30 días con mi ex

Capítulo 8

Flashback, primer encuentro.

Era un domingo de enero, el tipo de día en que el sol apenas calienta lo suficiente para sentirse agradable sobre la piel. Gianna se miró en el espejo antes de salir de su habitación. Respiró hondo, tratando de calmar el tamborileo de su corazón. Sabía que en cuestión de minutos, su mundo cambiaría.

El sonido de la puerta abriéndose la hizo contener el aliento. Dio un paso hacia la sala y, al levantar la vista, ahí estaba él.

Alfonso.

No en la pantalla de su teléfono. No en un mensaje escrito. No en su imaginación. Sino real, de pie frente a ella.

Vestía una chaqueta gris, con detalles negros que combinaban con sus aretes oscuros. Sus ojos recorrieron a Gianna con un asombro que intentó disimular, pero que ella percibió al instante. Había algo en su mirada, algo entre incredulidad y admiración, como si estuviera viendo algo que no esperaba… o tal vez algo que había estado esperando durante demasiado tiempo.

Ella sintió el rubor subir por las mejillas. Se obligó a respirar, a recordar que ya lo conocía. ¿O acaso no era así? Hasta ese momento, Alfonso había sido solo palabras, risas a la distancia, llamadas en la madrugada. Ahora, su voz y su físico se unían en una sola realidad.

"Hola," dijo ella, sintiendo su propia voz temblar.

Él sonrió, un gesto torpe pero sincero, como si también estuviera sintiendo lo mismo. Como si, por mucho que hubiera imaginado este momento, nada lo hubiera preparado realmente para estar ahí.

Después de unos minutos que parecieron alargarse en el tiempo, salieron juntos rumbo a la iglesia. No hubo silencios incómodos, aunque tampoco hablaban demasiado. Había algo en el aire entre ellos, un reconocimiento silencioso, como si sus almas se hubieran conocido antes de que sus cuerpos lo hicieran.

La misa transcurrió entre miradas furtivas, pequeños roces accidentales, sonrisas cómplices. Gianna sentía su corazón latir con fuerza, aunque no supiera exactamente por qué. Era nerviosismo, era emoción, era algo más.

Y entonces, cuando el día avanzó y la distancia entre ellos se redujo lo suficiente, ocurrió.

El primer beso.

Fue repentino, pero no inesperado. Alfonso se acercó apenas un poco más y ella, sin pensar demasiado, dejó que sus labios se encontraran. Fue un beso tímido, como una pregunta sin palabras, y al mismo tiempo, una respuesta a todo lo que ninguno de los dos había dicho en voz alta.

Por un instante, Gianna sintió que el mundo se detenía. Que no había tiempo ni espacio, solo el latido acelerado de su pecho y el contacto eléctrico de aquel momento.

Flashback End

Un portazo fuerte causado por el viento hace que ella caiga en tiempo y lo ve. Es tan real como ese día. Seguía siendo el hombre tímido y respetuoso desde el día uno. Pero aquel beso la dejó en duda de sí sigue siendo el mismo que ama o las cosas cambiaron dentro de su corazón.

El silencio era tan espeso que parecía un tercero en la habitación.

Alfonso se alejó unos pasos, visiblemente nervioso. No era el beso lo que lo inquietaba, sino todo lo que ese gesto desenterraba. Recuerdos, heridas, tal vez deseos que ninguno de los dos había querido admitir.

—¿Quieres agua? —preguntó él, casi como una excusa para romper la incomodidad.

Gianna asintió en silencio. Caminó hacia la ventana mientras él iba a la cocina. La casa olía a madera vieja, a polvo y a nostalgia. Podía notar en las paredes el paso del tiempo, como si también esa casa hubiera tenido que soportar recuerdos que dolían.

—¿No ha cambiado mucho?—pregunta ella, pasando los dedos por un estante cubierto de polvo.

—No. A veces siento que todo lo que viví aquí se quedó congelado.

Gianna se volvió hacia él. Lo vio mirar las paredes como si buscara algo que ya no estaba.

—¿Y por qué viniste? —preguntó.

Alfonso la miró, y por un momento dudó en responder.

—Pensé que sería… no sé. Cómo cerrar un ciclo.

—¿Y lo estás cerrando?

—No. No aún.

Se miraron en silencio, otra vez. Hasta que Alfonso, sin dejar de verla, dijo con voz baja, como si probara las palabras antes de lanzarlas:

—¿Y si te quedas aquí conmigo?

Gianna parpadeó.

—¿Cómo que me quede?

—Treinta días. Aquí. Tú y yo.

—¿Estás hablando en serio?

—Sí. Treinta días para ver qué pasa… o qué no pasa.

Ella tragó saliva. Su cuerpo se tensó, su mente se llenó de advertencias. Pero también, de una extraña curiosidad.

—No lo sé, Alfonso. Eso suena...

—Una locura —completó él.

—Sí.

—Pero a veces las locuras sanan.

Gianna no respondió. Miró al suelo. Su corazón iba rápido. No sabía si por el miedo… o por las ganas de decir que sí.

La noche cayó rápido, como si el cielo también tuviera prisa por esconderse.

En la casa se encendieron pocas luces. El silencio volvió a instalarse entre ellos, pero esta vez no era incómodo. Era… expectante.

Gianna estaba sentada en un rincón del sofá, abrazando sus piernas. Alfonso había encendido una pequeña lámpara en la esquina del comedor, cuya luz temblaba como si supieran algo que ellos no.

Entonces, sucedió.

Un crujido sordo vino del suelo. Apenas un movimiento. Casi imperceptible. Pero suficiente para que ambos se miraran.

—¿Lo sentiste? —preguntó ella, enderezándose.

—Sí.

Otro temblor, esta vez más fuerte. Las paredes vibran y un portarretratos cayó al suelo con un sonido seco.

—Eso fue un sismo —dijo Alfonso, levantándose.

Gianna se puso de pie también, ahora con el corazón latiendo con más fuerza por un motivo distinto.

—¿Crees que debamos salir?

—No —dijo él.

Se quedaron en la sala, en silencio, escuchando el eco de la tierra temblando bajo sus pies muchas veces.

Todo se sentía como si el mundo quisiera ponerlos a prueba.

De momento comenzaron a caer muchas cosas, incluyendo unas figuras de porcelanas que yacían en un estante muy cerca de Gianna.




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