EL OTRO LADO DE LA RED
POV: Thiago
Ganar un partido tenía un efecto curioso.
Durante unos minutos sentías que podías hacer cualquier cosa.
Después llegaba el cansancio.
Y, finalmente, la realidad.
—Cinco minutos para cambiarse y vuelven a la tribuna rápido —ordenó Raúl mientras caminábamos hacia los vestuarios—. Quiero al equipo completo apoyando a las chicas.
—Sí, profesor —respondimos casi al mismo tiempo.
Entré al vestuario con el resto del equipo.
Apenas cerramos la puerta, Lucas levantó los brazos.
—¡Primer partido y primera victoria!
—Baja la voz —dijo Mateo mientras dejaba su mochila sobre una banca—. El torneo recién empieza.
—Déjalo celebrar un poco —comentó Dani, quitándose las rodilleras—. No todos los días deja de hacer puntos para hablar.
—Muy gracioso.
Bruno soltó una risa mientras le lanzaba una toalla.
—La verdad es que hoy jugaste bastante bien.
Lucas abrió mucho los ojos.
—¿Eso fue un cumplido?
—No te acostumbres.
—Voy a anotarlo en un calendario.
Las risas llenaron el vestuario.
Era el mismo ambiente de siempre.
Bromas.
Empujones.
Comentarios exagerados.
Y, aun así, se sentía distinto.
Habíamos dado el primer paso.
Nos cambiamos rápido y salimos hacia las gradas.
El gimnasio estaba todavía más lleno que antes.
Habían llegado estudiantes de otros colegios y varias familias ocupaban las primeras filas.
Busqué un lugar junto al resto del equipo.
Desde allí se veía perfectamente la cancha donde jugaría el equipo femenino.
—¿Contra quién juegan? —preguntó Gabriel.
Enzo miró el programa del torneo.
—Colegio Nacional San José.
—Escuché que son fuertes.
—Llegaron a semifinales el año pasado —respondió Mateo.
Lucas se acomodó en el asiento.
—Entonces va a estar bueno.
Los dos equipos comenzaron a entrar a la cancha.
El público aplaudió.
Las primeras en aparecer fueron Sofía y Camila.
Después Julieta, Martina y las demás.
Valentina fue la última en entrar.
Llevaba la camiseta de capitana y la muñeca ya solo tenía una venda fina como protección.
Parecía completamente concentrada.
No saludó a las gradas.
No miró alrededor.
Su atención estaba puesta únicamente en la cancha.
—Así estaba yo hace una hora —murmuré.
—Peor —corrigió Bruno.
—Mucho peor —añadió Lucas.
Lo ignoré.
El calentamiento comenzó enseguida.
Saques.
Recepciones.
Remates.
Todo con la intensidad propia de un torneo.
Raúl observaba desde un costado junto al entrenador del equipo femenino.
Hablaban mientras seguían cada movimiento de las jugadoras.
—Vale se mueve mucho mejor —comentó Dani.
Asentí.
Era evidente.
Hacía apenas unos días seguía limitada por la lesión.
Ahora saltaba con mucha más seguridad.
Todavía no al cien por ciento.
Pero cada vez estaba más cerca.
El árbitro llamó a las capitanas.
Valentina caminó hacia la red para el sorteo.
Del otro lado la esperaba la capitana rival.
Intercambiaron unas palabras, lanzaron la moneda y regresaron a sus posiciones.
—Empiezan sacando ellas —dijo Mateo al ver la señal del árbitro.
Todos nos acomodamos mejor en los asientos.
El partido estaba por comenzar.
El primer saque cruzó la red.
Sofía recibió con seguridad.
Camila armó.
Valentina atacó por la punta.
Bloqueo rival.
La pelota volvió.
Martina la salvó casi desde el suelo.
Otra vez Camila.
Esta vez para Julieta.
Punto.
Las tribunas del San Ignacio estallaron en aplausos.
Lucas silbó con fuerza.
—¡Vamos!
Raúl giró apenas la cabeza.
—Menos espectáculo y más apoyo.
—Perdón, profesor.
Aunque cinco segundos después volvió a gritar.
Era incapaz de quedarse callado.
Las chicas comenzaron muy bien.
Se notaba que habían estudiado al rival.
Buscaban constantemente los espacios libres y defendían casi todo.
—Mira esa recepción —comentó Gabriel.
Tomás asintió.
—Muy buena.
Yo seguía el partido con atención.
Más allá de Valentina, era interesante ver cómo jugaban.
El ritmo era distinto al nuestro.
Más rápido en algunos momentos.
Más estratégico en otros.
Cada equipo tenía su estilo.
Con el marcador 10-7, el equipo rival pidió tiempo muerto.
Las jugadoras aprovecharon para acercarse a su entrenador.
Valentina tomó una botella de agua y escuchó atentamente las indicaciones.
No hablaba.
Solo asentía de vez en cuando.
—Siempre hace eso —comentó Sofía desde la cancha mientras bebía agua.
No alcancé a escuchar el resto.
El silbato volvió a sonar.
El partido continuó.
El siguiente intercambio fue el más largo hasta ese momento.
Hubo cuatro remates seguidos.
Tres defensas espectaculares.
Y una salvada de Martina que hizo que todo el gimnasio aplaudiera.
Finalmente, Valentina encontró un hueco por la diagonal.
Punto.
Se dio la vuelta para celebrar con sus compañeras.
Una sonrisa rápida.
Nada exagerado.
Solo la suficiente para demostrar que seguían concentradas.
No pude evitar sonreír también.
—Están jugando muy bien —dijo Bruno.
—Sí.
Respondí sin apartar la vista de la cancha.
Y, por primera vez desde que habían empezado los interescolares...
No estaba pensando en la apuesta.
Solo estaba disfrutando del voleibol.
Sin darme cuenta, Lucas me observó de reojo.
Sonrió para sí mismo.
Pero, sorprendentemente...
No dijo absolutamente nada.
Y eso, tratándose de Lucas...
Era casi un milagro.
El partido seguía siendo tan intenso como el nuestro.
La diferencia era que ahora podía verlo desde afuera.
Y descubrí algo.
Mirar un partido desde la tribuna desesperaba mucho más que jugarlo.
No podía hacer nada.
Solo observar.
Editado: 24.08.2026