30 días con mi ex

Capítulo 18

Al mediodía siguiente todo seguía siendo veladas de ensueño. Gianna tratando de resolver en la cocina y Alfonso regalando abrazos y muestras de afecto constantemente. Hablaban de cosas futuras, sin querer, que podrían pasar si estuvieran juntos para ese entonces. Evitaron pensar en las tormentas pasadas y en las razones de sus separaciones.

Pero se asomaba el calor y de pronto Alfonso decide irse afuera sin decir nada.

Gianna tomó eso tranquilamente, recordando la regla de respetar sus espacios. Aunque le preocupaba, trataba de no suponer, como lo había prometido.

Al rato, Alfonso aparece todo fatigado, muy extraño pero con esa emoción natural de él. Igual que la de un niño haciendo travesuras en la casa, algo muy tierno para ella.

—¿Y si hacemos algo que nunca hayamos hecho juntos? —pregunta Alfonso.

—¿Cómo qué? ¿Robar un banco?

Alfonso rió ante la exageración de ella.

—No tan extremo. Algo tonto, simple. Un reto diario.

—¿Una lista?

—Cierra los ojos —le dijo a Gianna, mientras ella terminaba de atarse el cabello.

—¿Qué planeás ahora?

—Nada peligroso. Pero no puedes abrirlos hasta que yo diga. Confianza, ¿recuerdas?

—No soy buena en eso.

—Por eso es un reto.

Gianna suspiró, dudó, y al final se cubrió los ojos con ambas manos.

—Te juro que si me haces pisar algo asqueroso, esta tregua muere hoy mismo.

—Lo voy a tener en cuenta —dijo él, con una sonrisa que no pudo ocultar.

Comenzaron a caminar. Él la guiaba con una mano en la espalda, la otra en su brazo. A cada paso, Gianna reía nerviosa.

—Estás disfrutando esto más de lo que deberías.

—No todos los días tengo a la mujer que amo caminando a ciegas confiando en mí.

Ella no respondió, pero el silencio se volvió más suave.

Caminan entre árboles, tierra húmeda, hojas que crujen.

A veces Alfonso se detiene y le susurra:

—Un paso más. Ahora a la izquierda. Cuidado con la raíz.

—¿Dónde estamos?

—En un lugar que descubrí hace tiempo, cuando era niño.

Finalmente, él le saca las manos de los ojos con delicadeza.

Gianna abre los ojos lentamente.

Un claro en el bosque. Sol filtrado. Césped alto. Una manta tirada con frutas, dos botellas de agua, una caja con galletitas, y una libreta en el centro.

—¿Un picnic?

—Primer picnic juntos. Contando desde hoy.

Ella no dice nada. Solo se acerca, se sienta sobre la manta, y sonríe.

—¿Todo esto lo armaste mientras yo estaba en la cocina?

—Sí. Y no fue fácil esconder las galletitas.

—Entonces mereces una medalla. Y que me siente acá, sin huir.

Alfonso se sienta junto a ella. El viento agita apenas el pasto.

Comparten fruta, se ríen por la cantidad de hormigas que quieren ser parte del plan.

En un momento, Gianna saca la libreta.

—¿Qué haces?

—Anoto otro reto más.

Escribe en una esquina, sin mostrarle. Luego le pasa la hoja.

Alfonso la lee:

Decirnos algo que nunca antes nos animamos a decir.

Él levanta la mirada y encuentra los ojos de ella.

—¿Seguro que quieres jugar a eso?

—No sé —responde Gianna—. Pero al menos esta vez no voy a escapar del juego.

—Ok, empezaré yo. Este era mi lugar favorito cuando pequeño. Mis padres peleaban mucho y me escapaba con mis juguetes en lo que terminaba. Nunca supieron que lo hacía y ni se dieron cuenta de eso.

Gianna lo observa y espera verlo flaquear. Pero vio a un niño convertirse en hombre hoy. Quizá porque sabe que dentro de sí le dolía lo bastante y nunca pudo hablarlo. Y hoy lo dijo como si fuera una anécdota pasajera.

— Me toca a mí ahora —dijo ella respirando hondo.

Alfonso espera pacientemente pero ella se tarda. Como si fuera muchas cosas que nunca dijo.

—¿Recuerdas aquel San Valentin que me propusiste matrimonio? Ahí me di cuenta de lo mucho que te quería. Y sé que no debemos hablar del pasado.

—Tranquila, por ahora ese recuerdo lo vale.

—Yo siempre creí en el amor a primera vista o como una película. Nada lleno de conflictos. Pero cuando nos conocimos, gracias al post de tu hermana, todo fue mágico. Estábamos llenos de problemas y fuiste mi calma en medio de todo eso. Así como este lugar lo era para ti cuando pequeño. Así eres para mí.

—¿Por qué tanto huimos de nosotros mismos?

—Quizá no tenemos la valentía de hacer algunas cosas. Nos dejamos llevar por los demás y nuestro ambiente. Yo sé que dañé todo muchas veces, por mi inmadurez y mis estupideces. No me justifico.

Se quedó callada de momento, sentía que estaba cruzando la línea de romper una de sus reglas sobre hablar del pasado.

Alfonso asintió y se quedaron en silencio mirando el paisaje. Cruzaban miradas y reían sin decir algún chiste, muy normal de ellos. Actuaban como las primera veces que compartían.

Y de momento compartieron algunos recuerdos del pasado. ¿Qué podía pasar? La puerta del pasado se abrió hace rato en la conversación.

Recordaron cuando ellos escaparon a un centro comercial en plena noche. Donde visitar una tienda se convirtió en algo mítico entre ellos y su punto de encuentro por años.

Esa misma noche, corrían como dos adolescentes que cometieron un crimen. Juntos de la mano mirando este momento como oro. Ese lugar fue testigo de esas locuras por mucho tiempo. Hasta de las veces que rompían y volvían. Se besaban a escondidas. Criticaban cada cosa extraña que veían, como aquel vaso de café puesto y que llevaba un precio.

Eso les pareció lo más gracioso esa noche y hasta hoy sigue siendo gracioso. Fue como el primer comentario, el primer chiste ante aquel nerviosismo de encontrarse.

Esa noche, Gianna supo que no importaba la oscuridad si se trataba de él. Que podía contra eso, aunque su corazón fuera a fallar. Rebasó las señales y hasta perdió el miedo a esa oscuridad. Tuvo que aceptar para amarlo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.