Evan
— Escuche a Alyssa. ¿Está aquí? Dile que...— hago una pequeña pausa— la quiero mucho y que, es muy bonita— me rió al terminar.
— Encárgate de él— escucho a Charles decir.
— Pero...— trata de replicar, pero la puerta cerrandose la hace callar— Maldita sea— murmura entre dientes.
— No seas grosera— Abro los ojos y sonrío cuando la veo ahí, parada y mirandome— ¿Por qué tienes que ser tan bonita?— pregunto, observándola completamente encantado por ella. Es tan bonita y seguramente no tiene idea.
— Evan, estás borracho— me dice, a lo que yo me confundo. Me levanto del sillón tambaleando, pero logrando mantener el equilibrio al final. Me acerco a ella.
— ¿Enserio estoy borracho?— mi pregunta la hace reír levemente. Aunque eso me gusta, no entiendo el porqué de su risa.
— Estás tan borracho, que ni siquiera lo sabes— responde. Me sorprende escuchar eso, pero tampoco me importa mucho.
— Bueno, también te puedo decir lo bonita que eres estando sobrio— le digo con sinceridad— No sólo eres bonita, eres inteligente... eres amable y ruda con la pistola en tu cintura. Aunque también eres ruda sin la pistola, mucho más si se trata de el idiota de Mark— me rió al recordar sus peleas con él— Me gustas mucho...— le confieso finalmente, sonriendo y esperando sus siguientes palabras.
...
— Ya ve a hacer lo que te dije— me dice con más firmeza, poniéndome triste porque seguramente se enojo conmigo.
— Está bien— contesto— Pero no te enojes, hermosa, porque me gustas y no quiero que me odies.
— No te odio— me asegura, con un tono más relajado— Pero tienes que hacer lo que te dije— yo asiento.
Aquellos recuerdos se hacen presentes, haciéndome saber cosas de la noche anterior que Alyssa no ha mencionado en ningún momento. Maldita sea, hablo demasiado cuando estoy borracho. Soy como los niños. ¿Ella siquiera respondió a mi confesión? ¿Por qué no me dijo nada de eso? ¿Alguien sabe de lo que le dije? Tenemos bastantes cosas de que hablar.
Voy directamente a la habitación, con el propósito de tener una plática seria y completamente madura entre ambos. Cuando entro a el cuarto, enseguida la encuentro, agachada, sacando su arma de la caja donde la guarda.
— ¿Por qué no me lo dijiste?— pregunto con algo de firmeza. Ella de inmediato me mira, con confusión.— ¿No me vas a responder?— Se levanta, dejando la pistola en la caja otra vez.
— ¿Decirte qué, Evan?— me contesta con otra pregunta.
— Decirme que te confesé que me gustas mientras estaba borracho— le revelo. Ella parece completamente por mi revelación. No dice nada por varios momentos, mirándome fijamente solamente y haciéndome esperar por su respuesta.
Repentinamente, se aleja de mi, dando pasos largos y yendo a la puerta. Justo cuando creo que quiere escapar de esta incómoda, pero necesaria conversación, sólo cierra la puerta con seguro. Vuelve a mirarme, soltando un suspiro.
— ¿Cómo se suponía que te lo dijera?— reclama.
— ¿Por qué no me lo dijiste? ¿No sientes lo mismo que yo? Está bien si eso no es así. Seguiremos siendo amigos, Alyssa— le digo.
— Sé que sonará bastante estúpido lo que voy a decir, pero no eres tú. El maldito problema soy yo, Evan— dice entre dientes, acercándose lentamente a mí— No sé que escoger. Quiero algo contigo, pero al mismo tiempo no quiero arruinar la amistad que ya hemos formado. Y eso es... frustrante— bufa— Mucho más porque casi nos besamos dos veces, y hay bastante tensión entre nosotros que me encantaría cortar con un beso— está vez, es ella quién se está confesando— Sin embargo, tengo muchas cosas en la cabeza que necesito pensar— murmura, soltando un suspiro.
— Está bien, Alyssa. Piensa todo lo que quieras, el tiempo que quieras— pongo mi mano en su mejilla, acariciándola suavemente— Sólo quiero que me des una oportunidad— le pido— No ahora, pero si en un futuro no tan lejano— le aclaro. Ella asiente, haciendo que se me forme una sonrisa de inmediato.
— ¿Por qué tienes que ser tan increíble, guapo y sexy?— mi egocéntrico acaba de subir por esas palabras viniendo de ella.
— ¿De verdad crees eso?— pregunto, acercándome más a ella.
— Me estoy confesando, ¿no?
— Me encanta esto. Sigue confesandote— ella sonríe.
— Tampoco seas un egocéntrico.
— Bueno... pero es que con esas confesiones, no puedo evitarlo. Lo siento— ella niega con diversión.
— Está bien— ambos nos miramos fijamente, con sonrisas en los rostros que se vuelven más leves con cada segundo que pasa.
— Quiero besarte— admito en un murmuro. Alyssa no dice nada por varios segundos, haciéndome pensar que no fue muy buena idea decirle eso. Sin embargo, eso se acaba cuando sus manos van a mi pecho, y lentamente suben a mis hombros.
— Hazlo. Besame— enseguida escucho eso, pongo mis manos en su cintura atrayendola hacia mi. Ella suelta un suspiro por eso. Y sin esperar más, junto mis labios con los suyos.
Alyssa sigue el ritmo con facilidad. Al principio es algo lento, donde ambos disfrutamos con gran deleite comernos las bocas del otro. Pero poco a poco, el aire se va yendo cuando el beso se vuelve más desesperado y lleno de deseo. Seguimos disfrutando, pero de una manera más intensa. Esto es lo que quería hacer en esos dos besos que no se dieron, al igual que el otro de mis sueños. Aunque puedo confirmar, que esperar ha valido completamente la pena. Este es el mejor beso de mi vida. Alyssa es jodidamente increíble.
El beso se termina, y solamente porque si seguimos así, moriremos por la falta de aire en nuestros pulmones. Aunque, siendo sincero, no me importaría morir de eso si la razón es un beso de Alyssa. Nuestras respiraciones son un desastre, pero me encanta ver la leve sonrisa que ella tiene en su rostro mientras me mira.
— Duerme conmigo, hermosa Alyssa. Al menos está noche— le propongo. Ella, aún recuperándose del beso, asiente.
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Editado: 20.05.2026