30 días con mi ex

Capítulo 12

Los dos empapados de pies a cabeza, cuando ya el cielo no pudo dar más claridad corren dentro de la casa. En el momento se rieron de lo frío que se estaba volviendo sus cuerpos. Al entrar, Gianna por poco se cae y Alfonso pudo sostenerla en sus brazos. Esta vez se pudieron mirar mejor, esas miradas decían muchas cosas.

Corren al baño a quitarse la ropa y no dudan en mirarse el uno al otro con deseo pero solo se limitan a bañarse juntos. Entre risas, se envuelven en toallas y se abrazan, su silencio decía mucho. Luego se evaden más gestos y siguen su curso. Gianna, luego de ponerse ropa más seca, lleva la otra a afuera para que se seque y él la sigue para lo mismo.

Luego entran y preparan algo de comer. Se quedan en silencio y se duermen juntos en aquella cama vieja que en ese momento es el mejor lugar donde estar para los dos.

Al otro día, Alfonso abre sus ojos y decide que es momento de despertar, pero se da cuenta que está solo. Así que se levanta y la busca por toda la casa. Desesperado la busca allí y decide entrar a una habitación que no quería entrar aun. Pero sin quererlo y solo por ella, abrió la puerta. Estaba todo oscuro y difícilmente ella estaría allí. Antes de marcharse no dudó en mirar aquella pared del fondo. Tenía un dibujo de uno de sus superhéroes favoritos, pero no solo eso, recordó el momento en el que su mamá lo hacía con tanto amor que le estremeció ese recuerdo. Volvió a ver a ese niño entusiasmado y feliz por una vida que no entendía. Ese niño que dejó ir allí, que fue herido y lastimado por el abandono de su padre.

Esos recuerdos, quería evitarlos, pero sabía que algún día vendrían hacía él. Porque aunque el tiempo cure cosas, hay otras que jamás dejaron de doler.

De momento se distrae al escuchar la puerta de entrada, que alguien tocaba con mucha insistencia. Cierra la puerta de la habitación y pasa por el pasillo, con el pensamiento de que era ella, que a lo mejor salió y se quedó afuera sin querer. Así que respiró hondo con toda la emoción y planeando darle un abrazo fuerte como si no la viera hace tiempo.

Mas al abrirle no era quien esperaba. El señor, que al principio los había visitado, volvió.

Alfonso bajó la vista, como si las esperanzas se cayeran por el suelo. Cambia de parecer y pone su rostro amable. El vecino, muy sonriente le saluda con calidez y este le deja entrar como si nada.

—Buenos días, espero no haber molestado tan temprano. Pero me era urgente pasar por aquí y ver como estaban. Han pasado días desde aquel temblor y olvidé que estaban por aquí.— comenta el vecino.

—No es una molestía. Estamos bien dentro de todo.

—Me alegra notarlo. Aquí les traje, de parte de mi esposa, unas compras sencillas de comida. Para que puedan abastecerse en lo que terminan de reconstruir el puente.

—¿Comenzaron a reconstruirlo ya?

—Si, hace dos días. Muchas personas rogaron por ello, ya que se necesita ir hasta Antia para conseguir comida. Mi esposa y yo fuimos por el otro rumbo. Nos tardamos un día en salir y entrar. Llevamos comida a algunos de nuestros vecinos conocidos y no dejamos de pensar en que ustedes necesitan algo para sobrevivir.

Alfonso se queda en silencio, asumiendo que todo esto se acabaría pronto.

—Pensé que su novia se lo había comentado, pues ahorita la vi en la entrada y se lo conté.

—No, no me ha dicho nada.

Dentro de él se encendieron las alarmas. Intentó actuar un poco pasivo pero comenzó a sudar, preocupado de lo que haría Gianna con esa información dada.

—Me alegra al menos contarle esto y espero que disfruten de lo que les trajimos. Es suficiente para unos días. Para que así vuelvan a la ciudad. A menos que decidan quedarse aquí viviendo juntos. Pero sin darte mucha lata, me iré para que puedan tener un hermoso día, menos lluvioso que ayer. Gracias por abrirme.

—Gracias por todo lo que trajo para nosotros.

—A la orden siempre. Y antes que se me olvide. A mi esposa le encanta estar de metiche y me pidió que los invitara a la casa, el día que ustedes quieran para conocerlos bien. Dice que algo de ustedes les recuerda a nosotros cuando fuimos jóvenes. No sé en qué piensan, pero están cordialmente invitados a nuestra humilde casa.

—Lo hablaré con ella y estaremos allí pronto.

El vecino se despide con una media sonrisa y Alfonso cierra la puerta despacio.

Se da la vuelta otra vez por la casa, pensando muchas cosas.

¿Qué podría estar haciendo ella por ahí? pensó él y la esperó.

Mas el cielo contaba el momento y la tarde se acercaba. Entonces ya no pudo más y no sabe por qué esperó tanto para ir a buscarla. Salió corriendo hacia afuera y luego por el pastizal. Solo se escuchaba el viento y su respiración agitada. Pensaba en reclamarle por haberse ido sin decirle nada. Supuso que aprovechó y decidió irse sin decir más, como era de costumbre.

Trataba de no romperse de nuevo con sus pensamientos, pero es inutil. Es inutil no empezar a prepararse para lo peor. Y cuando ya estaba rendido vio a la izquierda un brazo tendido en el suelo. Se acercó más y encontró todo su cuerpo tirado allí.

Asustado se tiró a su lado e intentó reanimarla, pero parecía muerta. Chequea su pulso y suspira aliviado que siga con vida. La toma en brazos y la lleva a casa.

Cuando estaba de regreso se dio cuenta lo alejados que estaban de la casa y la oscuridad que se asomaba. Y trataba dentro de sí entender lo que pasó.

Al llegar la puso en la cama y notó que su piel estaba caliente.

¿Cuánto tiempo habrá estado allí tirada?

Fue a la cocina y llenó un balde pequeño de agua a temperatura ambiente, busco alguna toalla limpia y la sumergió allí. Luego fue a donde ella y la pasó por su cara. Ella se mueve inquieta pero aun vaga. Era como si ella no tuviera energía para nada.

Alfonso se queda a su lado y espera pues ella estaba reaccionando a las horas pasar y su cuerpo volviendo a su temperatura normal. No quedaba más que acompañarla y esperar para luego saber por qué se fue esta vez.




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