DÍA 3 - LOS CELOS
Dormí mal.
Y no, no fue por el entrenamiento. Ni por el trabajo de Historia.
Fue por Valentina.
Por su risa en la biblioteca. Por cómo se le frunció el ceño cuando no entendía una fecha. Por cómo olía a coco a las 9 de la noche.
Regla 3: No pensar en ella fuera del colegio.
Llevaba 0-3 y ni me importaba.
Me levanté a las 6:30 con ojeras. Mis amigos se dieron cuenta al instante.
"¿Te picó un mosquito o qué?" dijo Bruno en el desayuno.
"Dormí mal" gruñí, atacando mi tostada como si me hubiera hecho algo.
"¿Soñaste con alguien de pelo castaño y ojos verdes?" se burló Dani.
Le tiré una servilleta.
"Cállate."
Llegué al colegio con 10 minutos de anticipación. Otra vez. ¿Por qué? No sé.
Ella ya estaba. Obvio.
Banca 4. Con el buzo del colegio porque hacía frío. El pelo castaño claro suelto hoy. Me distrajo 2 segundos de más.
"Buenos días" dije.
"Buenos días" contestó. Sin mirarme. Ojos en su cuaderno.
Bien. Profesional. Distantes. Así tenía que ser.
Las primeras dos clases pasaron volando. Literatura y Matemáticas. Cero interacción. Solo pasarnos hojas y lapiceras cuando hacía falta.
"Necesario" me repetí. Todo era necesario.
El problema empezó en el recreo.
Salí a comprar agua. Cuando volví al patio, la vi.
Valentina.
Hablando.
Con él.
Martín Rivas.
Del equipo B de voley y capitan masculino de fútbol. O sea, el doble problema, Popular. Sonrisa comercial de pasta dental. Y jugaba en los intercolegiales de voley también, así que lo veía en todos los torneos.
Estaban parados cerca del árbol de mango. Ella se reía. Con la cabeza para atrás. De esa risa que no me había hecho a mí en la biblioteca.
Algo en mi pecho se apretó.
"¿Y ese qué hace acá?" dijo Lucas apareciendo.
"Es Martín" dijo Bruno. "Del B de vóley. Dicen que le tira onda a Valentina desde el año pasado."
Le di un trago al agua. Me supo mal.
Regla 2: No mirarla más de 3 segundos.
Llevaba 9.
Martín le dijo algo al oído. Valentina se rió y le pegó en el brazo. Jugando.
Me dio una rabia que no venía al caso.
"Vamos a clase" dije y me fui.
Cuando entré, ella ya estaba. Sola.
Me senté. 5 centímetros. Zona de guerra.
"¿Todo bien?" preguntó sin mirarme.
"Perfecto" dije. Hielo.
Ella frunció el ceño. Me miró de reojo.
"Bueno..."
Geografía fueron 80 minutos de tortura.
No me concentraba. Cada vez que cerraba los ojos veía a Martín susurrándole.
Cada vez que los abría, veía el perfil de Valentina y me acordaba de su risa.
Al final exploté.
"¿Lo conoces de hace mucho?" solté. Regla 1 rota.
Ella me miró confundida.
"¿A quién?"
"Al de fútbol. A Martín."
Ah. Entendió. Y esa sonrisa creída apareció.
"Ah, ¿te refieres a Martín? Sí. Desde jardín. Juega en el B de vóley también. ¿Por qué?"
"No, nada" dije rápido. "Por el ensayo. Por si teníamos que citarlo."
Mentira. Y se notaba.
"Claro" dijo. "Por el ensayo."
No hablamos más.
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A las 4:00 pm, entrenamiento.
Llegué con toda la furia guardada. La necesitaba.
El entrenador Ramiro juntó a los dos equipos. A y B. Porque "hay que fomentar la competencia interna".
Y adivinen: me tocó en el equipo A con Valentina. Y en contra estaba el equipo B. Con Martín.
Perfecto.
El partido empezó y jugué endemoniado.
Saqué más fuerte. Bloqueé más alto. Grité cada punto como si fuera el último.
"¡Arriba!" le gritaba a Valentina.
"¡Bien!" me contestaba ella.
Funcionábamos. Maldita sea, funcionábamos demasiado bien juntos.
Set 20-19. A favor nuestro.
Martín sacó. Directo a mí. Con toda.
La recibí mal. Se fue alta.
Valentina corrió. Saltó para armar.
Y Martín también saltó. Para bloquearla.
Choque en el aire.
Cayeron los dos.
Yo llegué tarde.
Valentina estaba en el piso, agarrándose la rodilla. Martín con la mano en su hombro. "¿Estás bien?"
Algo se me rompió adentro.
"¡Quítate!" le grité y lo empujé. No tan "sin querer".
"Ey, tranquilo" dijo Martín, parándose. "Fue jugando."
"Yo la ayudo" dije, arrodillándome. "¿Estás bien?"
Valentina me miró. Dolor y sorpresa.
"Sí... creo que solo el golpe" dijo bajito.
La ayudé a pararse. Brazo sobre mi hombro. Todo su peso contra mí. Regla 4. Me importó nada.
El entrenador pitó. "A enfermería."
Caminamos lento. Yo cargándola casi. Ella cojeando. Silencio.
En enfermería: solo golpe. Hielo. 20 minutos de reposo.
Cuando salimos ya estaba oscuro.
"Gracias" dijo, soltándose.
"De nada" contesté. Seguía hirviendo por dentro.
Caminamos al estacionamiento.
"Thiago" dijo.
"¿Qué?"
"¿Estás enojado?"
Me frené. La miré. Ojos verdes preocupados. Pelo tapándole media cara.
"No" mentí. "Con él. Por bruto para bloquear."
Ella asintió. "Pasa. Es del B. Quería ganar."
"Ya" dije. "Da igual."
Llegamos a su auto. Su chofer la esperaba.
"Nos vemos mañana" dijo subiendo.
"Nos vemos" contesté.
Cuando se fue pateé el piso.
Saqué el celular.
_Día 3. Casi mato a alguien._
Lucas: _¿Qué pasó?_
Bruno: _¿La cargaste?_
Dani: _CELOS NIVEL DIOS_
Mateo: _27 días más_
No contesté.
Llegué a casa, ducha, cama. Mirando el techo.
Regla 1: Rota.
Regla 2: Rota.
Regla 3: Rota.
Regla 4: Rota.
4 de 4.
Pero lo peor: cuando vi la mano de Martín en su hombro quise arrancársela.
Y eso no estaba en las reglas.
Eso era que me importaba. Mucho.
Abrí notas.
*Día 3.*
Nota: Odio al equipo B.
Nota 2: Valentina se ríe lindo conmigo también.
Nota 3: 27 días. Aguanta Thiago.
Cerré el cuaderno.
Mañana tenía que ser de piedra. Más frío. Más distante.
Editado: 28.07.2026