LO QUE CAMBIÓ SIN AVISAR
POV: Thiago
Día 17 de la apuesta. Jueves.
Había algo que me molestaba más que perder una apuesta.
No saber exactamente cuándo estaba empezando a perderla.
Porque una cosa era fallar una regla.
Eso podía contarse.
Hablar demasiado con Valentina.
Mirarla más de tres segundos.
Pensar en ella fuera del colegio.
Todo tenía un límite.
Un número.
Una forma de medirlo.
Pero había cosas que no entraban en una lista.
Como acostumbrarme a verla todos los días.
Como dejar de buscar una excusa para alejarme.
Como que un simple "buenos días" ya no me pareciera extraño.
Y eso era mucho más peligroso.
Llegué al colegio unos minutos antes de que sonara el timbre.
El pasillo estaba lleno de estudiantes entrando a los salones.
Nada fuera de lo normal.
Hasta que escuché una voz conocida.
—Miren quién llegó temprano otra vez.
Ni siquiera tuve que girarme.
—Buenos días, Lucas.
—Qué formal.
Se puso a caminar a mi lado.
—¿Dormiste bien?
—Sí.
—¿Pensaste mucho?
Lo miré.
—¿Sobre qué?
Sonrió.
—No sé. Tú dime.
Suspiré.
—¿No tienes otra cosa que hacer?
—Sí.
—¿Qué?
—Molestarte.
—Entonces sigue tu camino.
—Imposible. Es mi misión del día.
Negué con la cabeza.
A veces me preguntaba cómo podía seguir siendo amigo de alguien como Lucas.
Después recordaba que probablemente él se preguntaba lo mismo de mí.
Cuando entramos al salón, Valentina ya estaba en su lugar.
Tenía varios apuntes abiertos y estaba hablando con Sofía.
Al vernos entrar, Sofía sonrió.
—Llegaron los famosos.
Lucas frunció el ceño.
—¿Famosos?
—Sí.
—¿Por qué?
Sofía miró hacia mí y luego hacia Valentina.
—Nada.
Odiaba cuando la gente decía "nada".
Porque siempre significaba algo.
—No empiecen —dije.
Lucas levantó las manos.
—Yo no hice nada.
—Todavía.
Se sentó en su lugar riéndose.
La mañana pasó tranquila.
Demasiado tranquila.
Clases normales.
Profesores hablando.
Compañeros quejándose de tareas.
Lo típico.
Hasta el recreo.
Ahí era donde todo se complicaba.
Porque los rumores no habían desaparecido completamente.
Ya no eran tan fuertes como antes, pero todavía existían.
Algunos compañeros seguían mirando cuando Valentina y yo hablábamos.
Y aunque intentaba ignorarlo...
Era difícil.
—¿Te molesta?
La pregunta me tomó por sorpresa.
Valentina estaba a mi lado con una botella de agua.
—¿Qué cosa?
Señaló discretamente alrededor.
No hizo falta explicar.
—No.
Ella asintió.
—A mí tampoco.
Me sorprendió.
—Pensé que sí.
—Antes sí.
Miró hacia los demás estudiantes.
—Pero después de un tiempo deja de importar.
No respondí.
Porque entendía perfectamente a qué se refería.
Antes me importaba demasiado lo que los demás pensaran.
Ahora...
No tanto.
—¡Atención!
La voz de Dani nos hizo girar.
Venía caminando con Bruno y Mateo.
—Tengo una pregunta importante.
Lucas apareció detrás de ellos.
—Cuando Dani dice importante, nunca es importante.
—Cállate.
Dani ignoró el comentario.
—¿Quién creen que ganará el partido de práctica de hoy?
Bruno levantó una mano.
—El equipo donde esté yo.
—Qué sorpresa.
Mateo negó con la cabeza.
—Eso no responde nada.
—Sí responde.
—No.
—Sí.
—No.
—Chicos.
Los cuatro se quedaron callados.
Valentina soltó una pequeña risa.
—Nunca cambian.
Lucas sonrió.
—Ese es nuestro encanto.
—Eso explica muchas cosas —respondí.
Después del recreo volvimos a clases.
Pero algo había cambiado.
No en la situación.
En mí.
Porque antes cada conversación con Valentina parecía un desafío.
Ahora simplemente era una conversación.
Y eso debería haber sido una buena noticia.
Pero para mí era exactamente lo contrario.
Porque significaba que la apuesta ya no se trataba de evitarla.
Ahora tenía que fingir que no me importaba.
Y eso era mucho más difícil.
Al terminar las clases fuimos al gimnasio.
El entrenamiento comenzó como siempre.
Calentamiento.
Ejercicios individuales.
Práctica de saques.
Nada diferente.
Hasta que Raúl anunció algo.
—Antes de empezar el partido de hoy, quiero hacer unos cambios.
Todos prestamos atención.
—Algunos jugadores van a cambiar de posición durante la práctica.
Lucas levantó la mano.
—¿Eso significa que voy a ser atacante estrella?
—No.
—Era una posibilidad.
—No.
Las risas aparecieron.
Raúl continuó.
—Quiero que salgan de su zona cómoda.
Empezó a decir nombres.
Cuando escuché el mío, levanté la mirada.
—Thiago, hoy vas a jugar una parte del entrenamiento como receptor.
Parpadeé.
—¿Yo?
—Sí.
—Pero soy armador.
—Precisamente.
Algunos compañeros sonrieron.
Raúl tenía esa costumbre.
Cambiar las cosas cuando todos creíamos tenerlas controladas.
Y algo me decía que ese entrenamiento no iba a ser tan sencillo.
Especialmente porque, unos segundos después, escuché otro nombre.
—Valentina.
Ella levantó la vista.
—Tú también.
Ahora sí tenía curiosidad.
Porque si Raúl estaba haciendo cambios...
Nada garantizaba que el día terminara como había empezado.
Y últimamente...
Eso era lo que más me preocupaba.
El entrenamiento comenzó con los cambios.
Para mí era extraño estar del otro lado.
Siempre había estado acostumbrado a leer la cancha desde la posición de armador.
Ver dónde estaban mis compañeros.
Pensar la siguiente jugada.
Decidir rápido.
Editado: 24.08.2026