27 de mayo
Alyssa
Y este tema de la tercera guerra mundial no para de estar en boca de todos. Las redes sociales están llenas de diferentes videos sobre esto. Aunque, los presidentes de los países involucrados en el comienzo de esta pelea, ya hayan hecho un cierto tipo de paz. Pero la gente no se quiere confiar, por lo que el tema sigue siendo demasiado relevante.
— ¿Enserio siguen peleándose? Malditos presidentes, queriendo ver el mundo arder— cambio de estación para dejar de escuchar sobre la posible tercera guerra mundial. Es suficiente para mí tener que sobrevivir a esto. Cierro el libro, dejándolo de lado para levantarme de la cama. Me agachó y de debajo de la cama, saco la caja que contienen el arma y cuchillo. La abro y saco el cuchillo. Analizo el filo del cuchillo, pasándolo levemente por la palma de mi mano. Sabiendo que tiene bastante filo, vuelvo a meterlo a la caja, que oculto debajo de la cama y sin más, me pongo de pie.
Y como nueva noticia; se confirmo que comenzarán a circular helicópteros por todo el país. Todo esto relacionado con los veinticinco días. El presidente Kenneth, quiere encontrar a la mayor cantidad de jóvenes que pueda, e incluso entregarlos él mismo. Sabe perfectamente que hay demasiados escondiéndose, tratando de sobrevivir en sus madrigueras.
Los helicópteros comenzarán a vigilar, apartir de las 12 am del 28 de mayo. Sus jornadas de trabajo se acabarán a las seis de la mañana, dejando descansar a los pilotos y acompañantes.
— Carajo. ¡Carajo!— levanto la voz— ¡Maldita sea!— salgo de la habitación y corro a avisarles a todos. En la sala me encuentro a Charles y Jasmine, que están sentados.
— Buenos días, Aly— saludan, pero los interrumpo antes de que digan algo más.
— ¿Dónde están los demás?— pregunto con rapidez.
— Salieron otra vez para pasear un rato— me responde Jasmine. Sin esperar, voy directamente hacia la puerta con pasos rápidos— ¿Pasa algo, Aly?— pregunta mientras abro la puerta.
— Si. Necesitamos hablar todos— digo, y después salgo de la cabaña sin esperar a otra pregunta de ella. Enseguida estoy afuera de la cabaña, me encuentro con Evan, que viene del bosque. Él se acerca y me habla.
— Hola, Aly. ¿Pasa algo? Te noto algo preocupada— comenta.
— Si— asiento, dándole la razón— Necesito hablar con todos. ¿Sabes dónde están?
— Siguen por ahí, en el bosque. No deben de tardar mucho— contesta, y justo después escucho la voz de George.
— Está haciendo frío, Aly— volteo a verlo. Se acerca cada vez más, junto con Shelia y Meg— Ponte un suéter cuando salgas por las mañanas y noches— me regaña, al igual que lo haría una madre con su hijo de quince años— Tú cara grita preocupación y enojo. ¿Paso algo?
— Si, pero tengo que decírselos a todos adentro— respondo.
— ¿Algo malo?— indaga Meg.
— Pues nos va a perjudicar. Así que, sí— murmuro— ¿Dónde está Mark? Debido a que él es el otro "líder", tiene que saber esto de manera urgente— hago comillas imaginarias con mis dedos.
— No sé. Él se fue a otro lado con Lauren. Nunca estuvo con nosotros— dice George. Maldigo internamente, sabiendo que probablemente esos dos deben de estar cogiendo detrás de algún maldito árbol.
— Si es algo importante, pues deberíamos ir a buscarlos— propone Meg. La verdad es que no me gusta la idea de ir a buscar a Mark, pero tampoco quiero enojarme con él tan temprano sólo porque se perdió con Lauren.
— Bien— acepto sin muchas opciones— Vamos a buscarlos— bufo.
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Llena de enojo, camino con rapidez hacia la cabaña, con todos a mis espaldas. Una maldita hora buscándolos y ninguno apareció. No puede ser posible que hayan desaparecido así de la nada y sin dejar ningún rastro. Ambos tienen cuchillos, y el maldito Mark es un salvaje que se va a los golpes cuando quiere.
— Cálmate, Aly. No vale la pena enojarte por su culpa— dice George, refiriéndose a Mark.
— Es maldito imbécil— suelto con una enorme molestia.
— ¿Que vamos a hacer? ¿Los vamos a esperar?— cuestiona Meg.
— ¡Que se joda Mark!— grito, respondiendo de cierta manera sus preguntas. Abro la puerta y entro a la casa, yendo directamente a la cocina. Me siento en una de las sillas, cruzando los brazos y esperando a los demás. Yo no voy a esperar a Mark. Estoy harta de su maldita actitud, y no voy a esperar a que regrese para explicar lo que está sucediendo y lo que haremos ante eso. No lo necesito para hacer un plan tan sencillo.
— Alyssa, cálmate un poco— escucho a Charles, quién está entrando a la cocina con el resto— Mejor dime, ¿Qué pasó?
— Mark, eso fue lo que paso— se adelanta a decir Shelia— Aly, necesita decirnos algo importante, pero Mark y Lauren no aparecen por ningún lado. Se supone que Mark es un "líder".
— Es demasiado temprano para estar enojada por culpa de Mark— dice Charles— Mejor cuéntanos eso que es importante— cambia de tema, sólo para que deje de lado a Mark. Yo suspiro pesado y chasqueo la lengua, para después comenzar a hablar.
— El presidente Kenneth, hará volar helicópteros sobre todos nosotros. Todo el país estará lleno de pilotos tratando de encontrarnos. Al parecer, quiere encontrar a la mayor cantidad posible y entregarlos él mismo— les reveló la noticia— Es seguro que tendrá un beneficio si hace eso. Dinero, protección, fiestas con todo tipo de excesos, o cualquier otra cosa que se les pueda ocurrir, que los criminales puedan ofrecer— me levanto de la silla, viendo en el fondo a Evan, recargado en una de las paredes con los brazos cruzados y mirándome con atención. Desvío la mirada a la mesa, lamiendo mis labios secos.
— ¿Y desde cuándo comenzará eso?— pregunta Jasmine.
— Cuando sean las doce de la noche. Quieren apurarse, es obvio— contesto.
— ¿Y qué haremos?— cuestiona George.
— Vamos a hacer nuestra vigilancia de todos los días. Vigilamos todos juntos por una hora y luego tomamos turnos en pareja. Sin embargo, tendremos que dejar la cabaña a completa oscuridad. No puede haber indicios de luz, sino sabrán que hay alguien aquí. Estoy segura que los helicópteros volarán a una baja distancia— explico el sencillo plan— Aunque si podemos encender algunas velas. Nos darán la iluminación necesaria para no golpearnos con algo. Tampoco podemos tener música en un volumen alto, como la solemos escuchar juntos. Les recomiendo usar audífonos. Y tengan sus armas listas por cualquier cosa— finalizo con eso, soltando un bufido de alivio.
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Editado: 23.03.2026