30 días para no Enamorarme

Capítulo I

DÍA 1 - LA APUESTA
_POV Thiago_

El vestuario olía a lo de siempre.
A sudor viejo, a desodorante barato que se acabó a mitad de entrenamiento, y a mis amigos siendo las personas más idiotas del planeta.

Estaba tirado en la banca de madera, con la toalla colgando del cuello y la remera del equipo pegada al cuerpo. Todavía me dolían los hombros. Tres horas de pique contra el equipo del Nacional nos habían dejado a todos muertos.

"Oigan, ¿escucharon lo de la pista?" dijo Bruno, tirándome una botella de agua sin avisar. Me dio en el pecho.

La atrapé con una mano. Reflejos de deportista.
"¿Qué pista?" pregunté, destapándola y tomando un trago largo. El agua estaba tibia. Asco.

"La pista 2" contestó Dani desde el fondo. Estaba colgado del casillero, como un mono. "Se inundó con la lluvia de ayer. Dicen que van a tardar mínimo un mes en arreglarla."

Lucas silbó bajito.
"Un mes. O sea que..."

"O sea que vamos a tener que entrenar con ellas" terminó Bruno por él, y me miró directo a mí con una sonrisa que no me gustó nada.

Yo, Thiago Benítez, capitán del equipo masculino de vóley del Colegio San Ignacio, puse la cara que pongo cuando el profesor de mate me pregunta algo que no estudié. Cara de asco total.

"Genial" dije, sarcástico. "Justo con el circo del vóley femenino."

No es que tuviera algo contra el vóley femenino. Mentira. Sí tenía.
Tenía algo contra su capitana.

Valentina Palacios.

Solo decir su nombre en mi cabeza me dio ganas de patear algo.

Nos conocíamos desde jardín. Colegio privado, mismos torneos intercolegiales, mismas fiestas de fin de año. Dos familias de "buena posición", como decían mis viejos cuando hablaban con los de ella en los asados.

Traducción: plata, viajes, y cero problemas.
Pero ella y yo éramos agua y aceite desde que teníamos 8 años y competimos por quién ganaba más medallas en la colonia de verano.

Ella ganó. Por un punto.
No se lo perdoné.

"¿Te da algo decir su nombre o qué?" se burló Lucas. El idiota número 1. Siempre oliendo sangre.

"No me da nada" mentí, recostándome mejor. "Me da igual. Es creída, insoportable, y juega con las uñas pintadas. ¿Qué respeto le voy a tener?"

Los 4 se rieron.
"Claro que sí" dijo Dani. "Por eso la miras cada vez que saca en los partidos."

"No la miro"
"La miras"
"Cállense."

Me paré para ir a ducharme. Necesitaba salir de ahí antes de que siguieran. Pero Lucas no me iba a dejar ir tan fácil. Nunca.

"Hey" me frenó, poniéndose delante de la puerta del baño. "Apostemos."

Puse los ojos en blanco.
"¿Apostar qué? No tengo tiempo para sus estupideces."

"500 mil" dijo, serio de repente. Demasiado serio para ser Lucas.

Eso sí me frenó.
"¿500 mil? ¿Están locos?"

"30 días" dijo Bruno, acercándose también. Ahora los 4 me rodeaban. "30 días sin enamorarte de Valentina."

Me reí. No pude evitarlo. Fue una carcajada fuerte, de verdad.
"¿Perdón? ¿Enamorarme de ella? ¿Están sordos? Acabo de decir que me cae mal."

"Exacto" dijo Dani. "Por eso la apuesta. Si es tan fácil, ¿cuál es el problema?"

Miré a cada uno. Bruno, con su cara de "te tengo". Dani, esperando. Lucas, con esa sonrisa de víbora. Y Mateo, el callado, que solo asintió.

Orgullo. Puro orgullo.
Yo, Thiago Benítez, no le tenía miedo a nada. Y mucho menos a una chica.

"¿Y cuáles son las reglas?" pregunté, cruzándome de brazos.

Lucas sacó el celular y empezó a anotar como si fuera un contrato legal. Ridículo.
"Regla 1: No hablarle si no es estrictamente necesario. Regla 2: No mirarla por más de 3 segundos. Regla 3: No pensar en ella fuera del colegio. Regla 4: Cero contacto físico."

"¿Y si gano?"
"Nosotros te pagamos los 500 mil" dijo Bruno rápido. "Si pierdes, los pagas tú."

500 mil no era plata que me fuera a fundir. Mis viejos me daban más para gastar en un finde. Pero perder... perder delante de ellos no era una opción.

"Trato hecho" dije, y le chocamos las manos a los 4. "30 días. Empiezan... ¿cuándo?"

"Mañana" dijo Lucas, guardando el celular. "Día 1."

Salí del vestuario sintiéndome el rey del mundo. Fácil. 30 días sin hablarle a Valentina. Podía hacerlo dormido.

Lo que no sabía era que el destino, o el director, o Dios, me odiaba.

Porque cuando volví a mi casa, bañado y con hambre, tenía un mensaje en el grupo del colegio.

*DIRECTOR*: _Estimados alumnos. Por temas de mantenimiento, desde mañana 25 de Julio los equipos de vóley masculino y femenino compartirán espacios. En clases, los capitanes compartirán banca. Banca 4. Thiago Benítez y Valentina Palacios. Atentamente._

Leí el mensaje 3 veces.
Banca 4.
Con ella.
30 días.

Tiré el celular a la cama y me tiré yo también.

Mierda.

---

A la mañana siguiente llegué 10 minutos tarde a propósito. Estrategia. Si llegaba tarde, capaz ella ya estaba sentada y no tenía que elegir lugar.

Mentira. Estaba ahí.

Banca 4. Justo en el medio del aula. Como un ring.

El aula 3B estaba llena. 30 personas mirándonos. Porque claro, todos sabían que nos odiábamos. Era el chisme del colegio desde hace años.

Y ahí estaba ella.

Valentina.
Pelo castaño claro recogido en una coleta alta, como siempre para entrenar. Uniforme impecable. Camisa blanca, corbata del colegio, pollera a la rodilla. Y esos ojos... verdes. Verde claro, como vidrio.

Me miró cuando entré. Levantó una ceja. Desafío.

Tragué saliva y caminé hasta la banca. Dejé mi mochila con más fuerza de la necesaria. El ruido retumbó.

"Buenos días" dije, seco. Regla 1. Hablar solo si es necesario. Eso contaba.

Ella no contestó. Solo abrió su cuaderno y se acomodó, dejando exactamente 5 centímetros entre nosotros. 5 centímetros de zona de guerra.

El profesor de Literatura entró. El señor Gómez. El más aburrido del mundo.
"Bueno chicos, hoy empezamos con poesía. Saquen el libro página 45."




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