30 días para no Enamorarme

Capítulo VII

EL RUMOR

POV: Thiago

Día 12 de la apuesta.

Hay algo peor que tener una mala reputación.
Que la gente empiece a inventarse una nueva.

—¿Ya viste?
Levanté la cabeza apenas entré al colegio.
Lucas estaba apoyado contra una columna con el celular en la mano y una sonrisa demasiado grande para ser una buena noticia.
—No.
—Entonces felicidades.
—¿Por qué?
—Porque eres más famoso.

Fruncí el ceño.
—¿Qué hiciste ahora? —preguntó Bruno mientras se acercaba.
—Yo nada.
Lucas giró la pantalla del teléfono hacia nosotros.

Era una historia de una cuenta de estudiantes del colegio. No tenía nombre, solo una encuesta anónima que publicaba rumores, memes y tonterías de los alumnos.

Leí el texto.
_¿Los capitanes finalmente hicieron las paces? 👀_

Debajo había una foto.
No muy buena.
Pero lo suficiente para reconocerla.
Era del entrenamiento del día anterior.
Yo estaba inclinado mirando la libreta de Valentina mientras ella me señalaba algo con el lápiz.
Parecía una conversación completamente normal.
Vista desde lejos...
No tanto.

Sentí un vacío en el estómago.
—¿Quién tomó esa foto?
Lucas se encogió de hombros.
—Ni idea.
Bruno acercó más la pantalla.
—Mira los comentarios.

Primer comentario:
_"Ya era hora. Siempre discutían."_
Segundo.
_"Yo digo que terminan saliendo."_

Cerré la aplicación de inmediato.
—Qué estupidez.
Lucas me estudió unos segundos.
—¿Seguro que solo te molesta el rumor?
—Sí.
—Porque te pusiste rojo.
—Hace calor.
—Son las ocho y media de la mañana.
—Hace calor igual.

Los cuatro comenzaron a reír.
—No tiene gracia.
—Un poquito sí —dijo Dani.

Mateo, que hasta ese momento había permanecido en silencio, habló sin despegar la vista del celular.
—Lo bueno es que nadie sabe de la apuesta.

Eso hizo que todos dejáramos de reír.
Tenía razón.
Si llegaba a saberse...
No quería imaginar el desastre.

Entré al salón intentando olvidarme del asunto.
No funcionó.
Había varias personas mirando sus celulares.
Dos compañeros levantaron la vista apenas pasé por su lado.
Después volvieron a la pantalla.

Genial.
Ya lo había visto medio colegio.

Volví al salon.
Valentina todavía no venía.
Por primera vez deseé que tardara un poco más.
No tenía idea de si ella ya había visto la publicación.
Y tampoco sabía qué decirle si preguntaba.

_¿Cómo estás?
Por cierto, creen que somos amigos._
Excelente manera de empezar la mañana.

Cinco minutos después la puerta se abrió.
Entró acompañada por Sofía.
Las dos hablaban en voz baja.
Valentina sonreía apenas.
Hasta que varias personas comenzaron a mirarla.

Su expresión cambió.
Miró alrededor, confundida.
Después a Sofía.
—¿Qué pasa?

No alcancé a escuchar la respuesta.
Sofía sacó el celular.
Le mostró la pantalla.

Vi exactamente el momento en que Valentina leyó la publicación.
Su sonrisa desapareció.
Levantó la vista lentamente.
Nuestros ojos se encontraron.
Duró apenas un segundo.
Los dos apartamos la mirada al mismo tiempo.

Caminó hasta la banca sin decir una palabra.
Se sentó.
Silencio.
Más incómodo que cualquier otro.

Sacó el cuaderno.
Lo abrió.
Comenzó a pasar las páginas distraídamente con la mano izquierda, sin leer realmente lo que tenía escrito.

—¿Viste...?
Los dos hablamos al mismo tiempo.
Nos callamos enseguida.
—Habla tú —dije.
Negó con la cabeza.
—No.

Otro silencio.
Suspiré.
—Lo de la foto...
Ella asintió.
—Sí.

Esperé alguna crítica.
Algún comentario sarcástico.
Lo que fuera.
En cambio, solo dijo:
—La gente se aburre demasiado.

No pude evitar soltar una risa corta.
Muy corta.
Ella levantó la vista.
Por un instante pareció sorprendida.
Después, para mi sorpresa, también sonrió.
Fue apenas un gesto.
Pero suficiente para aliviar la tensión.

—Supongo que sí —respondí.

La profesora de Matemáticas entró al salón antes de que pudiéramos seguir hablando.
Y, por primera vez desde que empezó todo...
Me di cuenta de que una conversación con Valentina ya no se sentía como una obligación.

Las clases avanzaron con relativa normalidad.
O eso intentaban.
Cada vez que alguien pasaba junto a nuestra banca, parecía mirar un segundo más de lo necesario.

Al principio pensé que era imaginación mía.
Hasta que ocurrió.

En plena clase de Biología, el profesor salió un momento para buscar unas láminas.
El salón quedó solo.

Lucas aprovechó inmediatamente.
—Pregunta seria.
Cerré el libro.
—No.
—Todavía no la hice.
—Conociéndote, no hace falta.

Dani giró desde la banca de atrás.
—Si ustedes dos no son amigos...
Señaló discretamente a Valentina y luego a mí.
—¿Por qué ya no discuten?

Valentina siguió escribiendo, como si no hubiera escuchado.
Yo sí.
—Porque estamos cansados.
—¿Los dos al mismo tiempo?
—Sí.
Bruno sonrió.
—Qué casualidad.
—No empiecen.

Lucas apoyó un codo sobre mi mesa.
—Es que antes parecía que iban a lanzarse el borrador a la cabeza.
Ahora parecen...
Pensó unos segundos.
—Amigos.

No respondí.
Porque, por primera vez...
No tenía ningún argumento para llevarle la contraria.

En ese momento el profesor regresó y todos volvieron a sus lugares.
Pero una idea siguió dando vueltas en mi cabeza durante el resto de la clase.

¿Cuándo había dejado de ser una guerra compartir banca con Valentina?
Y, más importante aún...
¿Por qué ya no quería que volviera a serlo?




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