30 días con mi ex

Capitulo 5

Tiempo actual …

Las nubes del cielo comienzan a despejarse pero por una extraña razón no paraba de llover. Los dos cuerpos petrificados mirándose, como si nada más estuviera pasando en el mundo.

Alfonso, todo temeroso, dio un solo paso hacia al frente. El corazón de Gianna no dolía en ese momento. Así que sin nadie esperarlo, se tiró en sus brazos. Mas él no movió sus brazos. Se separa de él sintiendo que hizo algo malo y desprevenida, Alfonso la toma por los brazos y la obliga a abrazarlo nuevamente. Esta vez en un abrazo húmedo pero prolongado.

Cuando se dio cuenta de todo el desastre, la llevó hacía la entrada de un restaurante que tenía techo extendido. No dejaron de mirarse cuando al fin se guardaron de la lluvia.

—¿Qué haces aquí?— decía Gia a la vez tratando de aclarar su vista.

—Es una plaza pública ¿no?— dijo él ásperamente.

Por lo regular, Alfonso, cuando se ponía nervioso no contestaba amablemente. Era una bomba de tiempo y lo que le pasaba por la mente así mismo respondía.

—Perdón.— dijo Gia y bajó la mirada.

Él tomó su barbilla y la obligó a mirarle a los ojos.

—¿Estás bien? — al preguntárselo Gia tragó saliva y aparecía ese dolor en el alma todos los días.

Todos le preguntaban lo mismo y no siempre contestaba la verdad.

—Si, creo.— cambió su mirada.

—Estaba aquí porque no podía más.

Sus ojos le atendieron con urgencia, era algo que deseaba escuchar desde hace tiempo. Pero Alfonso era el hombre de las frases inconclusas. Los únicos que hablaban eran sus ojos marrones claros y vidriosos. Podía decir muchas cosas y en aquellos se sabía que se extrañaban.

A Gia se le había olvidado por completo a Sara y tenía que irse con ella.

—Lo siento, me tengo que ir.— dijo ella con prisa.

Alfonso no la soltaría tan fácil, nunca lo hizo.

La detuvo para encararla nuevamente.

—Quiero verte de nuevo.— menciona todo nervioso.

—Lo siento yo...

—Mañana aquí a la misma hora, por favor— dice Alfonso suplicando.

Se quedaban inmóviles sin saber que hacer, como irse. Era tanto lo que habían perdido que es difícil dejarse ir.

—Está bien— Gia le soltó primero y se fue de inmediato.

Temblaba mucho, pero no sabía si era frío o era el momento pasado. No esperaba volverlo a ver, como la primera vez que la lluvia caía. Al encontrarse con Sara se dio cuenta de que está ocupada con sus compañeros de estudio.

Tenía ese deseo de volver a donde estaba Alfonso, pero era hora de volver a casa.

Cuando Sara detiene su auto en la entrada de la casa de su amiga, Gia cae en cuenta que no puede volver.

—Ésta ya no es mi casa— comenta con tristeza.

—¿Qué piensas hacer? Si quieres, puedes quedarte en casa en lo que resuelves las cosas con tu padre.— ofrece su amiga de manera cálida, haciendo que olvidara un poco el malestar de esta mañana.

—Sí, por favor.

Sara celebra y retrocede en esa calle para llegar hasta su casa, donde vivía sola. Hace poco tenía una pareja pero se dejaron y ella se quedó ahí. Sara es muy alta y de piel oscura, con un cabello negro liso y largo. Su amiga tenía que mirar hacia arriba para hablar con ella.

Entran a la casa y se acomodan un poco. Ella le busca un espacio y luego se reúnen en el comedor a hablar un poco.

—Hoy me encontré con Alfonso.

Cuando Gianna soltó aquella frase, su amiga en automático dejó lo que estaba haciendo y prestó toda la atención pero justo cuando conversaban, alguien toca su puerta con urgencia.

Sara abre y voltea a ver a su amiga con preocupación. Gianna se levanta y se acerca.

Un chico alto como su amiga, de tez clara y ojos claros se asoma.

Es George, el novio de Gianna.

Su sonrisa de tranquilidad siempre presente pero con un tono de preocupación.

—¿Estás bien?— le pregunta a su novia.

—No, la verdad— contesta Gianna y le invita a hablar en el jardín de su amiga.

George se quedó con los brazos abiertos esperándola. Ella lo abraza cortante y comienzan a caminar.

—Petra me llamó para decirme todo lo sucedido. ¿Por qué no quieres volver a casa?

—Mi padre es un horror. No puedo con él más. No puedo con todo esto.

—Pero no es razón para escapar. Me hubieses comentado y hacíamos algo al respecto. Por ejemplo, mudarte conmigo al apartamento.

Gianna lo mira desconcertada de todo lo que dice.

—¿Y qué vas a hacer con tu compañero de piso?— pregunta ella, ese chico no le caía bien.

Robaba toda la atención de su novio y no los dejaba nunca en paz.

—Viviremos los tres juntos mientras consigues trabajo y luego nos vamos a otra parte.

Ese plan no suena convincente para Gianna así que dice que no con su cabeza. Algo de todo lo que ha pasado y Alfonso en su cabeza le hacían retroceder.

Luego de lo que pasó hace un año, George, su mejor amigo en ese entonces, estuvo con ella todo ese tiempo. Hasta que en un momento se dieron esa oportunidad de tener una relación que no debió ser. Gianna no estaba lista para eso, pero la atención que George le daba hasta hace poco era diferente. Ahora, ella sentía que le daba por sentado su compañía y que solo la tenía por razones de costumbre. No se sentía igual y nunca se sintió enamorada como alguna vez. Él era la excusa perfecta para que su padre la dejara en paz. Era el preferido de Severo, porque podía manipularlo y controlar a su hija.

—George, te juro que te quiero, pero nada es lo mismo. No creo que pueda lanzarme a vivir contigo así— le confiesa.

—Está bien, no hay prisa para eso. Solo quiero que estés bien y si quieres estar aquí con tu amiga por mí está bien. Y también podemos vernos más a menudo sin la restricción de tu padre con los horarios— comenta George y ella siente que evade de nuevo la conversación.

—George, te estoy pidiendo tiempo.

Él le da la espalda de momento, como si no escuchara eso, creo que no estaba listo para soltarla.




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