30 días con mi ex

Capítulo 13

Esa misma mañana…

Gianna se levantó temprano y salió a la sala, dejando a Alfonso descansar tranquilo, sin antes darle un beso en su frente. Salió y miró a todas partes, el silencio la inquietaba. Solo el ruido de los pájaros en la mañana le hacía sentir tranquila. Va a la cocina y se preparó un café. Y se va al porche a tomárselo pero tanta tranquilidad podía ser perjudicial para sus pensamientos introvertidos.

Esto era lo que ella quería y necesitaba. Una mañana tranquila lejos de todo, para meditar y había algo que le hacía peso a su corazón. No sabía si eran las cosas que allí pasaban o el pasado que le atormentaba. Hizo todo mal, con todos en general.

Desde George… su relación inconclusa y débil.

hasta Alfonso… ese amor puro e imperfecto.

De cómo todo comenzó.

Lo que decía su mente intentando madurar.

Pero hay cosas que no podía retroceder y arreglar. Y justamente era lo que más pesaba, lo que todavía no hablaban. Porque hablar con Alfonso sobre aquel hijo que perdieron era complicado.

Sentía tener la culpa de todo eso, de que su cuerpo no respondiera como debiera, de que no mantuviera la vida posible allí y se fuera. Pudo haberlo hecho mejor, pensó ella.

Miró hacia la dirección del viento entre los árboles, los rayos del sol se asomaban y la nostalgia se hacía presente. Quizá si todo lo hubiera manejado mejor, mayormente sus emociones, algo fuera diferente.

No dudó en llorar por eso y se fue caminando hacia el horizonte sin nada planeado. Buscaba dentro de sí algo de consuelo. Gianna se sentía la peor y así su familia la hizo sentir toda la vida. Como alguien que no debió llegar nunca a esa casa luego de aquella tarde en el hospital y difícil de borrar.

Porque aunque pasara el tiempo, se sentía igual. De pronto ve en el camino a aquel amable vecino que les habló el otro día. Y le saluda. Él la detiene para hablarle de que hay posibilidad de volver, pues el puente estaba en reconstrucción, a lo que ella solo asiente como si escuchara todo de verdad. Solo se quedó con la palabra salida, aquella posible solución de escapar.

Pero qué clase de respuesta era eso. Nuevamente moverse al este y cortar toda comunicación. Ella sabe que era un modo sano de hacerse cargo sin herir a nadie esta vez. Era lo que preferiría hacer antes de volver a ser aquel monstruo que solo decía cosas que rompían a Alfonso.

Gianna siguió caminando, sin rumbo claro, repitiéndose la palabra “salida” como si al nombrarla pudiera convertirse en algo real.

El viento era cada vez más fuerte y seco. El sol, más alto.

El café de la mañana ya era un recuerdo lejano, y el cuerpo empezaba a cobrarle la cuenta de tantas emociones juntas.

Sus pasos se volvieron más lentos. Le costaba enfocar la vista.

Primero vino el zumbido, tenue, como un insecto dentro de su oído. Luego, una presión detrás de los ojos, como si alguien apretara desde adentro. Intentó respirar hondo, pero el aire se volvió espeso, pesado, insuficiente.

Se llevó una mano al pecho.

No era solo el dolor emocional. Había algo más, algo físico.

Como si su cuerpo, harto de sostener tanto peso, finalmente se rindiera.

—No... —susurró, apenas audible. Como si pudiera detener lo inevitable con una palabra.

Y entonces, todo se despegó. El suelo dejó de estar firme. Las hojas de los árboles giraron en espiral como si danzaran en cámara lenta. Vio un destello, tal vez del sol, tal vez de un recuerdo.

Una habitación blanca. Una cuna vacía.

Y cayó.

Como se caen los pensamientos cuando ya no queda fuerza para sostenerlos.

Como se cae el cuerpo cuando el alma se agota primero.

A las horas pasar, siente comodidad y calidez, como si su cuerpo estuviera en un lugar mejor que el frío suelo. Intentó moverse pero se sentía muy débil como aquel momento horrible de hace un año.

Al abrir los ojos de momento, como si todo fuera tan real. Se despertó en aquella cama fría y vacía de aquel hospital. Su madre discutía con Severo en la entrada de aquella habitación y al mirarla despierta, se acercó a ella con furia. las lágrimas salían con prisa y un leve golpe en el hombro la hizo reaccionar. Su padre decía palabras hirientes y ella se llevaba las manos a sus oídos tratando de protegerse.

A lo lejos ve a George acercándose a la escena y tratando de calmarlos un poco. logró sacarlo de la habitación y Petra se fue tras él.

George la miró y decidió abrazarla fuertemente. Mientras Gianna lloraba sin parar, hasta el punto de quiebre donde todo pensamiento dolía el doble. Apretaba los brazos fuertes de George mientras pasaba el dolor.

Petra aparece y la ve así desde la puerta. Comienza a llorar también.

Perder aquellos sueños que tanto anhelo con aquel amor. La única forma que hallaban para unirse para siempre y que nadie los separara.Tal vez fue una idea ingenua, querer crear una vida solo para proteger su amor. Pero aquella vida, que debió ser refugio, terminó convirtiéndose en un arma letal contra ella.

Tal vez por eso había huido tanto. Tal vez por eso seguía caminando sin rumbo cada mañana, como si al final del campo pudiera encontrar la parte de sí misma que se le había roto para siempre.

Pero de momento, George desaparece, todos desaparecen y ella ve la habitación más vacía.

Al punto de sentir miedo y terror. Se comienza a mover inquieta de un lado a otro como si estuviera peleando con algo que la amarrara y en ese preciso momento, la soltó.

Abrió sus ojos y lo vio. Alfonso, esa mirada penetrante, esos ojos marrones claros. Los que siempre decían cosas. Y se dió cuenta que estaba de vuelta a una realidad menos densa.




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