Hace tres años atrás...
Al terminar la clase, era la hora de almuerzo. Gianna como de costumbre bajaba las escaleras e iba por un café con leche en la cafetería de la universidad, para poder despertar. Ya era algo que Petra le había enseñado desde pequeña y la reanimaba en seguida. Luego se decidía por comer algo sencillo que no le hiciera tanto al estómago por si tenía que correr o algo sucediera de momento. No era un día para comer lo acostumbrado, solo comió un sándwich.
Se sentó debajo de las carpas del edificio C, donde le tocaba la próxima clase, para no alejarse mucho y llegar a tiempo. Hablaba muy poco con sus compañeros de estudio ya que recién había comenzado. Además de que era su hora preferida para escribir lo que se le venía a la mente.
Solo una compañera de estudio se le acercó de momento. Se llamaba Marena y muy poco sabía de ella solo que tiene piel morena, pelo rizado y es muy amable con ella.
—Hola, ¿puedo sentarme aquí? Me llamo Marena.
Asiente Gianna con nerviosismo y cerrando su libreta apresuradamente.
—¿Eres de Antia Sur?— Gianna le preguntó para romper el hielo.
—No, vivo en Agnes— respondió ella.
Agnes se encontraba en el centro de la isla, rodeado de colinas y campos interminables, A diferencia de las ciudades costeras, su ambiente era más tranquilo y familiar, con calles estrechas y casas de piedra que le daban un encanto rústico. Un lugar apartado, pero lleno de vida y calidez. Recordó Gianna cuando la llevaban a pasear de pequeña a ese lugar.
—Iba cuando pequeña. Hace mucho que no voy.
—Es lindo, deberías ir. Es más, cuando tengamos un trabajo que hacer puedes ir a casa y lo hacemos. ¿Cómo es que te llamas? — dijo Marena muy cálida.
—Gianna
—Te estoy buscando en mi red y no te encuentro— mencionó Marena con su celular en la mano.
—Puedes buscarme como Gia Antonella.
Al rato le muestra que la buscó y Gianna le acepta su solicitud de inmediato.
Se quedaron en silencio un rato contemplando el ambiente universitario que a veces abruma a todos los nuevos estudiantes.
Gianna estudiaba farmacia y eso realmente le encantaba, ya que lo suyo era lo químico y la salud en general. Su padre siempre le decía lo orgulloso que estaba por ella al elegir una carrera importante.
—Oye, deberíamos de hacer el trabajo en equipo juntas— invitó Marena con seguridad.
—¿El de Anatomía?— preguntó Gianna un poco perdida.
—Sí, por eso vine a preguntarte si, ¿quieres hacer el trabajo conmigo o ya tenías pareja?— insistió Marena.
—Aún no. No habría problema en hacerlo juntas— dijo Gia entusiasmada.
—Perfecto. Dame un momento, mi hermano me está llamando— dice Marena y comienza a discutir por el teléfono.
Luego de hablar un poco más del trabajo mientras que el tiempo volaba y les tocaba la última clase del día. Al salir cada una se fue por su camino pero esa tarde llovía demasiado. Gianna tenía que apresurar sus pasos, ella se iba en autobús todos los días y si dejaba pasar el de las dos de la tarde tendría que esperar el próximo de las cuatro. Llegaría a casa más tarde y quería evitarlo.
El camino la obligó a detenerse cuando un gran charco de agua le hace resbalar y aunque no se cayera comenzó a gritar molesta. Sus pantalones crema y sus sandalias se mojaron bastante, su cabello largo de color negro estaba recogido y la camisa de botones azul cielo no fue la vicitma directa de este incidente.
Esta versión de ella no omitía ni reprimía nada. Era gritona y no le importaba nada ser como era, esta versión era libre.
Le faltaba poco para llegar hasta allí, pero la lluvia lo estropeaba todo. De milagro alcanzó el autobús a su casa y pese a la incomodidad de estar toda empapada, suspiró aliviada porque ya iba de camino a casa.
Tomó su celular para recopilar los datos de las clases y los próximos exámenes y deslizó el dedo por la pantalla mientras intentaba concentrarse en sus notas de clase. No tenía tiempo para distracciones, pero una publicación en redes sociales llamó su atención.
Era de Marena, con quien recién habló y que le empezaba a caer bien. El mensaje era vago, pero se notaba la molestia en cada palabra.
"Algunas personas simplemente no entienden lo que significa respetar."
Gia frunció el ceño. ¿A quién se refería Marena? No solía comentar en publicaciones ajenas, pero algo la impulsó a abrir el chat privado.
Gia: ¿Estás bien? ¿Qué pasó?
El mensaje tardó unos segundos en marcar como leído. Luego, una respuesta apareció en la pantalla:
Desconocido: Está bien, ja ja ja.
Gia parpadeó. Algo no encajaba. No la conocía del todo pero por la forma en la que hablaron durante el día no parecía ser una persona así.
Gia: ¿Marena?
Ninguna respuesta.
Frunció los labios y pensó en dejarlo así. No era su asunto. Probablemente Marena solo estaba desahogándose y no necesitaba su intervención. Pero justo cuando iba a cerrar la aplicación, el chat volvió a iluminarse.
Desconocido: No soy Marena, pero gracias por preguntar.
Gia arqueó una ceja.
Gia: Entonces, ¿quién eres?
Desconocido: Alfonso, su hermano. Y antes de que preguntes, sí, tomé su teléfono sin permiso. No me delates.
Gia soltó una risa baja.
Gia: Eso explica la respuesta rara.
Alfonso: ¿Rara? Yo diría que fue eficiente.
Gia: ¿Por qué tomaste su teléfono?
Alfonso: Curiosidad. Y porque pensé que alguien interesante podría escribirle.
Gia se mordió el labio. La conversación estaba tomando un rumbo inesperado.
Gia: ¿Y lo encontraste?
Alfonso: Todavía lo estoy averiguando.
Ya la lluvia no parecía tan importante y mucho menos el frío. Se sentía extrañamente cálida y sonreía por la conversación con este ser extraño llamado Alfonso. Algo le hacía replantearse si seguir en esa conversación era algo sano. Pero en su interior había una especie de seguridad y compañía al hablar con él. Una cosa llevó a la otra, compartieron su perfil y fue algo interminable.
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escenas románticas, conflictos emocionales, lenguaje moderado
Editado: 08.03.2026