estudiar sin excusas. Ya sabes, me estoy preparando para la empresa familiar— es una mentira a medias. No tengo que estudiar está tarde.

— ¿Otro día?— sus palabras me confunden, porque parece que no sabe la situación en la que estamos.

— Si. Otro día— confirmo, sólo para que me deje en paz.

— Bueno, te veo luego, Evan— se atreve a darme un beso en la mejilla, para después irse, regresando con sus amigas.

Me doy la vuelta y me limpio el beso que me dio. Sigo mi camino por el pasillo, dirigiendome a la salida de la escuela. En mi recorrido por la escuela, me encuentro con varios grupos juntos, riéndose y jugando tonterías. Incluso veo a algunos tomarse fotos. Nada les preocupa. Creo que necesitan ver las noticias para que borren sus sonrisas y huyan por el pánico.

Cuando llego a la salida, busco con la mirada a el chófer, pero no lo localizo. Entonces, escucho varias voces y gritos de "Queremos justicia". Una multitud se acerca desde lo lejos, con varias pancartas sobre varias personas desaparecidas, describiendo rasgos físicos, usando fotos y poniendo su fecha de desaparición. No pasa mucho para que recorran la calle y se acerquen lo suficiente para seguir presenciando sus carteles. Varias personas pasan por delante mío, pero sólo una mujer se detiene y me mira fijamente. La mujer se ve grande, cansada y con la mirada apagada.

— Buena suerte, niño— murmura, para después continuar caminando, dejándome confundido. Me quedo mirando hacia la dirección en la que se va, pensando en sus palabras. El sonido de un claxon me saca de mis pensamientos. Me doy la vuelta y veo el auto con mi chófer adentro. Miro un par de veces hacia atrás, antes de caminar a el auto.




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